¿Mejoran las Tecnologías de la Información y de la Comunicación la motivación para el aprendizaje de los jóvenes?

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¿Mejoran las Tecnologías de la Información y de la Comunicación la motivación para el aprendizaje de los jóvenes?

El uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación como potenciador de la motivación en el entorno educativo de los jóvenes.

La era de la sociedad industrial dio paso en los años setenta del siglo pasado a la  sociedad postindustrial (Bell, 1974). Otros conceptos similares para designar el cambio hacia una sociedad basada en el intercambio de información con medios tecnológicos fueron los de sociedad postmoderna o sociedad de la información. Dos décadas después, en los noventa, se complementó esta última con el concepto de sociedad del conocimiento, para reconocer la importancia que tenía la información para generar conocimiento. De esta unión nació la Sociedad de la Información y el Conocimiento (SIC), auspiciada por el imparable avance de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). La introducción de esta en todos los ámbitos de nuestra sociedad, incluída la educativa, ha supuesto una revolución similar a la del papel y la tinta o la imprenta.

Las TIC se pueden definir como “dispositivos tecnológicos (hardware y software) que permiten editar, producir, almacenar, intercambiar y transmitir datos entre diferentes sistemas de información que cuentan con protocolos comunes. Estas aplicaciones, que integran medios de informática, telecomunicaciones y redes, posibilitan tanto la comunicación y colaboración interpersonal (persona a persona) como la multidireccional (uno a muchos o muchos a muchos). Estas herramientas desempeñan un papel sustantivo en la generación, intercambio, difusión, gestión y acceso al conocimiento”.  (Cobo, 2009, p. 312).

Las TIC incluyen servicios de telecomunicaciones como la telefonía, telefonía móvil, el correo electrónico y fax, Internet, el ordenador personal, los dispositivos portátiles de pantalla táctil (tablets). También incluyen software como la videoconferencia, la enseñanza a distancia, procesadores de texto, aplicaciones móviles, y la mensajería instantánea, siendo pioneras de todas ellas la radio y la televisión. La importancia de las TIC no es la tecnología en sí, sino que permite el acceso al conocimiento de la información y la comunicación entre las personas. Su rápido desarrollo repercute en todos los sectores de la sociedad, como la economía, la educación, la cultura, o la política, pero no está implantada en todo el mundo por igual, por lo que existe una brecha digital entre los países y comunidades. Las TIC constituyen un instrumento muy importante en el desarrollo humano a nivel mundial. (Comunicación de la Comisión de las Comunidades Europeas al Parlamento Europeo, 2001).

Juan Lapeyre (2015, p. 12) señala algunas características de las TIC: “son eminentemente prácticas, están asociadas a situaciones sociales, culturales o personales, implican la concentración en la operación a realizar y ofrecen motivaciones o gratificaciones perceptibles para el usuario, ofrecen retroalimentación o información en tiempo real sobre el proceso, permiten transformar información y presentarla de modos distintos, recogen grandes cantidades de datos y los organizan de manera visible y accesible, simplifican y amplifican la comunicación, registran permanentemente toda actividad realizada, y concretizan ideas a través de la multimedia y la creación de modelos (transformación de la información). Estas características conforman dos ejes conceptuales: control, que resume lo que se puede hacer con la información, e interfaz, o interacción del usuario con el proceso.

Se les llaman nativos digitales a los nacidos a partir de 1980 (Prensky, 2001) y han crecido rodeados de tecnología digital a la que han tenido fácil acceso. Los jóvenes de hoy día nacieron veinte años después de esta fecha, por lo que para ellos ya no supone un cambio. No las consideran “nuevas” tecnologías, ni tienen “nuevas” relaciones sociales, porque para ellos el teléfono móvil, Internet, la comunicación instantánea o las redes sociales son parte de su vida y no han conocido otra cosa en situaciones anteriores. La forma de obtener información, de divertirse, de comprar y de relacionarse socialmente de los jóvenes está basada en gran parte en las TIC, y para ellos es algo natural.

