Introducción
La conducta humana es el resultado de una compleja interacción entre factores genéticos, neurobiológicos, hormonales, ambientales y psicosociales. Si bien el enfoque conductual y cognitivo ha dominado históricamente la psicología, en las últimas décadas se ha consolidado una perspectiva más integradora que reconoce el papel fundamental de las variables biológicas en la modulación del estado de ánimo, la cognición y la conducta. Entre estas variables, los cambios hormonales —como los que ocurren durante la menopausia— constituyen un ejemplo paradigmático de cómo la biología puede transformar la experiencia subjetiva y el comportamiento observable.
Este artículo explora las principales variables biológicas que influyen en la conducta humana, con un énfasis particular en los procesos hormonales asociados a la menopausia en mujeres. Se aborda la evidencia científica actual, se discuten mecanismos neuroendocrinos y se ofrece una mirada crítica sobre la interacción entre biología y contexto psicosocial.
1. La base biológica de la conducta
La conducta no es únicamente una respuesta aprendida o racional, sino que está profundamente anclada en procesos fisiológicos. Tres sistemas biológicos clave modulan la conducta:
a) El sistema nervioso central (SNC)
El cerebro, y en particular estructuras como la amígdala, el hipocampo, la corteza prefrontal y el núcleo accumbens, regula emociones, toma de decisiones, memoria y motivación. Alteraciones estructurales o funcionales en estas áreas —por ejemplo, debido a lesiones, inflamación o neurodegeneración— pueden alterar profundamente la conducta.
b) El sistema endocrino
Las hormonas, mensajeras químicas secretadas por glándulas endocrinas, atraviesan la barrera hematoencefálica y modulan la actividad neuronal. Entre las más relevantes para la conducta se encuentran:
- Estrógenos y progesterona: influyen en la regulación del estado de ánimo, la cognición y la respuesta al estrés.
- Cortisol: hormona del estrés que, en niveles crónicamente elevados, puede deteriorar funciones ejecutivas y promover ansiedad o depresión.
- Testosterona: asociada a la agresividad, la dominancia y la motivación, aunque su relación con la conducta es no lineal y mediada por factores contextuales.
- Serotonina, dopamina y noradrenalina: aunque son neurotransmisores, su síntesis y metabolismo están regulados por factores hormonales y genéticos.
c) Factores genéticos y epigenéticos
Los polimorfismos genéticos —como los del gen del transportador de serotonina (5-HTTLPR)— modulan la vulnerabilidad a trastornos del estado de ánimo en interacción con el entorno. Asimismo, la epigenética demuestra que factores ambientales (estrés, nutrición, toxinas) pueden activar o silenciar genes relacionados con la conducta sin alterar la secuencia del ADN.
2. La menopausia como modelo de influencia biológica en la conducta
La menopausia, definida como la cesación permanente de la menstruación tras 12 meses de amenorrea, marca el final de la fertilidad y se acompaña de una drástica reducción en los niveles de estrógenos y progesterona. Este cambio no solo tiene implicaciones ginecológicas, sino neuropsicológicas profundas.
a) Cambios neuroendocrinos
Durante la perimenopausia (transición hacia la menopausia), los niveles de estrógenos fluctúan de forma errática antes de caer a niveles muy bajos. Los estrógenos tienen receptores en múltiples regiones cerebrales, incluyendo:
- Hipotálamo: regulación del sueño, apetito y temperatura corporal.
- Amígdala y corteza prefrontal: procesamiento emocional y regulación del estrés.
- Hipocampo: memoria y neurogénesis.
La disminución estrogénica se asocia con:
- Disminución de la serotonina y la dopamina, neurotransmisores clave en la regulación del estado de ánimo.
- Aumento de la actividad del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HHA), lo que eleva el cortisol y sensibiliza la respuesta al estrés.
- Reducción de la plasticidad neuronal y la densidad sináptica, especialmente en regiones vinculadas a la memoria verbal y la atención.
b) Manifestaciones conductuales y emocionales
Estudios epidemiológicos indican que entre un 45% y un 68% de las mujeres experimentan síntomas psicológicos durante la perimenopausia, incluyendo:
- Irritabilidad
- Ansiedad
- Depresión leve a moderada
- Dificultades de concentración («niebla mental»)
- Alteraciones del sueño
Es crucial destacar que no todas las mujeres desarrollan síntomas severos, lo que subraya la importancia de factores moderadores como el apoyo social, la historia previa de trastornos del estado de ánimo, el estrés vital y las creencias culturales sobre la menopausia (Bromberger & Kravitz, 2018).
c) Evidencia neurocientífica
Imágenes por resonancia magnética funcional (fMRI) muestran que las mujeres en perimenopausia presentan menor activación en la corteza prefrontal dorsolateral durante tareas de memoria de trabajo, y mayor reactividad amigdalar ante estímulos negativos (Comasco & Sundström-Poromaa, 2019). Estos hallazgos sugieren una base neural objetiva para los cambios subjetivos reportados.
