La investigación cualitativa en psicología ha estado históricamente anclada en paradigmas humanistas e interpretativos que privilegian la subjetividad, la agencia individual y la experiencia vivida como ejes centrales del conocimiento. Sin embargo, en las últimas dos décadas, corrientes filosóficas como el poshumanismo crítico, el postestructuralismo y el realismo agencial (agential realism) han cuestionado esta primacía del sujeto humano autónomo y coherente. Estas perspectivas proponen descentrar al ser humano del centro epistemológico y ontológico, reconociendo que lo “social”, lo “psicológico” y lo “emocional” emergen en redes relacionales que incluyen no solo personas, sino también objetos, tecnologías, prácticas discursivas y fuerzas materiales. Este artículo explora críticamente cómo estas filosofías desafían los fundamentos tradicionales de la investigación cualitativa en psicología, invitando a repensar no solo qué investigamos, sino también cómo, con quién y a través de qué se genera conocimiento.
Introducción: Más allá del sujeto coherente
Durante gran parte del siglo XX, la investigación cualitativa en psicología se erigió como una respuesta crítica al positivismo, recuperando la voz, la narrativa y la experiencia subjetiva como fuentes legítimas de conocimiento. Autores como Giorgi, van Manen, Denzin o Gergen sentaron las bases de una psicología comprensiva, humanista, centrada en el sentido que las personas construyen sobre sus vidas. No obstante, este enfoque, aunque emancipador en muchos sentidos, ha sido acusado de reproducir una visión ilustrada del sujeto: autónomo, coherente, racional y separado del mundo material que lo rodea.
En este contexto, las filosofías poshumanistas no buscan simplemente “añadir” nuevas variables al análisis, sino desarmar ontológicamente la división sujeto/objeto, humano/no humano, agencia/estructura. Como señala Braidotti (2013), el poshumanismo crítico no es una negación de lo humano, sino una reconfiguración de sus límites, condiciones y responsabilidades éticas en un mundo profundamente entrelazado.
1. El cuestionamiento poshumanista al humanismo metodológico
El humanismo metodológico en la investigación cualitativa asume que la experiencia vivida por los participantes es accesible, representable y transferible a través del lenguaje. Se confía en que el investigador puede “capturar” esa experiencia mediante entrevistas, diarios o etnografía. Pero desde el poshumanismo —y particularmente desde el postestructuralismo foucaultiano y deleuziano—, el lenguaje no es un espejo de la realidad subjetiva, sino un dispositivo productor de sujetividades. No hay un “yo” previo al discurso, sino que el sujeto se constituye en y a través de prácticas discursivas, normativas y materiales.
Esto implica que no podemos dar por sentado que una entrevista refleje fielmente la “experiencia del participante”. Más bien, la entrevista es un encuentro performativo que produce ciertos tipos de sujeto y excluye otros. Como plantea Butler (1990), la subjetividad es performativa, no expresiva: no expresa una esencia interior, sino que se constituye a través de repeticiones normativas que están histórica y culturalmente situadas.
Así, la crítica no es solo epistemológica (¿cómo conocemos?), sino ontológica (¿qué es lo que existe y cómo se configura?). La investigación cualitativa no puede limitarse a “dar voz” a los participantes sin interrogar cómo esas voces son posibles en un orden discursivo y material específico.
2. Agencialidad más allá del ser humano: el realismo agencial de Karen Barad
Una de las aportaciones más radicales proviene del realismo agencial (agential realism) de Karen Barad (2007). Barad, física cuántica y teórica feminista, propone una ontología posthumanista en la que la agencia no es una propiedad exclusiva de los seres humanos, sino que emerge en fenómenos intra-activos: configuraciones dinámicas donde humanos, no humanos, discursos, tecnologías y materiales se entrelazan y co-constituyen la realidad.
En este marco, el investigador no “observa” un fenómeno preexistente, sino que participa activamente en su materialización. Por ejemplo, al utilizar una grabadora en una entrevista, no solo registramos una conversación, sino que esa tecnología interviene en la producción del fenómeno que pretendemos estudiar. La grabadora no es un objeto pasivo, sino un agente intra-activo.
