Existe una imagen muy extendida y errónea sobre el niño que no habla en el colegio: la del niño caprichoso, desafiante o simplemente «extremadamente tímido». Sin embargo, quienes han estudiado de cerca el mutismo selectivo (MS) saben que el silencio no es una elección, sino una respuesta defensiva del sistema nervioso. No es que el niño no quiera hablar; es que, literalmente, no puede.
El mutismo selectivo es un trastorno de ansiedad complejo que suele manifestarse en la infancia temprana. Se define por la incapacidad persistente de hablar en contextos sociales específicos (como la escuela) a pesar de que el niño se comunica con total normalidad en entornos donde se siente seguro (generalmente el hogar). Es una parálisis vocal producida por un miedo fóbico, una respuesta de «congelación» ante la percepción de una amenaza social.
La anatomía del silencio: ¿Qué ocurre en el cerebro?
Para entender el mutismo selectivo, debemos mirar hacia la amígdala, ese pequeño centinela de nuestro cerebro encargado de detectar peligros. En los niños con MS, el umbral de activación de la amígdala es mucho más bajo de lo normal.
Cuando estos niños entran en el aula o se cruzan con un adulto desconocido, su cerebro recibe una señal de alarma equivalente a encontrarse frente a un depredador. El cuerpo reacciona de forma instintiva: los músculos se tensan, el ritmo cardíaco aumenta y las cuerdas vocales, en esencia, se bloquean.
El mutismo no es una herramienta de control sobre los demás; es una pérdida de control sobre uno mismo.
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Los síntomas: Más que la ausencia de palabras
Aunque el signo más evidente es el silencio, el mutismo selectivo viene acompañado de una constelación de señales no verbales que nos ayudan a diferenciarlo de la timidez común:
- Expresión facial «congelada»: A menudo presentan una cara inexpresiva o carente de sonrisa en contextos sociales (máscara de ansiedad).
- Rigidez corporal: Movimientos tiesos o torpes cuando se sienten observados.
- Evitación del contacto visual: Mirar al suelo o hacia otro lado para reducir la estimulación social.
- Comunicación no verbal mínima: Algunos niños logran señalar o asentir, pero otros se bloquean incluso para gestos básicos.
- Perfeccionismo: Muchos de estos niños temen cometer errores o que su voz suene «rara», lo que refuerza el bloqueo.
Factores de origen: ¿Por qué mi hijo?
No existe una causa única. El mutismo selectivo es el resultado de una intersección de factores biológicos, temperamentales y ambientales:
- Vulnerabilidad genética: Existe una alta correlación entre niños con MS y antecedentes familiares de trastornos de ansiedad o fobia social.
- Temperamento de «Inhibición Conductual»: Son niños que, desde bebés, muestran una mayor cautela y reactividad ante lo nuevo.
- Dificultades en el procesamiento sensorial: Algunos niños con MS se sienten abrumados por el ruido, las luces o las multitudes, lo que eleva su nivel de ansiedad basal.
- Retrasos leves en el habla o bilingüismo: Si un niño tiene una ligera inseguridad sobre cómo suena su voz o sobre su dominio del idioma, el riesgo de que el silencio se convierta en su refugio aumenta.
Es crucial desmentir un mito dañino: el mutismo selectivo no es típicamente el resultado de un trauma o abuso. Aunque un evento traumático puede causar mutismo (mutismo traumático), este suele ser total y repentino en todos los contextos. El MS, por el contrario, es situacional y está ligado a la ansiedad social.
El ciclo del refuerzo negativo: La trampa de la evitación
Uno de los mayores retos en el tratamiento del MS es el ciclo que se genera involuntariamente entre el niño y su entorno.
Cuando un adulto le hace una pregunta a un niño con MS, la ansiedad del niño sube al máximo. Si un tercero (generalmente un padre o un hermano) responde por él para «ayudarle» o aliviar la tensión, la ansiedad del niño baja de golpe. Esa sensación de alivio es un refuerzo negativo: el cerebro del niño aprende que la mejor forma de reducir el malestar es no hablar y esperar a que otro lo haga.
Para romper esto, necesitamos paciencia y técnicas específicas que no fuercen la comunicación, pero que tampoco la anulen.
Enfoques terapéuticos: ¿Cómo se interviene?
