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Este artículo aborda la desconexión emocional y la dificultad para identificar los propios estados afectivos, un fenómeno que oscila desde la confusión transitoria hasta la condición clínica conocida como alexitimia. A través de la neurociencia afectiva y la teoría de la emoción construida, analizamos cómo la interrupción en la comunicación entre el cuerpo (interocepción) y la corteza cerebral, sumada a la falta de «granularidad emocional», nos impide poner nombre a lo que sentimos. Se explora también el papel de la negligencia emocional infantil como factor etiológico clave.


Introducción: El Silencio Interno

Imagina que estás intentando leer un libro en una habitación a oscuras. Sabes que el libro (la emoción) está ahí, puedes sentir su peso en tus manos (la sensación física), pero no puedes distinguir las letras. Esta metáfora ilustra una experiencia humana común pero desconcertante: la incapacidad de descifrar nuestro propio estado interno.

A menudo asumimos que las emociones son etiquetas evidentes que aparecen en nuestra mente: «estoy triste», «estoy enfadado». Sin embargo, la neurociencia moderna revela que «saber lo que sientes» es un logro cognitivo de alto nivel que requiere la integración precisa de señales corporales, contexto y vocabulario aprendido. Cuando este proceso falla, nos quedamos con la sensación física (un nudo en el estómago, calor en el pecho) pero sin el significado emocional.

1. El Diagnóstico Clínico: El Espectro de la Alexitimia

Cuando esta dificultad es crónica y generalizada, los psicólogos utilizan el término Alexitimia, que etimológicamente significa «falta de palabras para las emociones» (del griego a- sin, lexis palabra, thymos afecto).

Se estima que aproximadamente el 10% de la población presenta niveles significativos de alexitimia. No se trata de que estas personas no sientan; de hecho, suelen presentar una alta activación fisiológica. El problema radica en el procesamiento de la señal.

1.1 Alexitimia Primaria vs. Secundaria

  • Primaria (Neurológica): Se teoriza que existe una causa estructural, posiblemente un déficit en la transferencia de información entre el hemisferio derecho (encargado de la experiencia emocional y corporal) y el izquierdo (encargado del lenguaje), o anomalías en la corteza cingulada anterior.
  • Secundaria (Traumática): Es un mecanismo de defensa. Ante un dolor emocional abrumador o un trauma (PTSD), la mente «apaga» el interruptor de la percepción emocional para sobrevivir. Es una anestesia psicológica que, con el tiempo, se vuelve un estado habitual.

2. El Mecanismo Biológico: La Falla Interoceptiva

Para entender por qué no sabemos lo que sentimos, debemos mirar hacia la interocepción. Este es el «sexto sentido» que monitorea el estado interno del cuerpo (latidos, respiración, temperatura, tensión visceral).

La ínsula es la región cerebral clave donde estas señales corporales se integran para hacerse conscientes. Según modelos neurocientíficos actuales:

  1. El cuerpo envía una señal (ej. taquicardia).
  2. La ínsula recibe la señal.
  3. El cerebro interpreta esa señal basándose en el contexto.

Si tienes una pobre conciencia interoceptiva, tu cerebro recibe señales ruidosas o difusas. No puedes distinguir entre el hambre, el cansancio o la ansiedad leve. Si la señal física no es clara, la etiqueta emocional es imposible de asignar.

3. La Teoría de la Emoción Construida: «Granularidad Emocional»

La neurocientífica Lisa Feldman Barrett ha revolucionado este campo con su Teoría de la Emoción Construida. Ella argumenta que las emociones no nos «suceden»; son conceptos que nuestro cerebro construye.

3.1 La importancia de los Conceptos

Tu cerebro necesita «conceptos» (palabras y experiencias pasadas) para dar sentido a la tormenta de sensaciones corporales.

  • Baja Granularidad: Una persona solo distingue entre «me siento bien» y «me siento mal». Es como ver el mundo en blanco y negro. Si te sientes «mal», no sabes cómo solucionarlo porque no sabes si es ira (requiere defensa) o tristeza (requiere consuelo).
  • Alta Granularidad: La persona puede distinguir matices precisos: «Me siento melancólico con un toque de frustración«. Esta precisión permite una regulación emocional efectiva.

Si careces de vocabulario emocional rico, literalmente te costará más experienciar emociones específicas. Tu cerebro se queda «ciego» ante los matices.

4. El Origen del Desarrollo: La Negligencia Emocional

¿Por qué algunos adultos tienen baja granularidad o mala interocepción? A menudo, la respuesta yace en la infancia, específicamente en la Negligencia Emocional Infantil (CEN).

A diferencia del maltrato (que es hacer algo malo al niño), la negligencia es la ausencia de respuesta. Si un niño llora y sus cuidadores ignoran su llanto o le dicen «no es para tanto», el niño aprende una lección biológica peligrosa: «Mis señales internas son irrelevantes o erróneas».

Para adaptarse a ese entorno, el niño aprende a ignorar su interocepción. Se disocia de su cuerpo. De adulto, esta persona tendrá «éxito» funcional, pero sentirá un vacío crónico y una incapacidad para saber qué quiere o siente, porque su brújula interna fue desactivada hace años.

Conclusión

No saber lo que sientes no es un fallo de carácter ni una falta de inteligencia. Es, a menudo, el resultado de una interocepción amortiguada o de un aprendizaje emocional incompleto. La buena noticia es que la neuroplasticidad permite volver a conectar estos cables. Aumentar el vocabulario emocional y practicar la atención plena a las sensaciones corporales (mindfulness interoceptivo) puede, poco a poco, disipar la niebla y permitirnos leer de nuevo el libro de nuestra propia experiencia.

