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Cuando lo que “se siente bien” se confunde con lo que “es real”: la desinformación sobre psicología en redes sociales.

En la era digital, muchas personas recurren a redes sociales para informarse sobre salud mental, bienestar emocional y recursos terapéuticos. Esta accesibilidad genera una gran oportunidad para difundir conocimiento útil, pero también abre la puerta a la propagación de ideas falsas o distorsionadas. En este artículo exploraremos qué tipos de “información falsa” abundan en el ámbito psicológico en redes sociales, por qué tienen impacto, y cómo evitarlas basándonos en estudios recientes.

Tipos comunes de desinformación en bienestar emocional:

1. Auto-diagnóstico ligero o exagerado. En plataformas como TikTok o Instagram es habitual que se equiparen situaciones cotidianas con trastornos psicológicos graves. Por ejemplo, se interpreta cualquier distracción o dificultad para concentrarse como signo de TDAH, cuando muchas veces responde a estrés, cansancio o problemas del entorno. Un análisis reciente halló que más de la mitad de los videos populares sobre el TDAH en TikTok contenían afirmaciones que no coincidían con criterios científicos.

2. “Curas rápidas” emocionales o psicológicas. Gracias a la brevedad de los formatos, proliferan recetas como “respira profundo 30 segundos y todo estrés se va” o “una dieta mágica para la depresión”. Alguien podría presentar su experiencia personal como “el método” universal. Un reportaje del 2025 encontró que más del 50 % de los videos más vistos sobre salud mental en TikTok incluían consejos dudosos, suplementos poco respaldados o soluciones simplistas para problemas complejos.

3. Uso inapropiado de lenguaje psicológico. Palabras técnicas como “trauma”, “gaslighting” o “trastorno límite” se usan de forma laxa en redes, haciendo que su significado se diluya o se banalice. Por ejemplo, alguien puede decir “me traumatizó que no me saludaras” o “eres tóxico” como insulto común. Eso dificulta que quienes sí padecen esas condiciones sean tomados en serio.

4. Recomendaciones de “terapia alternativa” no validadas. Aparecen propuestas no comprobadas (esencias, “coaching emocional” sin formación, terapias en cápsulas, entre otras) que prometen resultados rápidos. Las personas influenciadoras suelen presentar su autoridad con anécdotas personales o títulos no profesionales. Este fenómeno ha sido señalizado como una fuente de desinformación psicológica.

5. Distorsión de tratamientos avalados. En algunos casos se critica terapias con respaldo científico (como la terapia cognitivo-conductual) o se minimizan sus efectos, mientras se promueven opciones “holísticas” de moda. Un estudio analizó videos de TikTok sobre terapia cognitivo-conductual y observó que tanto usuarios que se autodenominaban profesionales como personas comunes contribuían a difundir mensajes incorrectos sobre su eficacia.

Por qué estas informaciones falsas son peligrosas.?

Autodiagnóstico erróneo y retraso en ayuda profesional. Si una persona concluye que tiene un trastorno grave únicamente por lo que vio en redes, puede dejar de buscar evaluación por un profesional calificado o adoptar tratamientos inadecuados.

Empobrecimiento del significado de los términos psicológicos. El uso impreciso de conceptos técnicos diluye su valor clínico y puede invalidar la experiencia verdadera de personas que viven con trastornos.

Efecto de “verosimilitud” o repetición. Cuanto más tiempo estamos expuestos a una afirmación, más tendemos a considerarla verdadera (aunque sea falsa). En comunidades online, quienes tienen menor “alfabetización emocional” (o desconocimiento sobre salud mental) son más propensos a aceptar esos mensajes falsos. Un estudio entre comunidades de Facebook mostró que la exposición frecuente a desinformación incrementaba la probabilidad de aceptarla, aunque esta relación disminuía si la persona tenía un mayor conocimiento sobre depresión o estaba en comunidades moderadas por expertos.

