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El ataque de pánico es una de las manifestaciones más intensas del miedo humano. Se caracteriza por una aparición súbita e inesperada de ansiedad extrema acompañada de síntomas físicos intensos como palpitaciones, dificultad para respirar, sudoración y miedo a morir o perder el control. Aunque los ataques de pánico pueden parecer una amenaza médica inminente, en la mayoría de los casos no representan peligro físico directo, sino una disfunción del sistema nervioso y psicológico (Katerndahl, 1996).

El trastorno de pánico —cuando los ataques son recurrentes y acompañados de miedo persistente a su reaparición— afecta entre el 2% y el 4% de la población mundial (Guan & Cao, 2023). Este fenómeno combina factores biológicos, psicológicos y sociales, y su comprensión integral requiere analizar tanto sus bases neurobiológicas como sus manifestaciones clínicas y sociales.


1. Origen y causas del ataque de pánico

El origen del ataque de pánico es multifactorial. Los estudios apuntan a una interacción entre predisposición genética, disfunción neuroquímica y factores ambientales estresantes (Westenberg & Liebowitz, 2004).

a. Factores biológicos

Las investigaciones neurocientíficas muestran que las estructuras cerebrales implicadas en el miedo —como la amígdala, el hipotálamo y el tronco encefálico— juegan un papel central. Durante un ataque, el cerebro interpreta erróneamente señales internas (como un aumento del ritmo cardíaco) como una amenaza externa, activando una respuesta de «lucha o huida» exagerada (Guan & Cao, 2023).

Además, se ha observado disfunción en neurotransmisores como serotonina, GABA y noradrenalina, lo cual explica la eficacia de tratamientos farmacológicos que modulan estos sistemas (Davies, Nash & Nutt, 2017).

b. Factores genéticos

Estudios familiares muestran que la tendencia a experimentar ataques de pánico tiene un componente hereditario importante. Los individuos con antecedentes familiares de ansiedad o depresión presentan mayor vulnerabilidad (Katerndahl, 1996).

c. Factores psicológicos y ambientales

Eventos vitales estresantes —como pérdidas, separaciones o cambios significativos— son detonantes comunes. También lo son los patrones de pensamiento catastrofistas, donde la persona interpreta síntomas físicos benignos como señales de un peligro mortal (Livermore, Sharpe & McKenzie, 2010).


2. Síntomas del ataque de pánico

Los ataques de pánico suelen alcanzar su punto máximo en los primeros 10 minutos, aunque pueden durar hasta media hora. Los síntomas pueden dividirse en físicos, cognitivos y emocionales.

a. Síntomas físicos

  • Palpitaciones o taquicardia
  • Sudoración excesiva
  • Temblores o escalofríos
  • Sensación de ahogo o dificultad para respirar
  • Dolor torácico o malestar en el pecho
  • Náuseas o molestias abdominales
  • Mareo, inestabilidad o desmayo

(Stäubli, 1993).

b. Síntomas cognitivos y emocionales

  • Miedo intenso a morir o volverse loco
  • Desrealización (sensación de que el entorno no es real)
  • Despersonalización (sentirse desconectado de uno mismo)
  • Sensación de pérdida de control

El estudio de (Garssen et al., 1996) mostró que la mayoría de los ataques son esperados y situacionales, aunque un 17% surge de forma espontánea sin causa aparente.


3. Epidemiología y prevalencia

El trastorno de pánico afecta a entre el 2% y el 4% de la población general, siendo más frecuente en mujeres. En consultas médicas, hasta uno de cada cinco pacientes puede presentar síntomas de pánico sin diagnóstico previo (Bellini & Galaverni, 2003).

Asimismo, estudios en mujeres posmenopáusicas hallaron una prevalencia del 17.9%, asociada a factores como depresión, enfermedades cardíacas y eventos vitales negativos (Smoller et al., 2003).

Los ataques de pánico también son comunes en enfermedades médicas crónicas, como EPOC o asma, donde la disnea o el ahogo pueden malinterpretarse como señales de muerte inminente (Livermore et al., 2010).


4. Diagnóstico diferencial y confusiones comunes

Los síntomas del ataque de pánico suelen confundirse con enfermedades cardíacas, respiratorias o neurológicas. Un estudio en Pakistán mostró que hasta el 85% de los casos en áreas rurales fueron diagnosticados erróneamente como cardiopatías o asma (Hussain & Shah, 2024).

Esto subraya la necesidad de capacitación médica en salud mental, especialmente en atención primaria, donde los pacientes suelen acudir primero por síntomas físicos.