Según el Informe de la Sociedad de la Información en España, siE[14 (Telefónica, 2015), sobre los hábitos de consumo de las TIC en España, somos el país líder en este uso en los colegios y en MOOCs (Massive Open Online Sourses), aunque su uso al menos una vez a la semana en Educación Secundaria es del 52%, por debajo de la media europea; el consumo de vídeo bajo demanda supera a la televisión en abierto entre los más jóvenes, y el 95% ve contenidos gratuitos en la red. El uso de las redes sociales aumenta al 67,1% de la población, los smartphones superan ya a los ordenadores en su uso. La mensajería instantánea se ha  convertido en el medio favorito de comunicación, siendo un 34% de los usuarios los que organizan su vida diaria offline (no conectada) con este medio digital, y más del 80% de los usurarios de internet accede a través de un dispositivo móvil. Según la última Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de la Información y Comunicación en los hogares, que elabora anualmente el Instituto Nacional de Estadística (INE, 2015), el 95.1% de los menores entre 10 y 15 años utilizan ordenadores, el 93,6% internet y el 67% dispone de teléfono móvil. Se podría decir que el uso y consumo de las TIC está ampliamente generalizado en la sociedad española.

Todavía es pronto para saber cómo puede afectar y qué puntos negativos tiene esto en los jóvenes, en su socialización y en su educación. No hay consenso entre los autores sobre el uso adictivo o compulsivo de las TIC (Cuesta, Gaspar y Ugarte, 2012). Hay gran disparidad en la adopción de criterios diagnósticos y múltiples instrumentos para su estimación en el caso concreto del uso del teléfono móvil (Pedrero, Monje, de León y Ruiz, 2012) y actualmente esta problemática no figura en los manuales diagnósticos como el manual diagnóstico estadístico de los trastornos mentales en su última versión (DSM-V).

Con todo esto, el gran cambio al que se enfrenta la sociedad actual, la llamada Sociedad de la Información y la Comunicación, es una nueva forma de entender el mundo, la sociedad, la cultura, y las relaciones humanas.

La motivación es un constructo no observable directamente cuya importancia reside, entre otros factores, en su capacidad explicativa y predictiva de la conducta humana en diferentes situaciones y contextos. Es la fuerza que mueve a las personas a realizar algo determinado, implicando de lleno la dimensión volitiva, el querer” (Núñez y Fontana, 2009, p. 258). Según David C. McClelland (1980,  p. 20) la motivación “se refiere, por una parte, a los propósitos conscientes, a pensamientos íntimos tales como “me gustaría saber tocar el piano”. Y por otro lado, observando las conductas desde fuera, la motivación se refiere a las interferencias relativas a propósitos conscientes que hacemos a partir de la observación de conductas”.

La motivación se ha estudiado desde cuatro perspectivas psicológicas diferentes: la conductual (que enfatiza que las recompensas motivan la conducta y dirigen la atención hacia determinadas acciones), la humanista (que subraya la capacidad humana para crecer, las cualidades personales y la libertad de elección), la cognitiva y la social (Santrock, 2003a, p. 233). Aunque estas posiciones teóricas se complementan, en los últimos años ha surgido un interés notable por la perspectiva cognitiva. Según esta, los pensamientos de los estudiantes guían su motivación (Meece y Eccles, 2009). Esta perspectiva destaca la motivación intrínseca para lograr un buen rendimiento, las atribuciones de las causas del éxito o fracaso y las creencias de que los alumnos pueden controlar eficazmente su ambiente. También destaca la importancia de establecer objetivos, planificar y controlar el progreso hacia esos objetivos (Schunk, 2008).

White (1959) introduce el concepto de motivación de competencia, por la que los seres humanos buscan experiencias que les permitan desarrollar y extender sus capacidades. Existe en el ser humano la necesidad innata de ser competentes y conductas como la exploración o los intentos de dominio del ambiente nacen de esa necesidad intrínseca de competencia.

La motivación intrínseca es definida por Soto, Figueroa y Torres (1994) como la motivación para la realización de una actividad, no por las recompensas externas, sino por el disfrute directo de la actividad por sí misma. Cuando se está intrínsecamente motivado se experimenta interés, curiosidad, tendencia al reto, se siente placer por el propio hecho de aprender, saber o comprender. La motivación extrínseca se refiere a la realización de conductas para obtener recompensas o evitar efectos negativos. En el ámbito educativo es muy importante el primer tipo de motivación y para los educadores  debe ser una meta importante su fomento por los beneficios que reporta en el aprendizaje.

