Durante décadas, la psicología y la psiquiatría se centraron en los procesos cognitivos, emocionales y ambientales para explicar las variaciones en el estado de ánimo, la cognición y la vulnerabilidad al estrés. Sin embargo, en las últimas dos décadas, la neurociencia ha revelado de forma inequívoca que las hormonas sexuales —especialmente los estrógenos y la progesterona— desempeñan un papel fundamental en la modulación del funcionamiento cerebral y, por consiguiente, en la conducta humana. Estas hormonas no solo regulan la reproducción, sino que también actúan como neuromoduladores, influyendo en sistemas neurotransmisores clave, en la plasticidad neuronal y en la respuesta al estrés.
Este artículo explora con rigor científico y un enfoque integrador el impacto de los estrógenos y la progesterona en tres dominios centrales del funcionamiento psicológico: el estado de ánimo, la cognición y la respuesta al estrés. Se revisan los mecanismos neurobiológicos, se analizan las fases del ciclo hormonal femenino (incluyendo la perimenopausia y la menopausia), y se discute la relevancia clínica de esta evidencia para la práctica psicológica y médica contemporánea.
1. Estrógenos y progesterona: más allá de la reproducción
Los estrógenos (principalmente estradiol) y la progesterona son esteroides producidos principalmente por los ovarios en mujeres en edad fértil, aunque también se sintetizan en menores cantidades en las glándulas suprarrenales y en el tejido adiposo, e incluso en el cerebro (neurosíntesis local). A diferencia de lo que se creía tradicionalmente, el cerebro no es un órgano pasivo ante estas hormonas: posee receptores específicos ampliamente distribuidos.
- Receptores de estrógenos (ERα y ERβ) se expresan en regiones como el hipocampo, la amígdala, la corteza prefrontal, el hipotálamo y el núcleo basolateral del septum.
- Receptores de progesterona (PR-A y PR-B) también están presentes en estas áreas, con alta densidad en el hipotálamo y el hipocampo.
Estos receptores no solo median efectos genómicos (regulación de la transcripción génica), sino también efectos no genómicos rápidos, que modulan la actividad de canales iónicos y la liberación de neurotransmisores en cuestión de minutos (Brinton et al., 2015).
2. Influencia en el estado de ánimo
2.1. Estrógenos: neuroprotectores y estabilizadores del ánimo
El estradiol ejerce efectos antidepresivos a través de múltiples vías:
- Aumenta la disponibilidad de serotonina: potencia la expresión del transportador de serotonina (SERT) y de la triptófano hidroxilasa, enzima clave en la síntesis de serotonina (Hiroi et al., 2019).
- Modula la dopamina: en la vía mesolímbica, el estradiol potencia la liberación de dopamina, lo que puede mejorar la motivación y el placer.
- Reduce la inflamación neuroinmune: los estrógenos suprimen la producción de citoquinas proinflamatorias (como IL-6 y TNF-α), que se han vinculado a la depresión (Miller & Raison, 2016).
Estudios epidemiológicos muestran que las mujeres tienen una prevalencia de depresión dos veces mayor que los hombres, especialmente durante períodos de fluctuación hormonal: pubertad, postparto, perimenopausia y ciclo menstrual. Durante la fase folicular tardía (altos niveles de estradiol), las mujeres reportan mejor estado de ánimo y menor reactividad emocional. En contraste, en la fase lútea temprana o durante la perimenopausia, cuando los niveles caen abruptamente, aumenta el riesgo de síntomas depresivos (Schmidt et al., 2015).
2.2. Progesterona: efectos duales y dependientes del contexto
La progesterona tiene una acción más compleja. Por un lado, su metabolito allopregnanolona es un potente modulador positivo de los receptores GABA-A, lo que induce efectos ansiolíticos, sedantes y anticonvulsivos. Por otro lado, en altas concentraciones o en mujeres vulnerables, la progesterona puede tener efectos disfóricos.
Este dualismo explica por qué algunas mujeres experimentan bienestar durante la fase lútea (cuando progesterona es alta), mientras que otras sufren irritabilidad, ansiedad o tristeza —especialmente en el trastorno disfórico premenstrual (TDPM). En este último caso, se ha propuesto una hipersensibilidad neural a los metabolitos de la progesterona, más que un exceso absoluto de la hormona (Girdler et al., 2021).
Además, la progesterona puede antagonizar parcialmente los efectos neuroprotectores del estradiol en ciertas regiones cerebrales, lo que subraya la importancia del equilibrio relativo entre ambas hormonas, no solo sus niveles absolutos.
3. Impacto en la cognición
3.1. Estrógenos y memoria
El hipocampo, crucial para la memoria episódica y espacial, es particularmente sensible a los estrógenos. El estradiol:
- Promueve la neurogénesis en el giro dentado.
- Aumenta la densidad de espinas dendríticas en neuronas piramidales.
- Mejora la plasticidad sináptica mediante la potenciación a largo plazo (LTP).
Estudios en humanos muestran que durante la fase folicular alta (estradiol elevado), las mujeres tienen mejor rendimiento en tareas verbales y de memoria de trabajo, mientras que en la fase menstrual (niveles bajos), el rendimiento disminuye ligeramente (Hussin et al., 2017).
En la menopausia, la caída persistente de estrógenos se asocia con quejas subjetivas de “niebla mental”, aunque los déficits objetivos suelen ser leves y variables. La terapia hormonal sustitutiva (THS), si se inicia en la llamada “ventana crítica” (menos de 6 años tras la menopausia y antes de los 60 años), puede preservar funciones cognitivas y reducir el riesgo de demencia en subgrupos específicos (Maki et al., 2019).