Recurso Audiovisual Relacionado

Para comprender mejor cómo nuestro cerebro crea lo que sentimos y por qué a veces falla en este proceso, recomiendo el siguiente video de la Dra. Lisa Feldman Barrett:

Cómo el cerebro modela las emociones a través de la interocepción | Lisa Feldman Barret

Este video es fundamental porque explica visualmente la teoría mencionada en el artículo: cómo las señales del cuerpo (interocepción) son la materia prima que el cerebro usa para construir la emoción, y cómo este proceso es la clave para entender nuestra desconexión afectiva.

Aquí tienes un ejercicio diseñado bajo los principios de la regulación emocional y la neurociencia afectiva. Este protocolo busca entrenar la vía de comunicación entre la ínsula (sensación corporal) y la corteza prefrontal (lenguaje), aumentando así tu «granularidad emocional».


Protocolo de Granularidad: La Técnica del «Etiquetado Somático»

Este es un ejercicio de metacognición aplicada. El objetivo no es «arreglar» lo que sientes, sino identificarlo con precisión. Estudios de neuroimagen (fMRI) han demostrado que el simple acto de poner una etiqueta verbal precisa a una emoción disminuye la actividad de la amígdala (el centro de alarma del cerebro), un fenómeno conocido como «etiquetado afectivo».


Paso 1: La Pausa Interoceptiva (El «Qué»)

Cuando sientas ese malestar difuso o esa «niebla» mental, detén tu actividad física por 60 segundos. Cierra los ojos si es posible. No busques una emoción todavía; busca datos físicos crudos.

Hazte las siguientes preguntas anatómicas y responde con descripciones físicas, no emocionales:

  1. Temperatura: ¿Siento frío en las manos o calor en el rostro?
  2. Tensión: ¿Tengo la mandíbula apretada? ¿Los hombros elevados? ¿El estómago contraído?
  3. Ritmo: ¿Mi respiración es corta y alta (tórax) o lenta y profunda (abdomen)? ¿Siento el latido cardíaco rápido?

Ejemplo de ejecución: «Noto una presión en el centro del pecho y calor detrás de las orejas.»

Paso 2: Ampliación del Vocabulario (El «Nombre»)

Aquí es donde combatimos la baja granularidad. La mayoría de las personas se quedan en «me siento mal» o «estoy estresado». «Estrés» es una palabra maleta que usamos para todo, pero no describe la emoción real.

Intenta sustituir «Me siento mal/estresado» por tres adjetivos específicos. Usa este espectro para guiarte:

  • Si sientes Energía Alta + Desagradable — ¿Es Ira, Frustración, Indignación, Impaciencia?
  • Si sientes Energía Baja + Desagradable —¿Es Tristeza, Melancolía, Apatía, Decepción?
  • Si sientes Energía Alta + Agradable— ¿Es Euforia, Entusiasmo, Curiosidad?
  • Si sientes Energía Baja + Agradable —¿Es Calma, Alivio, Serenidad?

El objetivo: Encontrar la palabra que haga «clic» con la sensación física del Paso 1. Quizás descubras que esa presión en el pecho no es «ansiedad», sino «decepción».

Paso 3: Validación y Diferenciación (El «Y»)

A menudo sentimos múltiples cosas a la vez (ambivalencia afectiva). La mente simplista quiere elegir una sola, pero la mente compleja acepta la mezcla.

Construye una frase final usando la estructura:

«Estoy notando [Sensación Física] y percibo que es [Emoción A] y un poco de [Emoción B].»

Ejemplo final: «Estoy notando un nudo en el estómago, y percibo que es miedo por la reunión de mañana, pero también un poco de entusiasmo por presentar mi proyecto.»


Por qué funciona este ejercicio

Al obligar a tu cerebro a buscar la palabra exacta (Paso 2), activas la corteza prefrontal ventrolateral. Esta región tiene conexiones inhibitorias con la amígdala. Biológicamente, no puedes estar en pánico total y estar buscando sinónimos complejos al mismo tiempo; el acto de buscar la palabra «enfría» la emoción lo suficiente para que puedas gestionarla.

Referencias de Apoyo para la Práctica

Si deseas herramientas externas para facilitar el Paso 2, te sugiero buscar y tener a mano:

  1. La Rueda de las Emociones de Plutchik: Un gráfico visual que desglosa las emociones básicas en matices más sutiles.
  2. Lieberman, M. D., et al. (2007). Putting feelings into words. Psychological Science. (El estudio base sobre cómo el etiquetado verbal reduce la reactividad emocional).

Referencias Sugeridas

Para profundizar en la rigurosidad científica de estos conceptos, se recomienda consultar las siguientes fuentes de autoridad:

  1. Barrett, L. F. (2017). How Emotions Are Made: The Secret Life of the Brain. Houghton Mifflin Harcourt. (Fuente primaria para la Teoría de la Emoción Construida).
  2. Taylor, G. J., Bagby, R. M., & Parker, J. D. (1997). Disorders of Affect Regulation: Alexithymia in Medical and Psychiatric Illness. Cambridge University Press. (El texto definitivo sobre alexitimia clínica).
  3. Craig, A. D. (2009). How do you feel—now? The anterior insula and human awareness. Nature Reviews Neuroscience. (Sobre la base neurobiológica de la interocepción).
  4. Webb, J. (2012). Running on Empty: Overcome Your Childhood Emotional Neglect. Morgan James Publishing. (Sobre el impacto de la crianza en la ceguera emocional).
  5. Van der Kolk, B. (2014). The Body Keeps the Score. (Específicamente los capítulos sobre cómo el trauma desconecta la percepción visceral).

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