La verdad de la posverdad

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La verdad de la posverdad


 

Entidades dedicadas al estudio de los idiomas como el Diccionario Oxford o la Fundación del Español Urgente Fundeú BBVA eligen anualmente palabras del año, la primera ha elegido últimamente como palabras del año por su relevancia selfie, vape (inhalar y exhalar vapor producido por un cigarrillo electrónico), el conocido y usado emoticón “cara con lágrimas de alegría”, y en 2016 la palabra posverdad (post-truth), definida como circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal a la hora de modelar la opinión pública. Este término se aplica desde 1992, y ha aumentado su uso un 2000% hasta 2015.

Luisa Valenzuela, en su discurso de apertura de la Feria Internacional del Libro de 2017 en Buenos Aires dijo que “impera la posverdad, esa mentira emotiva nacida para modelar la opinión pública desdeñando los hechos fehacientes y los datos verificables, esa lengua de madera (a decir de los franceses) especial para construir discursos engañosos, que llegan a convencer porque resultan atractivos, tranquilizadores o quizás convenientes.

Defender que lo que aparenta ser verdad importa más que la verdad misma puede ser una reacción emocional de autodefensa o pura pereza intelectual. Se impone nuestra sensibilidad por encima de la razón, no importa que lo que se afirma no corresponda con los hechos, lo aceptamos sin someterlo a crítica.

Caemos en la posverdad porque nos permite mantenernos en la zona de confort y nos ahorramos tener que impugnar nuestras propias creencias convertidas en sentido común clínico.

Cuando encontramos una evidencia contraria a nuestras creencias reaccionamos ignorando los datos, negándolos, excluyéndolos, no enjuiciándolos, y aceptándolos cambiando la teoría que los sustenta, esto es llamado como preferencia adaptativa, una estrategia cognitiva que consiste en reinterpretar los hechos que refutan una creencia con el propósito de sostenerla. No es conocer la VERDAD, sino adaptar los hechos a nuestras creencias.

Son posverdades las noticias falsas de las redes sociales que han influido en temas tan importantes como el Brexit británico, la victoria de Donald Trump o el referéndum de las FARC en Colombia. La posverdad puede ser una mentira asumida como verdad o una mentira reforzada como creencia o como hecho compartido en la sociedad en esas redes sociales o internet.

En España se me viene a la cabeza el caso tan reciente y actual como el “proces” catalán. Partidos políticos catalanes que buscan la independencia de Cataluña a toda costa. Votar en las urnas no es ilegal, España nos roba, qué es la democracia o la dictadura, a quien se identifica con el fascismo, etc son ejemplos claros de posverdad.

Quizás habría que preguntarnos si la libertad de expresión protege la libertad para mentir o faltar a la verdad y sus intenciones interesadas o benignas que hay detrás de su uso. De ser así, nos estamos adentrando en una era donde todo puede valer para conseguir intereses particulares, mediante la manipulación -lo que antes no eran sino la propaganda y el populismo. Foto de Flickr

Algunas fuentes:

Populismo y posverdad, ¿sólo tendencias? Jorge L. Manrique, Inminencia 2016.

Posverdad: la ciencia y sus demonios, Intramed, 2017. http://journal.intramed.net/index.php/Intramed_Journal/article/view/647/274

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