3.2. Progesterona y atención ejecutiva
La progesterona, al modular la inhibición GABAérgica, puede reducir la activación cortical en regiones frontales, lo que en algunos contextos mejora la regulación emocional, pero en otros disminuye la flexibilidad cognitiva y la velocidad de procesamiento.
Durante el embarazo, cuando los niveles de progesterona son extremadamente altos, muchas mujeres reportan dificultades para concentrarse o tomar decisiones complejas —un fenómeno adaptativo desde un punto de vista evolutivo, ya que prioriza la conducta de apego y cuidado sobre la toma de riesgos.
4. Modulación de la respuesta al estrés
El eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HHA) es el sistema central de respuesta al estrés. Los estrógenos y la progesterona regulan su actividad de forma opuesta:
- Estrógenos potencian la respuesta al estrés agudo, aumentando la liberación de cortisol en situaciones de amenaza inmediata. Esto puede ser adaptativo en contextos de lucha o huida, pero perjudicial si el estrés es crónico.
- Progesterona (vía allopregnanolona) amortigua la respuesta del HHA, facilitando la recuperación tras el estrés y promoviendo la resiliencia.
Sin embargo, durante la perimenopausia, la pérdida de estrógenos y la alteración en la relación estrógeno/progesterona puede llevar a una deshomeostasis del eje HHA: mayor reactividad al estrés, menor capacidad de recuperación y, consecuentemente, mayor riesgo de ansiedad y burnout (Bromberger et al., 2020).
Estudios con resonancia magnética funcional (fMRI) confirman que las mujeres en fase folicular muestran mayor activación amigdalar ante estímulos amenazantes, mientras que en fase lútea presentan mayor conectividad entre amígdala y corteza prefrontal, lo que facilita la regulación emocional (Goldstein et al., 2019).
5. Implicaciones clínicas y terapéuticas
Comprender el papel de estas hormonas tiene consecuencias directas para la práctica clínica:
5.1. Diagnóstico diferencial
Los síntomas de irritabilidad, insomnio, baja concentración o tristeza en mujeres deben evaluarse en el contexto de su fase del ciclo reproductivo: ¿está en perimenopausia? ¿Tiene TDPM? ¿Está en posparto? Ignorar esta dimensión puede llevar a sobre-diagnosticar trastornos psiquiátricos cuando el origen es neuroendocrino.
5.2. Intervenciones integradas
- Terapia hormonal: en mujeres con síntomas severos y sin contraindicaciones, la THS con estrógenos ± progesterona puede ser eficaz, especialmente si se inicia de forma temprana.
- Psicoterapia contextual: enfoques como la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) ayudan a las mujeres a relacionarse de forma flexible con sus cambios internos, sin luchar contra procesos fisiológicos inevitables.
- Estilo de vida: el ejercicio físico aumenta los niveles de estrógenos endógenos y BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), mejorando tanto el estado de ánimo como la cognición.
5.3. Perspectiva de género en la investigación
Históricamente, los ensayos clínicos en neurociencia y psicofarmacología han subrepresentado a las mujeres o no han controlado por la fase menstrual. Hoy se reconoce que ignorar el ciclo hormonal introduce ruido estadístico y sesgos. La inclusión de variables hormonales en los diseños experimentales es un imperativo ético y científico.
Conclusión
Los estrógenos y la progesterona no son meras hormonas reproductivas; son reguladores fundamentales del cerebro emocional, cognitivo y de estrés. Su influencia es sutil, dinámica y altamente dependiente del contexto biológico, psicológico y social. Reconocer esta complejidad no implica caer en un determinismo biológico, sino enriquecer la comprensión del sufrimiento humano y ofrecer respuestas más precisas, empáticas y efectivas.
En una era que busca la personalización de la atención en salud mental, integrar la dimensión hormonal no es opcional: es una responsabilidad científica y clínica. La psicología del siglo XXI debe ser, necesariamente, una psicología biopsicosocial —y profundamente informada por la biología.
Referencias
- Brinton, R. D., Thompson, R. F., & Yao, J. (2015). Estradiol regulation of neuroenergetics and synaptic plasticity in the hippocampus. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 55, 318–331. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2015.04.014
- Bromberger, J. T., Schott, L. L., & Kravitz, H. M. (2020). Stress responsivity during the menopausal transition: Findings from the Study of Women’s Health Across the Nation (SWAN). Psychoneuroendocrinology, 112, 104515. https://doi.org/10.1016/j.psyneuen.2019.104515
- Girdler, S. S., et al. (2021). Neurosteroid sensitivity in premenstrual dysphoric disorder: A review. Psychoneuroendocrinology, 133, 105389. https://doi.org/10.1016/j.psyneuen.2021.105389
- Goldstein, J. M., et al. (2019). Hormonal modulation of neural circuitry underlying emotional processing in women. Neuropsychopharmacology, 44(1), 115–127. https://doi.org/10.1038/s41386-018-0204-3
- Hiroi, R., et al. (2019). Estrogen and serotonin: Implications for mood regulation. Frontiers in Neuroendocrinology, 54, 100774. https://doi.org/10.1016/j.yfrne.2019.100774
- Hussin, A., et al. (2017). Menstrual cycle phase modulates executive function in healthy women. Behavioural Brain Research, 321, 139–147. https://doi.org/10.1016/j.bbr.2016.12.042
- Maki, P. M., et al. (2019). Critical window hypothesis: Importance of hormone timing in menopausal therapy. Neurology, 92(20), 944–951. https://doi.org/10.1212/WNL.0000000000007409
- Miller, A. H., & Raison, C. L. (2016). The role of inflammation in depression: From evolutionary imperative to modern treatment target. Nature Reviews Immunology, 16(1), 22–34. https://doi.org/10.1038/nri.2015.5







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