Descubre por qué el multitasking daña tu cerebro y cómo la inteligencia artificial puede liberarte de la sobrecarga cognitiva para recuperar el foco profundo.
¿Cuántas tareas estás haciendo en este momento?
Probablemente estás leyendo este artículo mientras tienes abiertas otras pestañas, con el teléfono al lado y quizás con alguna notificación pendiente de responder. Si es así, no estás solo. La mayoría de nosotros vivimos instalados en lo que se ha dado en llamar multitasking: esa sensación frenética de hacer varias cosas a la vez, convencidos de que así somos más productivos, más eficientes, más capaces.
La ciencia, sin embargo, lleva décadas diciéndonos lo contrario.
El cerebro no está diseñado para manejar múltiples tareas complejas de manera simultánea. Cada cambio de tarea implica un coste cognitivo que puede afectar negativamente el rendimiento general. Y sin embargo, la cultura del trabajo moderno ha glorificado el multitasking como una virtud casi heroica. Hasta ahora.
Algo está cambiando. La inteligencia artificial (IA) ha irrumpido en nuestra vida cotidiana prometiendo, entre otras cosas, liberarnos de las tareas repetitivas y de baja carga creativa que nos fragmentan la atención durante horas. Si la IA puede encargarse de filtrar correos, resumir documentos, redactar borradores o gestionar agendas, ¿no estaría, en cierto modo, devolviéndonos algo que habíamos perdido? La posibilidad de hacer una sola cosa a la vez, pero hacerla de verdad.
En este artículo exploraremos qué le ocurre realmente a tu cerebro cuando haces multitasking, por qué el monotasking o foco profundo (deep work) es la forma natural en que tu mente rinde mejor, y cómo la IA —bien utilizada— puede convertirse en una herramienta poderosa para recuperar ese estado de concentración que tanto escasea hoy.
El gran mito del multitasking y la productividad
Antes de hablar de soluciones, conviene entender el problema con precisión.
Cuando hablamos de multitasking en el contexto humano, no nos referimos realmente a hacer dos cosas al mismo tiempo. Lo que realmente ocurre es un cambio rápido de foco de una tarea a otra, que reduce la productividad y aumenta la probabilidad de cometer errores. Aunque algunas personas consideran que el multitasking es una habilidad valiosa, en realidad se trata de un proceso que conlleva un «coste de cambio»: la energía y el tiempo que se requieren cada vez que el cerebro cambia de una tarea a otra.
La analogía es clara: cambiar de tarea se parece a apagar y encender un motor continuamente. Cada arranque consume más energía que mantenerlo en marcha.
Earl Miller, neurocientífico del MIT, señala que «nuestras mentes no están hechas para el multitasking». Cuando las personas piensan que están haciendo múltiples tareas al mismo tiempo, en realidad están alternando entre ellas y pagando un coste por ese frenesí.
El coste oculto de cada interrupción
La investigadora Gloria Mark, de la Universidad de California en Irvine, ha dedicado décadas a estudiar las interrupciones en el trabajo. Uno de sus hallazgos más citados —y más perturbadores— es el siguiente: cuando una tarea se interrumpe, se necesitan más de 23 minutos para recuperar el foco pleno sobre ella.
Hagamos el cálculo. Si en una jornada laboral de ocho horas te interrumpen, o te interrumpes tú mismo, seis veces, puedes perder el equivalente a más de dos horas de concentración real. No de trabajo: de trabajo profundo, de esa concentración donde realmente pensamos, creamos y resolvemos problemas complejos.
La propia investigadora Mark encontró que los trabajadores cambiaban de actividad, de media, cada tres minutos y cinco segundos. Y argumenta que cuando las personas cambian de contexto con esa frecuencia, es imposible que piensen en profundidad: no existe posibilidad de alcanzar el estado de flujo.
Lo que el multitasking le hace a tu cerebro
Los efectos no son solo de rendimiento. Son estructurales.
Estudios de la Universidad de Sussex han demostrado que el multitasking reduce la materia gris del hipocampo —el área vinculada a la memoria y la concentración—, y que el incremento de cortisol asociado a la sobrecarga de tareas puede producir muerte neuronal en la corteza prefrontal, responsable de la toma de decisiones y la planificación.
Según esa misma línea de investigación, las personas que realizan habitualmente varias tareas a la vez muestran menor densidad cerebral en la corteza cingulada anterior, un área responsable del control cognitivo y emocional.
Un trabajo seminal publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences llegó a una conclusión que sorprendió a la comunidad científica: quienes hacen multitasking de forma habitual no son mejores filtrando información irrelevante, ni organizando su memoria, ni cambiando de tarea con mayor eficiencia. De hecho, lo hacen peor que quienes no practican el multitasking. «Son adictos a la irrelevancia», resumió uno de los investigadores. (Ophir, Nass y Wagner, 2009).
Es importante señalar que los estudios posteriores han matizado estos resultados: la relación entre multitasking y control cognitivo es compleja y no siempre lineal. Revisiones más recientes no han replicado de forma consistente todos los hallazgos originales, lo que indica que el impacto varía según el tipo de tarea, la persona y el contexto. Sin embargo, el consenso general apunta en la misma dirección: el cambio frecuente de tareas tiene costes cognitivos reales.