Cameron y Pierce (2008), (citados por Santrock, 2003b, p. 240) afirman que en muchos aspectos de la vida de los estudiantes actúan ambas motivaciones, la intrínseca y la extrínseca, y que ambas pueden funcionar simultáneamente, la vida real incluye motivación de los dos tipos, y con demasiada frecuencia se han tratado como si fueran polos opuestos.  Aspectos relevantes para la motivación en la educación son las expectativas de los estudiantes, el valor otorgado a las metas educativas y las consecuencias afectivo-emocionales resultantes del éxito o del fracaso académico, según apunta Pereira (2009). Añade esta autora que los motivos que guían la conducta de los estudiantes están relacionados con la seguridad emocional, las sensaciones, el refuerzo, las personas y grupos significativos, la autoestima y los aspectos cognoscitivos y estéticos, autoconstructivos y de mejora social; conocer todo esto permitirá desarrollar acciones que favorezcan la motivación para el aprendizaje.

“Nuestros estudiantes han cambiado radicalmente. Los estudiantes de hoy ya no son el tipo de personas que nuestro sistema educativo pretendía formar cuando fue diseñado”. Mark Prensky (2001, p.1).

Los jóvenes usan las TIC para el ocio y para sus relaciones sociales a través de los móviles, aplicaciones de mensajería instantánea e Internet, entre otras tecnologías. Como afirma Sánchez, Serrano y Prendes (2013, p. 351) “la interacción social ha dejado de ser patrimonio exclusivo del contexto presencial, puesto que cada vez más la comunicación se produce en red y especialmente si nos referimos a los adolescentes”. En la enseñanza las TIC pueden tener un papel muy importante, pero es un recurso poco utilizado. Su uso generalizado podría abrir la puerta a una nueva era del sistema educativo y a una profunda transformación del modelo educativo actual (Huertas, 2013).

La integración de las TIC en la educación se hace cada vez más patente, pero quizás su incorporación, que no su integración, se hace más por su potencialidad tecnológica que por criterios de necesidad y validez educativa, según apuntan Aguaded, Pérez y Monescillo (2010). Falta construir una teoría sobre la utilización de las TIC en el aula, su implementación exitosa en el modelo educativo y sobre el por qué hay resistencia en el profesorado para su integración práctica (citando los mismos autores a Área, 2005). Cabero (2006) señala que las expectativas de las TIC en la educación no se han cumplido en la práctica y que hay poco conocimiento del impacto real de las TIC en la enseñanza. La tecnología existe en las aulas, pero los profesores siguen haciendo las mismas cosas que antes con herramientas tecnológicas. Señala este autor las posibilidades de las TIC configurando nuevos entornos y escenarios para la formación: ampliación de la oferta informativa, eliminación de las barreras espacio-temporales entre el profesor y los estudiantes, incremento de las modalidades comunicativas, ofrecer nuevas posibilidades para la orientación y la tutorización de los estudiantes, facilitar una formación permanente, favorecer tanto el aprendizaje independiente y el autoaprendizaje, como el colaborativo, romper los clásicos escenarios formativos limitados a las instituciones escolares, potenciación de los escenarios y entornos interactivos y creación de entornos más flexibles para el aprendizaje.

Son numerosos los estudios que relacionan las TIC y la enseñanza. En un estudio de Álvarez (2012) se afirma que el uso de esta herramienta aporta elementos que no se hallan en la enseñanza tradicional, como el aprendizaje en contexto. Añade que, en cuanto a las redes sociales, se desconocen todas las posibilidades que tiene, intuyéndose que son motivadoras, dado la alta implicación de los estudiantes y su fácil integración en la clase. Un estudio de Bringas, Rodríguez y Herrero (2008) concluye que los jóvenes que disponen de ordenador en su casa son los que obtienen mayor índice de aprobados. Otro estudio reciente de Saldis (2015) llega a la conclusión de que el uso de las TIC influye positivamente en la motivación para el aprendizaje en estudiantes universitarios. En un estudio reciente de Pantoja y Villanueva (2015) se ha comprobado que un programa de intervención basado en las TIC produce mejoras significativas en el conocimiento de la cultura propia, los valores democráticos y ciudadanos. Finalmente, Chiecher (2015) en un estudio en el que se llevó a cabo la implantación de un programa de estudios virtual concluyó que favorecía el rendimiento y la motivación de los estudiantes.

