Introducción
Las parafilias han sido históricamente objeto de estigma, malentendidos y controversia tanto en el ámbito clínico como en el social. A menudo confundidas con comportamientos delictivos o patológicos por defecto, las parafilias representan un espectro complejo de preferencias sexuales que, en muchos casos, no implican daño ni malestar. Este artículo busca ofrecer una visión rigurosa, actualizada y desestigmatizante sobre las parafilias, integrando criterios diagnósticos del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5-TR), perspectivas de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) y enfoques clínicos basados en la evidencia, incluyendo aportes de las psicologías de tercera generación.
¿Qué es una parafilia?
El término parafilia proviene del griego para (fuera de) y philia (amor o atracción). En términos técnicos, se refiere a patrones intensos y persistentes de excitación sexual que involucran objetos no humanos, sufrimiento o humillación (propia o de la pareja), o personas que no dan su consentimiento o no pueden hacerlo (como menores o individuos inconscientes).
Es crucial distinguir entre parafilia y trastorno parafílico:
- Parafilia: preferencia sexual atípica, que puede ser ocasional, estable o situacional. No necesariamente patológica.
- Trastorno parafílico: cuando dicha preferencia causa malestar clínico significativo en la persona, dificultades funcionales, o implica conductas que dañan o ponen en riesgo a otros (especialmente en contextos no consensuales).
Esta distinción, introducida plenamente en el DSM-5 (2013) y reforzada en el DSM-5-TR (2022), responde a una evolución ética y científica: no toda atracción inusual es una enfermedad mental.
Clasificación de las parafilias
Según el DSM-5-TR
El manual reconoce ocho trastornos parafílicos específicos:
- Voyeurismo: observación de personas desnudas o en actividades íntimas sin su conocimiento.
- Exhibicionismo: exposición de los genitales a personas desconocidas sin su consentimiento.
- Frotteurismo: frotamiento contra personas no consentidoras en espacios públicos.
- Pedofilia: atracción sexual hacia niños prepubertos (menores de 13 años).
- Sadismo sexual: excitación derivada del sufrimiento físico o psicológico de otra persona.
- Masoquismo sexual: excitación derivada del propio sufrimiento físico o psicológico.
- Fetichismo: uso de objetos inanimados (no diseñados para fines sexuales, como zapatos o ropa) como fuente principal de excitación.
- Trastorno por transvestismo fetichista: excitación sexual al vestirse con prendas del género opuesto (distinto de la identidad de género o la transexualidad).
Además, se incluye la categoría “otras parafilias especificadas” (p. ej., zoofilia, necrofilia, urolagnia) y “parafilia no especificada” para casos que no encajan en los criterios anteriores.
Según la CIE-11 (OMS, 2022)
La Organización Mundial de la Salud adoptó un enfoque aún más centrado en el daño y el consentimiento. En la CIE-11, las parafilias en sí no son trastornos. Solo se considera un “trastorno parafílico” si:
- La persona experimenta dificultades para controlar sus impulsos, y
- Sus conductas afectan negativamente su vida o violan derechos de otros.
Este cambio refleja un giro hacia una ética sexual basada en el consentimiento informado, la autonomía y la absencia de daño, más que en la “normalidad” de la conducta.
Parafilias vs. orientación sexual y expresión erótica
Es fundamental no patologizar la diversidad erótica consensual. Muchas prácticas consideradas parafílicas en el pasado (como el bondage, el rol de dominación/sometimiento o el uso de ciertos fetiches) son hoy parte de la sexualidad BDSM, reconocida como una variante saludable cuando se practica con consentimiento, límites claros y comunicación abierta.
Estudios recientes (Wismeijer & van Assen, 2013; Kleinplatz & Moser, 2020) muestran que individuos con intereses BDSM no presentan mayores tasas de psicopatología que la población general, y a menudo reportan mayor satisfacción sexual y bienestar emocional.
Factores etiológicos
No existe una causa única. La génesis de las parafilias parece multifactorial:
- Factores neurobiológicos: alteraciones en la conectividad cerebral en regiones relacionadas con la inhibición y la recompensa (como el córtex prefrontal y la amígdala).
- Aprendizaje y condicionamiento clásico: asociaciones tempranas entre estímulos neutros y excitación sexual.
- Experiencias traumáticas: en algunos casos, aunque no hay evidencia de que el trauma cause directamente parafilias.