Además, la terapia hormonal sustitutiva (THS) en ciertas ventanas críticas (la llamada “hipótesis de la ventana terapéutica”) puede atenuar síntomas emocionales y cognitivos, especialmente si se inicia cerca del inicio de la menopausia y en mujeres sin factores de riesgo cardiovascular (Maki et al., 2019).
3. Otras variables biológicas relevantes en la conducta
Más allá de la menopausia, múltiples factores biológicos influyen en la conducta:
a) Ciclo menstrual
Las fluctuaciones hormonales durante el ciclo (fase folicular vs. lútea) afectan el estado de ánimo, la sensibilidad emocional y la toma de riesgos. El trastorno disfórico premenstrual (TDPM) es un ejemplo extremo, con base neuroendocrina y genética.
b) Embarazo y posparto
Los cambios hormonales postparto —especialmente la caída abrupta de estrógenos y progesterona— se asocian con el baby blues y, en casos vulnerables, con la depresión posparto. La oxitocina y la prolactina también modulan el apego y la conducta parental.
c) Envejecimiento cerebral
La senescencia implica pérdida de volumen cerebral, disminución de neurotransmisores y acumulación de proteínas (como beta-amiloide), lo que puede afectar la conducta social, la empatía y el autocontrol en etapas avanzadas de la vida.
d) Ritmos circadianos
La regulación del sueño-vigilia por la melatonina y el núcleo supraquiasmático influye en la regulación emocional, la impulsividad y el rendimiento cognitivo. Los desajustes (como en el síndrome de fase de sueño retrasada) se vinculan a trastornos del estado de ánimo.
e) Microbiota intestinal
El eje intestino-cerebro demuestra que la composición bacteriana del microbioma afecta la producción de neurotransmisores (como el 90% de la serotonina intestinal) y modula la inflamación sistémica, con impacto en ansiedad, depresión y conducta social (Dinan & Cryan, 2017).
4. Hacia una comprensión biopsicosocial
Aunque las variables biológicas son determinantes, nunca actúan en aislamiento. La menopausia, por ejemplo, puede ser vivida como una crisis o como una liberación, dependiendo de factores culturales, rol de género, apoyo familiar y significado personal. La psicología de tercera generación —como la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)— enfatiza la importancia de la relación con la experiencia interna más que la lucha contra los síntomas fisiológicos.
Así, una mujer con síntomas menopáusicos puede beneficiarse tanto de intervenciones biológicas (THS, fitoestrógenos, ejercicio físico) como psicológicas (mindfulness, reestructuración cognitiva, validación emocional).
Conclusión
La conducta humana es un fenómeno emergente, moldeado por una red dinámica de influencias biológicas y contextuales. Las variables hormonales, como las que ocurren en la menopausia, no “determinan” el comportamiento, pero sí crean un entorno neurofisiológico que modula la susceptibilidad emocional, la cognición y la autorregulación. Reconocer esta dimensión biológica no es reduccionista, sino un paso esencial hacia una psicología más integradora, rigurosa y compasiva.
Ignorar la biología es tan limitante como ignorar el contexto. La verdadera ciencia del comportamiento reside en la articulación de ambas.
Referencias
- Bromberger, J. T., & Kravitz, H. M. (2018). Mood and menopause: Findings from the Study of Women’s Health Across the Nation (SWAN) over 10 years. Obstetrics & Gynecology Clinics, 45(3), 457–473. https://doi.org/10.1016/j.ogc.2018.04.007
- Comasco, E., & Sundström-Poromaa, I. (2019). Neuroimaging of menstrual cycle effects on emotional processing. Current Opinion in Behavioral Sciences, 29, 93–98. https://doi.org/10.1016/j.cobeha.2019.04.005
- Dinan, T. G., & Cryan, J. F. (2017). The microbiome-gut-brain axis in health and disease. Gastroenterology Clinics, 46(1), 77–89. https://doi.org/10.1016/j.gtc.2016.09.007
- Maki, P. M., et al. (2019). Critical window hypothesis: Importance of hormone timing in menopausal therapy. Neurology, 92(20), 944–951. https://doi.org/10.1212/WNL.0000000000007409
- North American Menopause Society (NAMS). (2022). The 2022 Hormone Therapy Position Statement. Menopause, 29(7), 767–794. https://doi.org/10.1097/GME.0000000000002017
- Rettew, D. C. (2020). Child temperament: New thinking about the boundary between traits and illness. Oxford University Press.
- Studd, J. (2019). Hormones and behavior: A review of the evidence. Climacteric, 22(3), 223–229. https://doi.org/10.1080/13697137.2019.1571573







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