El monotasking y el foco profundo: lo que la ciencia dice que funciona
Frente al multitasking, la alternativa no es nueva ni complicada. Es, en realidad, la forma en que los seres humanos siempre hemos pensado mejor: de una cosa en una cosa.
El monotasking es exactamente eso: dedicar un bloque de tiempo exclusivo a una única tarea, con la atención completamente dirigida hacia ella. Y el deep work o trabajo profundo, término popularizado por el profesor Cal Newport, lleva esa idea un paso más allá.
El trabajo profundo se define como la capacidad de concentrarse sin distracciones para dominar de manera rápida información complicada y producir mejores resultados en períodos de tiempo cortos.
El trabajo profundo es un bien escaso en una sociedad llena de distracciones y, por lo tanto, tiene un gran valor. Invertir tiempo en trabajar con profundidad durante la jornada laboral mejora la productividad y la eficiencia, acercando las metas profesionales más importantes.
La neurociencia respalda este enfoque. Cuando nos concentramos en una sola tarea sin distracción, la información que procesamos se almacena en el hipocampo, donde los datos y las ideas se organizan y categorizan para que la memoria pueda acceder a ellos con facilidad. Con distracción, esa misma información se dirige al striatum, una región especializada en aprendizaje de habilidades automáticas, mucho más difícil de recuperar conscientemente.
Dicho de forma sencilla: cuando estás concentrado, aprendes mejor y recuerdas más. Cuando te distraes, el aprendizaje se vuelve superficial.
¿Cómo se manifiesta la falta de foco profundo en la vida cotidiana?
Quizás te resulten familiares algunas de estas situaciones:
- Terminas una jornada laboral agotado, pero con la sensación de no haber avanzado en lo que realmente importaba.
- Relees el mismo párrafo varias veces porque tu mente «se va».
- Te cuesta arrancar con tareas que requieren concentración sostenida.
- Sientes que siempre estás ocupado, pero rara vez en estado de flujo.
- Abres el correo para buscar algo y, al cerrar la aplicación, ya no recuerdas qué ibas a hacer.
Estos síntomas no indican falta de inteligencia ni de voluntad. La neurociencia confirma que cuando se dedica tiempo y atención exclusiva a una sola tarea, es posible profundizar la concentración, mejorar la calidad del trabajo y reducir el estrés asociado con la sobrecarga cognitiva. El problema no es la persona: es el entorno de trabajo que hemos construido.
La IA como liberadora de carga cognitiva: una nueva posibilidad
Aquí es donde entra en juego la inteligencia artificial, y donde la conversación se vuelve más interesante.
Durante años, la tecnología fue cómplice del problema. Las notificaciones, el correo electrónico en tiempo real, los mensajes de Slack o Teams, los feeds infinitos de redes sociales: todo ello contribuyó a fragmentation our attention hasta convertirla en algo parecido a confetti. Pero la IA generativa, bien comprendida y mejor utilizada, puede jugar un papel radicalmente diferente.
El uso adecuado de la inteligencia artificial puede liberarnos de tareas rutinarias y repetitivas, permitiéndonos dedicar más tiempo a actividades creativas y estimulantes.
Según el Informe Global sobre el Lugar de Trabajo de IA elaborado por Freshworks, gracias al uso de la inteligencia artificial los empleados perciben una reducción en su carga de trabajo existente de casi cuatro horas en una semana laboral típica. Eso son casi 24 días hábiles al año que pueden redirigirse hacia trabajo de mayor valor.
¿Qué tipo de tareas puede asumir la IA para aliviar la carga cognitiva?
- Gestión de información rutinaria: resumir documentos largos, filtrar correos, sintetizar noticias o informes.
- Redacción de borradores: primeras versiones de textos, correos o presentaciones que luego revisamos con criterio propio.
- Organización y planificación: priorización de tareas, gestión de agendas, recordatorios inteligentes.
- Investigación inicial: búsqueda y clasificación de fuentes para que nosotros nos concentremos en el análisis.
- Automatización de flujos repetitivos: procesos que antes exigían atención manual constante.
La clave está en una distinción fundamental: la IA automatiza primero las tareas repetibles y con reglas claras, mientras que los humanos destacan en la comprensión contextual, la inteligencia emocional y la resolución de problemas complejos. La IA no nos reemplaza en lo que mejor hacemos; puede ocuparse de lo que más nos fragmenta, liberándonos para lo que realmente requiere pensamiento profundo.
Un uso consciente e intencionado
Conviene ser honestos: la IA también tiene el potencial de empeorar el problema si se usa sin intención. Un estudio publicado en Harvard Business Review encontró que, sin rediseñar los procesos, la adopción de IA generativa puede intensificar el trabajo en lugar de reducirlo, aumentando el multitasking y la carga cognitiva.
La diferencia está en la intención. Usar la IA para hacer más cosas al mismo tiempo es seguir en la trampa del multitasking, solo que con más velocidad. Usarla para proteger bloques de concentración, automatizando lo que interrumpe, es una estrategia radicalmente distinta.