5. Tratamiento del ataque y trastorno de pánico

El tratamiento combina terapia psicológica y farmacoterapia, dependiendo de la gravedad y frecuencia de los ataques.

a. Terapia cognitivo-conductual (TCC)

La TCC es el tratamiento más efectivo, con tasas de éxito superiores al 80%. Ayuda al paciente a identificar pensamientos distorsionados y a reducir la hipervigilancia ante sensaciones corporales (Davies et al., 2017).

b. Tratamiento farmacológico

Los antidepresivos ISRS (como paroxetina o sertralina) y las benzodiacepinas (como clonazepam) son las opciones más comunes. Los ISRS actúan a largo plazo regulando la serotonina, mientras que las benzodiacepinas ofrecen alivio rápido, aunque con riesgo de dependencia (Matuzas & Jack, 1991).

c. Enfoque integrador

Una combinación de tratamiento médico y psicológico, acompañada de educación al paciente y técnicas de respiración o mindfulness, mejora los resultados clínicos (Stäubli, 1993).


6. Consejos prácticos para controlar un ataque de pánico

Durante un episodio, las siguientes estrategias pueden ser útiles:

  1. Respirar lentamente: inhalar por la nariz durante 4 segundos, mantener 2 segundos y exhalar por la boca en 6.
  2. Recordar que el ataque pasará: aunque sea intenso, el episodio es temporal.
  3. No huir del lugar: permanecer ayuda al cerebro a aprender que el entorno no es peligroso.
  4. Usar técnicas de grounding: enfocar la atención en sensaciones físicas (texturas, sonidos, temperatura).
  5. Evitar cafeína y estimulantes: pueden agravar la ansiedad.

Estas técnicas complementan la psicoterapia y ayudan a prevenir la cronificación del trastorno (Livermore et al., 2010).


7. Ejemplos famosos de ataques de pánico

Varios personajes públicos han hablado abiertamente sobre sus experiencias:

  • Emma Stone confesó sufrir ataques desde la infancia, lo que la llevó a buscar terapia cognitivo-conductual.
  • Adele sufrió ataques durante sus giras y recurrió a técnicas de respiración y terapia.
  • John Mayer y Kristen Stewart también han descrito episodios de pánico en entrevistas.

La visibilización de estas experiencias ayuda a reducir el estigma y a normalizar la búsqueda de ayuda profesional.


8. Complicaciones y comorbilidades

El trastorno de pánico suele coexistir con depresión, abuso de sustancias y agorafobia, lo que puede dificultar el tratamiento. Además, puede deteriorar la calidad de vida, aumentar el ausentismo laboral y elevar el riesgo de suicidio (Stäubli, 1993).

En casos raros, se ha reportado psicosis transitoria durante ataques severos, que remite con tratamiento ansiolítico sin requerir antipsicóticos (Galynker et al., 1995).


9. Prevención y pronóstico

Con tratamiento adecuado, la mayoría de los pacientes mejora significativamente. Las estrategias preventivas incluyen:

  • Detección temprana de síntomas en atención primaria
  • Reducción del estrés mediante ejercicio y meditación
  • Educación emocional en escuelas y lugares de trabajo
  • Programas de salud mental accesibles en comunidades rurales (Hussain & Shah, 2024)

El pronóstico es excelente cuando se combinan psicoterapia y medicación, aunque la recaída es posible si se suspenden tratamientos abruptamente (Westenberg & Liebowitz, 2004).


Conclusión

El ataque de pánico es una manifestación extrema de ansiedad con un impacto significativo en la vida de quienes lo padecen. Su origen involucra una compleja interacción entre genética, neuroquímica y ambiente. Afortunadamente, los avances en neurociencia y psicología han permitido desarrollar tratamientos altamente efectivos. El reto actual es mejorar la detección, reducir la estigmatización y garantizar el acceso a la atención psicológica y médica, especialmente en poblaciones vulnerables.


Referencias académicas

  1. (Katerndahl, 1996). Panic Attacks and Panic Disorder. The Journal of Family Practice.
  2. (Westenberg & Liebowitz, 2004). Overview of Panic and Social Anxiety Disorders. Journal of Clinical Psychiatry.
  3. (Guan & Cao, 2023). Brain Mechanisms Underlying Panic Attack and Panic Disorder. Neuroscience Bulletin.
  4. (Davies, Nash & Nutt, 2017). Management of Panic Disorder in Primary Care. Prescriber.
  5. (Bellini & Galaverni, 2003). Current Panic Symptoms Among Primary Care Patients. Epidemiologia e Psichiatria Sociale.
  6. (Smoller et al., 2003). Prevalence and Correlates of Panic Attacks in Postmenopausal Women. Archives of Internal Medicine.
  7. (Hussain & Shah, 2024). Symptoms of Panic Disorder and Misdiagnosis as Cardiopulmonary Disease. JPMA.
  8. (Stäubli, 1993). Panic Attacks. Schweizerische Medizinische Wochenschrift.
  9. (Livermore, Sharpe & McKenzie, 2010). Panic Disorder in COPD Patients: A Cognitive Behavioral Perspective. Respiratory Medicine.
  10. (Galynker et al., 1995). Panic Attacks with Psychotic Features. Biological Psychiatry.

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