La evidencia científica actual señala que la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), con un fuerte énfasis en las técnicas de exposición graduada, es la más efectiva. El objetivo no es «obligar a hablar», sino reducir la ansiedad frente a la comunicación.
1. Desvanecimiento del estímulo (Stimulus Fading)
Se trata de introducir gradualmente a una persona nueva en un entorno donde el niño ya habla. Por ejemplo, el niño habla con su madre en una sala vacía del colegio; el profesor se acerca muy lentamente, permaneciendo primero a la distancia, luego entrando en la sala sin intervenir, hasta que finalmente se integra en una actividad compartida.
2. Modelado de forma (Shaping)
Se refuerzan todas las aproximaciones a la comunicación. Empezamos por gestos, luego sonidos, luego susurros, hasta llegar a palabras sueltas. No se celebra el habla de forma exagerada (lo cual puede dar vergüenza al niño), sino que se valida con naturalidad.
3. Técnica de la «Pausa de 5 segundos»
Cuando hacemos una pregunta a un niño con MS, solemos impacientarnos y reformular o responder por él en menos de dos segundos. La técnica consiste en esperar al menos cinco segundos de silencio total, dándole al niño el espacio mental necesario para procesar la ansiedad y, quizás, emitir una respuesta.
El papel vital de la escuela
El aula es el escenario principal del conflicto. Un profesor que comprende el MS puede ser el mayor aliado del tratamiento; uno que no lo comprende puede cronificar el problema.
Es fundamental que los educadores:
- No presionen al niño para que hable: Frases como «no te daré el lápiz hasta que me lo pidas» son contraproducentes y aumentan el bloqueo.
- Fomenten la comunicación no verbal inicialmente: Usar tarjetas, gestos o pizarras ayuda a que el niño se sienta parte del grupo mientras baja su ansiedad.
- Asignen «parejas seguras»: Identificar a un compañero con el que el niño se sienta cómodo puede ser el puente hacia la integración social.
El impacto en la vida adulta: ¿Qué pasa si no se trata?
A menudo escuchamos el consejo de «ya se le pasará con la edad». Si bien algunos niños superan la inhibición de forma espontánea, en muchos otros el silencio se arraiga. Un adolescente con mutismo selectivo no tratado tiene un riesgo significativamente mayor de desarrollar depresión, fobia social generalizada y dificultades académicas graves.
El MS no es una fase del desarrollo; es una rigidez de la respuesta al miedo que requiere intervención profesional para ser «desaprendida».
Conclusión: La paciencia como medicina
Tratar el mutismo selectivo es como pelar una cebolla. Hay que ir capa por capa, respetando los tiempos del niño y celebrando los pequeños hitos: la primera vez que hizo un sonido, la primera vez que se rió en clase, el primer «hola» casi inaudible.
El mensaje para los padres y educadores debe ser de esperanza, pero también de acción. El silencio de estos niños no es un muro de piedra, es una puerta cerrada con llave por dentro debido al miedo. Nuestra labor no es derribar la puerta, sino convertirnos en alguien lo suficientemente seguro como para que ellos decidan girar la llave.
Una de las áreas más críticas es el aula, porque el profesor es quien convive con el silencio del niño durante seis o siete horas al día. La clave para un docente no es lograr que el niño hable, sino reducir la presión social para que el habla pueda emerger de forma espontánea.
Aquí tienes una hoja de ruta práctica para el aula, diseñada para manejar la ansiedad sin forzar la respuesta.
Estrategias para el aula: Del silencio a la participación
1. Cambio de mentalidad: La «presencia cálida»
El niño con mutismo selectivo detecta la expectativa de los demás. Si el profesor lo mira fijamente esperando una respuesta, la amígdala del niño se dispara.
- La técnica del «comentario paralelo»: En lugar de hacer preguntas directas mientras el niño trabaja, sitúate cerca y describe lo que hace sin exigir respuesta. «Veo que estás usando el color azul para el cielo, queda muy intenso». Esto crea un vínculo sin presión.
- Contacto visual breve: No mantengas la mirada esperando una palabra. Usa una sonrisa fugaz y sigue con la clase.
2. Adaptación de las preguntas (Elección forzada)
Evita las preguntas abiertas (¿Qué has hecho este fin de semana?). El «coste de respuesta» es demasiado alto.