Esta idea desafía profundamente la noción de “neutralidad reflexiva” que subyace en muchos diseños cualitativos. No basta con que el investigador declare sus sesgos; se requiere una ética ontológica que reconozca la responsabilidad en la materialización de mundos. Como escribe Barad: “No se trata de representar el mundo, sino de participar responsablemente en su devenir”.
3. Implicaciones metodológicas: de la representación a la experimentación
Frente a estos desafíos, algunos investigadores han propuesto un giro metodológico desde la representación hacia la experimentación o la intervención ontológica. Autores como Michael Hardt, Rosi Braidotti, Stacy Alaimo o Elizabeth St. Pierre han explorado metodologías que:
- Descentran al investigador: reconociendo que el conocimiento se produce en redes heterogéneas, no en una relación jerárquica entre investigador e investigado.
- Incorporan lo no humano: incluyen análisis de objetos, espacios, tecnologías, cuerpos y entornos como actores constitutivos de la experiencia psicológica.
- Abrazan la indeterminación: renuncian a la coherencia narrativa como ideal metodológico, permitiendo lo fragmentario, lo contradictorio y lo inarticulable.
- Ponen en primer plano la ética ontológica: no solo preguntan “¿qué sabemos?”, sino “¿qué mundos estamos ayudando a materializar con nuestras prácticas investigativas?”.
Un ejemplo práctico: en lugar de entrevistar a personas sobre su “experiencia de ansiedad”, un enfoque poshumanista podría rastrear cómo la ansiedad emerge en la interacción entre dispositivos digitales (notificaciones, algoritmos), cuerpos (ritmos cardíacos, niveles de cortisol), prácticas discursivas (“salud mental”, “productividad”) y espacios arquitectónicos (oficinas abiertas, dormitorios con pantallas). La ansiedad no es un estado interno, sino un fenómeno distribuido.
4. Críticas y tensiones: ¿hacia una psicología sin sujeto?
Naturalmente, estas propuestas no están exentas de controversia. Algunos psicólogos cualitativos argumentan que el poshumanismo puede llevar a una despersonalización peligrosa, ignorando las desigualdades concretas que viven las personas. Otros advierten que, al disolver la noción de agencia humana, se debilita la base ética para la justicia social.
Sin embargo, los defensores del poshumanismo crítico responden que no se trata de negar la agencia humana, sino de reconfigurarla en términos relacionales y distribuidos. Como señala Braidotti, el sujeto poshumano no es menos ético, sino diferentemente ético: su responsabilidad se extiende más allá de lo humano, hacia los ecosistemas, las tecnologías y las futuras generaciones.
Además, el poshumanismo no es homogéneo. Existen múltiples vertientes —desde el poshumanismo especulativo hasta el ecofeminismo materialista— que ofrecen caminos diversos para repensar la investigación cualitativa sin caer en el determinismo tecnológico o la apatía política.
Conclusión: Hacia una investigación cualitativa transespecie, transmaterial y transdiscursiva
La crítica poshumanista no busca reemplazar los enfoques humanistas, sino complejizarlos. Invita a la psicología cualitativa a abandonar la ficción del sujeto autónomo y a reconocer que todo acto de conocimiento es una práctica material-discursiva que configura mundos. En un momento histórico marcado por la crisis ecológica, la inteligencia artificial y la hiperconectividad digital, esta expansión del foco investigativo no es un lujo teórico, sino una necesidad ética y epistemológica.
La investigación cualitativa del futuro no se limitará a escuchar voces humanas, sino que aprenderá a rastrear agenciamientos colectivos, a mapear entrelazamientos materiales y a habitar ontologías múltiples. En este proceso, la psicología no perderá su compromiso con lo humano, sino que lo redefinirá en relación con todo aquello que lo constituye, lo desborda y lo desafía.
Referencias
- Barad, K. (2007). Meeting the Universe Halfway: Quantum Physics and the Entanglement of Matter and Meaning. Duke University Press.
- Braidotti, R. (2013). The Posthuman. Polity Press.
- Butler, J. (1990). Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity. Routledge.
- St. Pierre, E. A. (2019). Materialism, new materialisms, and critical qualitative inquiry. En N. K. Denzin & Y. S. Lincoln (Eds.), The SAGE Handbook of Qualitative Research (6th ed., pp. 163–177).
- Alaimo, S. (2010). Bodily Natures: Science, Environment, and the Material Self. Indiana University Press.







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