La demencia senil

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La demencia senil

El termino demencia significa una pérdida o deterioro de la capacidad cognitiva. En general, se aplica a un conjunto de síntomas que definen el llamado síndrome demencial, y NO es una consecuencia natural del envejecimiento. Los déficits cognitivos pueden darse en la memoria, en la perturbación de las funciones ejecutivas, afasia (lenguaje), apraxia (movimientos), y agnosia (reconocimiento de estímulos). Estos déficit interfieren significativamente con el trabajo o actividades sociales y ocasionan un deterioro del nivel de funcionamiento anterior de la persona. El curso es gradual y no se deben dar otras condiciones como déficit ocasionados por otras enfermedades del sistema nervioso o consumo de sustancias.

La demencia senil es una enfermedad que va en aumento, se prevé que en 2020 entre un 20 y 25% de los mayores de 65 años la padecerán. Actualmente es a partir de los 75 años cuando se da en mayor proporción. Ante la sospecha de demencia senil ha de hacerse una valoración del estado mental que evalúe las capacidades cognitivas, de la función cognitiva y del estado emocional. Aspectos como la personalidad, la conducta, el grado de afectación en la vida diaria deben ser analizados.

Por contra, la senectud debe ser entendida como la manera natural de envejecer y no como un proceso patológico. Son normales la pérdida de agilidad mental y las quejas por la pérdida de memoria, de carácter leve. No existe un límite perfectamente definido entre fisiológico y patológico ya que las capacidades vienen condicionadas por aspectos genéticos, laborales, económicos y laborales.

Un trastorno menos grave es el Deterioro Cognitivo Ligero DCL, es la pérdida progresiva de memoria, más allá de lo que cabría esperar de una persona considerando la edad y su nivel educativo. También existe deterioro en una o más de las siguientes áreas cognitivas: atención, aprendizaje, concentración, pensamiento y lenguaje. Interfiere en al vida diaria, sin llegar a ser grave. Las personas que lo padecen tienen una probabilidad mayor de padecer una demencia que el resto de la población.

Cuando el deterioro cognitivo repercute significativamente en las actividades funcionales de la vida cotidiana es cuando podemos hablar de un síndrome demencial. Para un diagnóstico correcto es indispensable realizar una explicación física general y neurológica con pruebas complementarias para descartar causas secundarias. Para ayudar a su diagnóstico se establecen cuatro niveles de gravedad:

1. Demencia mínima. Déficit limitado y variables en la adquisición de nueva información, déficits de memoria a corto plazo y de orientación.

2. Demencia leve. Además dificultades para la resolución de problemas, alteraciones lingüísticas ligeras y incapacidad para realizar tareas.

3. Demencia moderada. Incapacidad para retener y recordar nueva información, amnesia de hechos recientes asociada a confabulación, lenguaje incoherente, incapacidad evidente para desarrollas las actividades de la vida diaria, como vestir o comer.

4. Demencia severa. Se añaden pensamientos delirantes, lenguaje notoriamente incoherente, control de esfínteres, incapacidad para reconocer familiares y para vivir independientemente, pobreza emocional, apatía e inercia.

 

Los principales tipos de demencias son Enfermedad de Alzheimer, Enfermedad de los cuerpos de Lewy demencia vascular y demencia frontotemporal.

Foto: Marina de Castell

Referencias bibliográficas:

-La demencia senil: una mirada previsora, en http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0864-21252005000100017

-Belloch, A; Sandín, B. y Ramos (2009). Manual de Psicopatología. UNED.

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