- Usa la elección binaria: En lugar de «¿Qué quieres merendar?», pregunta «¿Prefieres la manzana o el yogur?». Esto permite que el niño pueda señalar o responder con una sola palabra.
- Acepta la comunicación no verbal: Al principio, permite que use tarjetas de «Sí/No», que asienta con la cabeza o que use un código de colores en su mesa para indicar si necesita ayuda.
3. El «Triángulo de Comunicación» (Small Talk)
Es muy difícil para estos niños hablar directamente a la cara de un adulto. Es mucho más fácil si hay un objeto mediador.
- Uso de intermediarios: Habla con el niño sobre un dibujo que ha hecho, un juguete o un libro. Al centrar la atención de ambos en el objeto, la presión sobre el niño disminuye drásticamente.
- Actividades de bajo desafío: Juegos de mesa sencillos o tareas manuales donde el silencio sea natural ayudan a normalizar su presencia en el grupo.
Intervenciones en el entorno social
4. Gestión de los compañeros
Los otros niños suelen notar el silencio y pueden volverse sobreprotectores («él no habla») o inquisidores («¿por qué no hablas?»).
- Normalización: Explica al grupo (si el niño es pequeño) que «X es un niño al que le cuesta un poquito sacar las palabras en el cole, igual que a otros les cuesta correr o dibujar, pero nos escucha y le gusta jugar».
- Parejas de seguridad: Identifica a un compañero tranquilo y empático. Asígnale tareas compartidas con el niño con MS para que cree un «vínculo de confianza» en un entorno de pequeño formato.
5. Adaptación de las evaluaciones
Un niño con MS no puede realizar un examen oral o leer en voz alta frente a la clase. Esto no significa que no sepa la lección.
- Grabaciones en casa: Permite que los padres graben al niño leyendo o explicando un tema en la seguridad del hogar y que te envíen el audio o video. Esto demuestra al niño que «su voz puede estar en el colegio» aunque aún no salga de su boca allí.
- Evaluaciones escritas o por ordenador: Prioriza estos formatos para que su rendimiento académico no se vea lastrado por la ansiedad social.
Lo que NUNCA se debe hacer (Líneas rojas)
| Acción a evitar | Consecuencia negativa | Alternativa recomendada |
| Sobornar o premiar el habla | Aumenta el foco y la presión sobre el acto de hablar. | Refuerza el esfuerzo y la participación, no solo el sonido. |
| Mostrar sorpresa exagerada | El niño se siente «expuesto» y vuelve a retraerse. | Si habla, responde con naturalidad, como si lo hiciera siempre. |
| Castigar el silencio | Confirma que el colegio es un lugar peligroso y hostil. | Crea un ambiente de «seguridad psicológica» donde fallar está permitido. |
| Forzar el saludo | Genera un bloqueo de entrada que condiciona todo el día. | Permite un saludo gestual o simplemente una entrada tranquila. |
El «Puente de Comunicación» con la familia
Es vital que el profesor y los padres se reúnan para compartir qué avances hay en casa. A veces, el niño empieza a hablar en el patio pero no en clase, o con un solo compañero. Esa información ayuda al profesor a saber dónde está el límite de la «zona de confort» del niño para poder ampliarla un milímetro cada día.
Nota final para el docente: Tu éxito no se mide por cuántas palabras consigas arrancarle, sino por cuánto logres que ese niño se sienta integrado, aceptado y seguro en tu aula. Cuando la ansiedad baje lo suficiente, la voz encontrará su camino.
Fuentes y referencias académicas
- Black, B., & Uhde, T. W. (1995). Psychiatric characteristics of children with selective mutism: A comparison study. Journal of the American Academy of Child & Adolescent Psychiatry.
- Shipon-Blum, E. (2007). The Selective Mutism Resource Guide: Manuals for Parents, Teachers, and Therapists. Selective Mutism Anxiety Research and Treatment Center.
- Viana, A. G., Beidel, D. C., & Rabian, B. (2009). Selective mutism: A review and integration of the last 15 years. Clinical Psychology Review.
- Muris, P., & Ollendick, T. H. (2015). Children who are anxious in silence: A review on selective mutism, the new anxiety disorder in DSM-5. Clinical Child and Family Psychology Review.
- Bergman, R. L. (2013). Treatment for Children with Selective Mutism: An Integrative Behavioral Approach. Oxford University Press.








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