- Factores evolutivos y psicodinámicos: teorías menos respaldadas empíricamente, pero aún presentes en ciertos enfoques clínicos.
Importante: la mayoría de las personas con parafilias no han sufrido abuso ni son abusadores. La asociación automática entre parafilia y delito sexual es un error común y peligroso.
Diagnóstico diferencial
El diagnóstico de un trastorno parafílico requiere descartar:
- Trastornos del control de impulsos
- Trastorno límite de la personalidad (cuando el comportamiento sexual es impulsivo o autodestructivo)
- Manía en el contexto de un trastorno bipolar
- Delirios o alucinaciones en psicosis
- Efectos secundarios de sustancias o medicamentos
Asimismo, debe evaluarse cuidadosamente si el comportamiento ocurre en un contexto consensual y si la persona desea cambiarlo. La presencia de angustia no siempre indica patología: puede surgir del estigma social, no del comportamiento en sí.
Enfoques terapéuticos
El objetivo no es “curar” una preferencia, sino reducir el riesgo de daño y aliviar el sufrimiento si existe.
1. Terapias cognitivo-conductuales (TCC)
- Entrenamiento en autocontrol: identificación de desencadenantes y desarrollo de estrategias de evitación o redirección.
- Reestructuración cognitiva: cuestionamiento de creencias distorsionadas (p. ej., “necesito actuar para sentirme bien”).
- Terapia de aversión: hoy en desuso por su baja eficacia y potencial dañino.
2. Terapias de tercera generación
- Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT): ayuda a la persona a vivir en coherencia con sus valores, incluso si experimenta deseos no deseados, sin luchar contra ellos.
- Mindfulness: para observar los impulsos sin reaccionar automáticamente.
- Compasión centrada en el yo: especialmente útil en casos de vergüenza crónica o autorrechazo.
3. Farmacoterapia
En casos graves (p. ej., trastorno pedofílico con riesgo de abuso), se pueden usar:
- Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS): para reducir impulsividad.
- Antiandrógenos o agonistas de la hormona liberadora de gonadotropina (GnRH): para disminuir la testosterona y, con ello, la libido.
Estos tratamientos son último recurso, siempre con consentimiento informado y supervisión ética rigurosa.
Ética clínica y derechos humanos
El enfoque clínico debe respetar los principios de:
- Autonomía: la persona decide si busca ayuda.
- No maleficencia: evitar estigmatizar o patologizar lo consensual.
- Justicia: no criminalizar a quienes no han dañado a nadie.
Organizaciones como la World Association for Sexual Health (WAS) y la International Society for the Study of Paraphilias and Sexual Offenders (ISSPSO) abogan por políticas basadas en evidencia, no en miedo moral.
Reflexión final: hacia una sexualidad más inclusiva y segura
Las parafilias no son en sí mismas un problema. El problema surge cuando hay falta de consentimiento, daño o sufrimiento no deseado. La psicología clínica moderna debe abandonar juicios morales y enfocarse en la salud sexual integral, entendida como estado de bienestar físico, emocional, mental y social relacionado con la sexualidad.
Educación sexual inclusiva, reducción del estigma y acceso a atención no punitiva son pilares para prevenir el sufrimiento y promover una cultura erótica responsable, diversa y ética.
Fuentes
- American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5th ed., text rev.).
- World Health Organization. (2022). International Classification of Diseases, 11th Revision (ICD-11).
- Kafka, M. P. (2010). Hypersexual disorder: a proposed diagnosis for DSM-V. Archives of Sexual Behavior, 39(2), 377–400.
- Wismeijer, A. A., & van Assen, M. A. L. M. (2013). Psychological characteristics of BDSM practitioners. Journal of Sexual Medicine, 10(8), 1943–1952.
- Kleinplatz, P. J., & Moser, C. (2020). Sadomasochism: Powerful pleasures. Routledge.
- Seto, M. C. (2021). Paraphilias and paraphilic disorders. Annual Review of Clinical Psychology, 17, 435–459.
- Briken, P., & Müller, J. L. (2022). Paraphilias and paraphilic disorders: A review of current conceptualizations and treatment approaches. Current Opinion in Psychiatry, 35(6), 421–426.
- World Association for Sexual Health (WAS). (2019). WAS Declaration of Sexual Rights.