Estrategias concretas para recuperar el foco profundo apoyándote en la IA
1. Diseña un entorno de trabajo por bloques
La técnica del time blocking consiste en asignar franjas horarias específicas a tareas concretas, sin mezclas ni interrupciones. Utiliza la IA para planificar tu agenda, priorizar tareas según su impacto real y generar listas de acciones ordenadas. Así llegas al bloque de concentración sin tener que tomar esas decisiones dentro de él.
Práctica: Dedica 10 minutos cada mañana a interactuar con un asistente de IA para organizar tu jornada. Ese tiempo de planificación protege las horas de trabajo profundo que vienen después.
2. Delega la gestión de información en la IA
Gran parte de lo que nos interrumpe no es urgente ni importante: es ruido. Configura herramientas de IA para resumir hilos de correo, sintetizar reuniones o filtrar lecturas relevantes. La IA, cuando está bien diseñada e implementada, tiene el potencial de reducir la carga cognitiva al simplificar la recopilación de datos, la síntesis y la documentación.
Práctica: Establece dos o tres momentos fijos del día para revisar el correo y las notificaciones, en lugar de responder en tiempo real. Usa IA para priorizar lo urgente y resumir el resto.
3. Usa la IA como trampolín, no como sustituto del pensamiento
Uno de los riesgos de la IA es la tentación de delegarle también el pensamiento profundo. Si se utiliza la IA para escribir artículos, correos o resumir textos sin involucrar el propio procesamiento, las habilidades cognitivas pueden verse comprometidas, ya que se pierde la oportunidad de fortalecer la memoria y el pensamiento crítico.
La IA es más potente cuando funciona como punto de partida: genera el borrador, tú lo criticas y mejoras. Sintetiza la información, tú la interpretas. Propone opciones, tú decides. Así combinas la eficiencia de la máquina con la profundidad del pensamiento humano.
Práctica: Antes de pedir a la IA que resuelva algo, intenta pensar en ello por ti mismo durante cinco minutos. Luego contrasta tu razonamiento con la propuesta de la IA. Ese diálogo activa el pensamiento crítico en lugar de atrofiarlo.
4. Protege tus horas de foco profundo como una cita inamovible
Identifica cuándo rindes mejor cognitivamente —para la mayoría de las personas es en las primeras horas de la mañana— y bloquea ese tiempo para trabajo profundo. Desactiva notificaciones, cierra pestañas innecesarias y comunica a tu entorno que estás en modo de concentración.
Los estudios del investigador Daniel Levitin, profesor de neurociencia conductual de la Universidad McGill, muestran que las personas que toman descansos de 15 minutos cada dos horas llegan a ser más productivas. El foco profundo no significa trabajar sin parar: significa alternar intensidad con recuperación.
5. Aplica la regla de una sola pestaña abierta
Cuando estés en un bloque de trabajo profundo, trabaja con una sola aplicación abierta. Parece elemental, y lo es: la simplicidad visual reduce la tentación de cambiar de contexto. La IA puede ayudarte preparando de antemano todos los materiales que necesitarás para esa sesión, de modo que no tengas que interrumpirla buscando información.
¿Cuándo buscar ayuda profesional?
Si la dificultad para concentrarse es severa, persistente e interfiere significativamente con la vida cotidiana, puede ser señal de algo que va más allá del entorno laboral: un trastorno de atención, ansiedad crónica o agotamiento. En esos casos, consultar con un psicólogo o psiquiatra es el paso más importante. Las estrategias de productividad son útiles, pero no sustituyen la atención clínica cuando es necesaria.
Conclusión: recuperar la mente en la era de la distracción
Vivimos en un momento de paradoja productiva. Tenemos más herramientas que nunca, más información disponible, más canales de comunicación abiertos. Y, sin embargo, muchas personas sienten que su capacidad de concentrarse, de pensar en profundidad, de crear algo que valga la pena, se ha ido erosionando silenciosamente.
El multitasking y la productividad no son aliados: son rivales. El cerebro humano está diseñado para la concentración sostenida, para el pensamiento profundo, para ese estado de flujo donde el tiempo pasa sin que lo notes porque estás completamente inmerso en lo que haces. Ese estado es posible. Y la IA, usada con intención, puede ser una de las herramientas que te ayude a recuperarlo.
No se trata de delegar el pensamiento en una máquina. Se trata de liberar tu atención de lo que no la merece, para poder entregarla, entera, a lo que sí.
La próxima vez que sientas la urgencia de abrir otra pestaña, de revisar el móvil, de responder ese mensaje antes de terminar lo que empezaste, recuerda: tu atención es el recurso más escaso que tienes. Y cada vez que la fragmentas, la pierdes dos veces: una vez ahora, y otra durante los veintitrés minutos que necesitarás para recuperarla.
Empieza hoy. Una sola tarea. Un solo bloque de tiempo. Entera atención.
Referencias
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Este artículo tiene carácter informativo y divulgativo. No constituye diagnóstico ni recomendación clínica. Si presentas dificultades persistentes de concentración o síntomas que afectan tu bienestar, consulta con un profesional de la salud mental.








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