Pérdida de confianza en profesionales de salud mental. Si alguien ya ha sido engañado por falsas promesas, puede volverse escéptico con terapias legítimas o descartar al psicólogo como “parte del problema”.

Potenciación de ansiedad, confusión y culpa. Creer que uno “no lo hace bien” o que debería “sanarse rápido” puede generar sentimientos de insuficiencia, estrés adicional o auto culpa.

¿Cómo protegerse de la desinformación psicológica?

Aquí algunas estrategias fundamentadas en la investigación:

-Fomentar la “alfabetización emocional” o “alfabetización en salud mental”

-Comprender los conceptos básicos (qué es depresión, ansiedad, estrés, cuándo es un trastorno clínico) ayuda a distinguir lo verosímil de lo falso.

Como mostró la investigación, una mayor comprensión de la depresión actúa como amortiguador frente a la aceptación de información errónea.

-Preferir contenido verificado o moderado por expertos. Participar en grupos o comunidades donde haya moderación profesional reduce la probabilidad de aceptar falsedades. El mismo estudio de Facebook mostró que en grupos moderados por expertos se debilita la relación exposición-aceptación de desinformación.

-Analizar críticamente las fuentes. Antes de aceptar o compartir, hazte preguntas: ¿Quién publica esto? ¿Tiene formación? ¿Cita estudios científicos o consenso profesional? ¿Presenta su experiencia personal como garantía universal?

-Diversificar la información y buscar el consenso profesional. Contrastar lo que leíste con fuentes confiables (artículos científicos, páginas de asociaciones de psicología, psicólogos acreditados). Si muchas fuentes independientes coinciden, el contenido tiene más probabilidad de ser fidedigno.

-Reducir la influencia de métricas de engagement (me gusta, compartidos). Estudios demuestran que mostrar “me gusta” y métricas de participación aumenta la credibilidad percibida del contenido, incluso si es falso. Utilizar intervenciones basadas en “prebunking” o “anticuerpos informativos”. Antes de enfrentarte con contenido potencialmente falso, recibir pequeños mensajes que expliquen las técnicas de manipulación ayuda a fortalecer la resistencia ante desinformación. Esta estrategia ha sido explorada en el campo general de desinformación.

La psicología y el bienestar emocional son territorios sensibles: hablamos de personas que buscan alivio, respuestas y contención. Cuando en redes circulan supuestas “soluciones mágicas”, diagnósticos al vuelo o lenguaje psicológico mal utilizado, corremos el riesgo de confundir, dañar o retrasar tratamientos reales. La responsabilidad recae no solo en quienes publican, sino también en quienes consumen: es válido cuestionar, contrastar y desconfiar de lo que parece demasiado simple.

Una comunidad bien informada es una barrera frente a la desinformación. Si cultivamos una mirada crítica y priorizamos el respaldo científico, podemos fomentar que redes sociales sean también espacios de difusión responsable para la salud mental.

Referencias.

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Guardian News. (2025, 31 de mayo). More than half of top 100 mental health TikToks contain misinformation, study finds. Recuperado de https://www.theguardian.com/society/2025/may/31/more-than-half-of-top-100-mental-health-tiktoks-contain-misinformation-study-finds?utm_source=chatgpt.com

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Indiana University. (2023). CBT and social media: How misinformation spreads. Recuperado de https://research.impact.iu.edu/key-areas/neuroscience/stories/cbt-and-social-media.html?utm_source=chatgpt.com

Roozenbeek, J., et al. (2024). Prebunking: Inoculating against misinformation. arXiv preprint. Recuperado de https://arxiv.org/abs/2409.17637?utm_source=chatgpt.com.

Salovich, N. A., & Rapp, D. N. (2020). Exposure to social engagement metrics increases perceived credibility of misinformation. arXiv preprint. Recuperado de https://arxiv.org/abs/2005.04682?utm_source=chatgpt.com

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