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Parafilias: comprensión clínica, diagnóstico y enfoques contemporáneos
Introducción
Las parafilias han sido históricamente objeto de estigma, malentendidos y controversia tanto en el ámbito clínico como en el social. A menudo confundidas con comportamientos delictivos o patológicos por defecto, las parafilias representan un espectro complejo de preferencias sexuales que, en muchos casos, no implican daño ni malestar. Este artículo busca ofrecer una visión rigurosa, actualizada y desestigmatizante sobre las parafilias, integrando criterios diagnósticos del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5-TR), perspectivas de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11) y enfoques clínicos basados en la evidencia, incluyendo aportes de las psicologías de tercera generación.
¿Qué es una parafilia?
El término parafilia proviene del griego para (fuera de) y philia (amor o atracción). En términos técnicos, se refiere a patrones intensos y persistentes de excitación sexual que involucran objetos no humanos, sufrimiento o humillación (propia o de la pareja), o personas que no dan su consentimiento o no pueden hacerlo (como menores o individuos inconscientes).
Es crucial distinguir entre parafilia y trastorno parafílico:
- Parafilia: preferencia sexual atípica, que puede ser ocasional, estable o situacional. No necesariamente patológica.
- Trastorno parafílico: cuando dicha preferencia causa malestar clínico significativo en la persona, dificultades funcionales, o implica conductas que dañan o ponen en riesgo a otros (especialmente en contextos no consensuales).
Esta distinción, introducida plenamente en el DSM-5 (2013) y reforzada en el DSM-5-TR (2022), responde a una evolución ética y científica: no toda atracción inusual es una enfermedad mental.
Clasificación de las parafilias
Según el DSM-5-TR
El manual reconoce ocho trastornos parafílicos específicos:
- Voyeurismo: observación de personas desnudas o en actividades íntimas sin su conocimiento.
- Exhibicionismo: exposición de los genitales a personas desconocidas sin su consentimiento.
- Frotteurismo: frotamiento contra personas no consentidoras en espacios públicos.
- Pedofilia: atracción sexual hacia niños prepubertos (menores de 13 años).
- Sadismo sexual: excitación derivada del sufrimiento físico o psicológico de otra persona.
- Masoquismo sexual: excitación derivada del propio sufrimiento físico o psicológico.
- Fetichismo: uso de objetos inanimados (no diseñados para fines sexuales, como zapatos o ropa) como fuente principal de excitación.
- Trastorno por transvestismo fetichista: excitación sexual al vestirse con prendas del género opuesto (distinto de la identidad de género o la transexualidad).
Además, se incluye la categoría “otras parafilias especificadas” (p. ej., zoofilia, necrofilia, urolagnia) y “parafilia no especificada” para casos que no encajan en los criterios anteriores.
Según la CIE-11 (OMS, 2022)
La Organización Mundial de la Salud adoptó un enfoque aún más centrado en el daño y el consentimiento. En la CIE-11, las parafilias en sí no son trastornos. Solo se considera un “trastorno parafílico” si:
- La persona experimenta dificultades para controlar sus impulsos, y
- Sus conductas afectan negativamente su vida o violan derechos de otros.
Este cambio refleja un giro hacia una ética sexual basada en el consentimiento informado, la autonomía y la absencia de daño, más que en la “normalidad” de la conducta.
Parafilias vs. orientación sexual y expresión erótica
Es fundamental no patologizar la diversidad erótica consensual. Muchas prácticas consideradas parafílicas en el pasado (como el bondage, el rol de dominación/sometimiento o el uso de ciertos fetiches) son hoy parte de la sexualidad BDSM, reconocida como una variante saludable cuando se practica con consentimiento, límites claros y comunicación abierta.
Estudios recientes (Wismeijer & van Assen, 2013; Kleinplatz & Moser, 2020) muestran que individuos con intereses BDSM no presentan mayores tasas de psicopatología que la población general, y a menudo reportan mayor satisfacción sexual y bienestar emocional.
Factores etiológicos
No existe una causa única. La génesis de las parafilias parece multifactorial:
- Factores neurobiológicos: alteraciones en la conectividad cerebral en regiones relacionadas con la inhibición y la recompensa (como el córtex prefrontal y la amígdala).
- Aprendizaje y condicionamiento clásico: asociaciones tempranas entre estímulos neutros y excitación sexual.
- Experiencias traumáticas: en algunos casos, aunque no hay evidencia de que el trauma cause directamente parafilias.