En el ámbito escolar estas tecnologías han irrumpido ya hace unos años y queda por ver su influencia en el aprendizaje, ya que éste no sólo depende de la inteligencia del estudiante sino también de la motivación (Lozano, García y Gallo, 2000). Las especiales características de este tipo de tecnología, entre las que destacan su uso lúdico, (por lo que son una fuente de experiencias placenteras), justifican la realización de estudios que relacionen su uso con la motivación para el aprendizaje. Esto es importante en los jóvenes, primero porque son estudiantes y segundo porque dedican mucho tiempo al ocio. Por otra parte, una cuestión importante es que son muchos los psicólogos que afirman que es fundamental que se fomente en las escuelas la motivación intrínseca según van madurando (Wigfield, Byrnes y Eccles, 2006), dada su importancia para el rendimiento (Wigfield, Eccles, Schiefele y Davis, 2006). Numerosos estudios han comprobado que esta motivación intrínseca disminuye a lo largo de la enseñanza primaria y secundaria, dándose un aumento de la motivación extrínseca. Por todo esto, se ha creído conveniente elegir una muestra de sujetos pertenecientes a secundaria, por ser una etapa crucial para la continuación exitosa del aprendizaje en estudios superiores.

El objetivo de este estudio es averiguar si el uso o consumo de TIC por parte de estudiantes de secundaria en un programa curricular específico de la asignatura de física durante tres meses potencia su motivación para el estudio de esa asignatura.

La motivación es un determinante importante del éxito o fracaso en la realización de las tareas que desarrollamos y es fundamental para el logro del aprendizaje, por eso es tan importante desarrollar estrategias motivacionales en el ámbito educacional. Determinar el impacto de las TIC en la educación y en el aprendizaje es una necesidad en el actual marco educativo (Cabrera, 2006), ya que se podría correr el riesgo de un mal uso metodológico, llegándose a lo que este autor llama fetichismo tecnológico: tendencia a creer que el simple uso de estas herramientas sin las orientaciones metodológicas pertinentes, contribuye a generar conocimientos. Prieto-Díaz, Quiñones, Ramírez, Fuentes, Labrada, Pérez y Montero, (2011) señalan las funciones principales de las TIC en la educación: son fuente de información, sirven de canal de comunicación interpersonal donde se intercambia información, son un medio de expresión y creación, valen como instrumento cognitivo y para procesar información, son un recurso interactivo para el aprendizaje, y son un medio lúdico para el desarrollo psicomotor y cognitivo.

Hay escasos estudios que tengan por objetivo determinar la influencia de las TIC en la motivación para el aprendizaje, a pesar de que su incorporación a las clases es un hecho constatado. En este sentido, Claro (2010) señala en su informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe en colaboración con la Unión Europea, que después de 15 años de introducción en las aulas todavía no se han encontrado avances en la mejora del rendimiento escolar, como era el objetivo principal. Apunta este autor la dificultad de obtener conclusiones por el concepto de las propias TIC, poniendo como ejemplo que estas cuestiones se podrían comparar a la cuestión de si ayudan los libros a la enseñanza.

Se podría decir que hay alguna evidencia positiva sobre el impacto de las TIC, pero aún no hay conclusiones claras. Destaca el estudio de Passey y Goodison (2004), de tipo experimental, donde se concluye que efectivamente potencia la motivación para el aprendizaje, indicando, y esto es clave en este asunto, que el acceso debe ir acompañado de programas y orientaciones por parte del profesor, ya que es parte también del triángulo alumno-contenido-profesor, pilar básico de la enseñanza.

Sí son muchos los autores que indican que son necesarios estudios de este tipo, y en este sentido deberían ir los futuros estudios: construcción de programas didácticos y académicos que integren las TIC y el diseño de pruebas para su evaluación, formación del profesorado en el uso de las TIC en el aula y análisis de las expectativas de cambio en la educación respecto a las Tecnologías de la Información y de la Comunicación.

Foto de Luis Fernández 

 

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