El altruismo y la solidaridad se aprenden

PSICOLOGÍA SOCIAL

El altruismo y la solidaridad se aprenden

Para la Psicología evolucionista la conducta humana es fruto de la adaptación, aquellos que desarrollaron un comportamiento más eficaz fueron los que lograron transmitir sus genes a las siguiente generaciones. Las conductas y los rasgos que ayudan a los individuos a tener un mayor éxito reproductivo y de supervivencia serán los que se transmitirán de una generación a otra y prevalezcan sobre los menos eficaces en el medio en que se encuentren. Selección natural no significa que el individuo se adapta al medio en el sentido literal sino que sobreviven los mejor preparados para vivir en él. Por otra parte, la Sociobiología se encarga del estudio de las bases biológicas de las conductas sociales. Entre estas conductas están las altruistas, las de apareamiento, las agresivas y las de cooperación. En algunos animales se da el altruismo reproductivo, prefieren beneficiar la reproducción de sus familiares en perjuicio propio. Este altruismo en un principio parecía refutar la teoría de la evolución de Darwin por selección natural, pero William Donald Hamilton (1964) demostró que el motivo de esta renuncia a favor de sus familiares es para aumentar la aptitud biológica, es decir, la transmisión de sus genes a través de sus “congéneres”, por el tipo de reproducción que tienen se transmiten más genes de esta forma. Un ejemplo es el de las abejas obreras que renuncian a su reproducción a favor de sus hermanas que algún día serán abejas reina.
Pero en los humanos el altruismo, entendido como la conducta voluntaria de ayuda a los demás aun renunciando al beneficio propio, se da por otros motivos: según las teorías motivacionales es la empatía, o capacidad para entender y percibir lo que siente otra persona, lo que hace que nos comportemos de manera altruista. Por un lado la teoría del estado emocional negativo de Cialdini, que postula que se es altruista para reducir el malestar provocado por la empatía, por lo tanto es un acto egoista y no existe el altruismo. Por otro, la teoría de la empatía-altruismo, cuyo máximo representante es Batson, que mantiene que los comportamientos prosociales están realmente motivados por el deseo de ayudar a otros. Una tercera teoría motivacional sería la teoría del gozo empático, según la cual actuamos de modo altruista para tener la sensación de que controlamos la situación, no bastando la empatía, sino que es también necesario que se reciba información de vuelta, feedback, sobre si su ayuda ha sido eficaz o no. Esta información actuaría a modo de refuerzo, que sería egoísta. 
En el campo de la neurobiología Jorge Moll y Grafman Jordania, neurocientíficos del National Institutes of Health de EE.UU. mediante el uso de imágenes de resonancia magnética hallaron que hacer donaciones de caridad o recompensar con dinero activaba la región del mesolímbico, una parte primitiva del cerebro que se activa en respuesta a la comida y el sexo. También se activaron regiones del cerebro relacionadas con el apego social y la vinculación con otros miembros de la especie. En otra investigación (Dharon Tankesley) se descubrió que el observar conductas altruistas favorece que se actúe también de forma altruista, al activarse la zona del surco temporal superior posterior, situada en la parte superior y trasera del cerebro, una zona que se activa normalmente cuando se imaginan relaciones sociales. Al igual que en el vídeo que pongo a continuación, observar muestras de ayuda nos motiva a realizarlas. 
“Hay que enseñar el altruismo y la cooperación en las escuelas porque todos nacemos egoístas” .
@el_homosapiens

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