- Factores evolutivos y psicodinámicos: teorías menos respaldadas empíricamente, pero aún presentes en ciertos enfoques clínicos.
Importante: la mayoría de las personas con parafilias no han sufrido abuso ni son abusadores. La asociación automática entre parafilia y delito sexual es un error común y peligroso.
Diagnóstico diferencial
El diagnóstico de un trastorno parafílico requiere descartar:
- Trastornos del control de impulsos
- Trastorno límite de la personalidad (cuando el comportamiento sexual es impulsivo o autodestructivo)
- Manía en el contexto de un trastorno bipolar
- Delirios o alucinaciones en psicosis
- Efectos secundarios de sustancias o medicamentos
Asimismo, debe evaluarse cuidadosamente si el comportamiento ocurre en un contexto consensual y si la persona desea cambiarlo. La presencia de angustia no siempre indica patología: puede surgir del estigma social, no del comportamiento en sí.
Enfoques terapéuticos
El objetivo no es “curar” una preferencia, sino reducir el riesgo de daño y aliviar el sufrimiento si existe.
1. Terapias cognitivo-conductuales (TCC)
- Entrenamiento en autocontrol: identificación de desencadenantes y desarrollo de estrategias de evitación o redirección.
- Reestructuración cognitiva: cuestionamiento de creencias distorsionadas (p. ej., “necesito actuar para sentirme bien”).
- Terapia de aversión: hoy en desuso por su baja eficacia y potencial dañino.
2. Terapias de tercera generación
- Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT): ayuda a la persona a vivir en coherencia con sus valores, incluso si experimenta deseos no deseados, sin luchar contra ellos.
- Mindfulness: para observar los impulsos sin reaccionar automáticamente.
- Compasión centrada en el yo: especialmente útil en casos de vergüenza crónica o autorrechazo.
3. Farmacoterapia
En casos graves (p. ej., trastorno pedofílico con riesgo de abuso), se pueden usar:
- Inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS): para reducir impulsividad.
- Antiandrógenos o agonistas de la hormona liberadora de gonadotropina (GnRH): para disminuir la testosterona y, con ello, la libido.
Estos tratamientos son último recurso, siempre con consentimiento informado y supervisión ética rigurosa.
Ética clínica y derechos humanos
El enfoque clínico debe respetar los principios de:
- Autonomía: la persona decide si busca ayuda.
- No maleficencia: evitar estigmatizar o patologizar lo consensual.
- Justicia: no criminalizar a quienes no han dañado a nadie.
Organizaciones como la World Association for Sexual Health (WAS) y la International Society for the Study of Paraphilias and Sexual Offenders (ISSPSO) abogan por políticas basadas en evidencia, no en miedo moral.
Reflexión final: hacia una sexualidad más inclusiva y segura
Las parafilias no son en sí mismas un problema. El problema surge cuando hay falta de consentimiento, daño o sufrimiento no deseado. La psicología clínica moderna debe abandonar juicios morales y enfocarse en la salud sexual integral, entendida como estado de bienestar físico, emocional, mental y social relacionado con la sexualidad.
Educación sexual inclusiva, reducción del estigma y acceso a atención no punitiva son pilares para prevenir el sufrimiento y promover una cultura erótica responsable, diversa y ética.
Fuentes
- American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5th ed., text rev.).
- World Health Organization. (2022). International Classification of Diseases, 11th Revision (ICD-11).
- Kafka, M. P. (2010). Hypersexual disorder: a proposed diagnosis for DSM-V. Archives of Sexual Behavior, 39(2), 377–400.
- Wismeijer, A. A., & van Assen, M. A. L. M. (2013). Psychological characteristics of BDSM practitioners. Journal of Sexual Medicine, 10(8), 1943–1952.
- Kleinplatz, P. J., & Moser, C. (2020). Sadomasochism: Powerful pleasures. Routledge.
- Seto, M. C. (2021). Paraphilias and paraphilic disorders. Annual Review of Clinical Psychology, 17, 435–459.
- Briken, P., & Müller, J. L. (2022). Paraphilias and paraphilic disorders: A review of current conceptualizations and treatment approaches. Current Opinion in Psychiatry, 35(6), 421–426.
- World Association for Sexual Health (WAS). (2019). WAS Declaration of Sexual Rights.







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