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Wu-Wei: El arte de dejar que las cosas fluyan

Una mirada psicológica y filosófica desde la tercera ola de la psicoterapia
Introducción
En un mundo que celebra la productividad, el control y la acción constante, la idea de “dejar que las cosas fluyan” puede sonar, cuanto menos, contracultural. Sin embargo, esta noción no es nueva ni fruto de una moda espiritual contemporánea. Se remonta a una antigua sabiduría china: el Wu-Wei (無為), un principio central del taoísmo que, traducido de forma aproximada, significa “no-actuar” o “acción sin esfuerzo”. Lejos de promover la pasividad, el Wu-Wei invita a una forma de estar en el mundo donde la acción surge de la armonía con el flujo natural de la vida, no de la lucha contra él.
En este artículo exploraremos el concepto de Wu-Wei desde una perspectiva interdisciplinaria, integrando la filosofía taoísta con los marcos teóricos de la psicología contemporánea, en particular las terapias de tercera generación como la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y la Mindfulness-Based Cognitive Therapy (MBCT). Veremos cómo este principio milenario puede ofrecer herramientas profundamente relevantes para el sufrimiento psicológico moderno: ansiedad, perfeccionismo, agotamiento y la sensación constante de “tener que hacerlo todo”.
¿Qué es el Wu-Wei?
El Wu-Wei no significa inacción. Tampoco es resignación ni evasión. Es, más bien, una forma de acción eficaz que surge de la alineación con el Tao —el principio ordenador del universo en la filosofía taoísta—. Lao Tse, en el Tao Te Ching, lo describe así:
«El sabio permanece en el no-hacer y enseña sin palabras. Todas las cosas surgen y él no las rechaza. Crea, pero no posee; actúa, pero no se apega; realiza, pero no se enorgullece.» (Capítulo 2)
Esta actitud se manifiesta en la práctica como espontaneidad, fluidez y eficacia sin tensión. Imagina a un nadador experimentado que no lucha contra la corriente, sino que la utiliza a su favor. O a un músico que, tras años de práctica, toca sin pensar conscientemente en cada nota, permitiendo que la música “pase a través” de él.
El Wu-Wei implica confiar en el proceso, no en el control absoluto. Y aquí reside su poder transformador para la psicología: la aceptación no como derrota, sino como punto de partida para una acción valiosa.
Wu-Wei y la psicología contemporánea: resonancias inesperadas
Aunque el taoísmo surgió hace más de 2.500 años, sus principios encuentran sorprendentes ecos en los avances de la psicología clínica del siglo XXI, especialmente en las llamadas terapias de tercera generación, que enfatizan la relación del individuo con sus pensamientos y emociones más que el contenido de estos.
1. Acceptación vs. control
Uno de los hallazgos más robustos en psicología clínica es que el intento de controlar o suprimir emociones indeseadas suele intensificarlas (el llamado “efecto rebote”). Por ejemplo, tratar de no pensar en un oso blanco hace que aparezca con más frecuencia en la mente (Wegner, 1987).
El Wu-Wei propone una alternativa: no luchar contra lo que es. Esta postura es central en la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), desarrollada por Steven C. Hayes, que invita a “hacer espacio” para experiencias internas incómodas sin identificarse con ellas ni dejar que dicten la acción. Aceptar no significa resignarse; significa dejar de gastar energía en guerras internas para orientarse hacia lo que verdaderamente importa.
2. La acción comprometida sin apego al resultado
En el taoísmo, actuar sin apego al resultado es una expresión de sabiduría. Esto no implica no tener metas, sino no permitir que el resultado determine el valor de la acción. Esta idea se alinea con la noción de valores en ACT: actuar guiado por lo que uno considera importante, sin necesidad de que el resultado sea predecible o “exitoso”.
En un contexto de ansiedad por rendimiento, por ejemplo, el enfoque wu-wei consistiría en prepararse con dedicación (acción comprometida) pero sin aferrarse al resultado como condición de autovalía. Esto reduce la rigidez cognitiva y permite una respuesta más flexible ante la incertidumbre.
3. Presencia y flujo (mindfulness)
El Wu-Wei exige una presencia plena. No puedes fluir si estás atrapado en el pasado o ansioso por el futuro. Esta cualidad está en el corazón de las prácticas de mindfulness, que han demostrado eficacia en la reducción del estrés, la ansiedad y la rumiación (Kabat-Zinn, 1990).
La psicología del flujo, desarrollada por Mihaly Csikszentmihalyi, también guarda resonancias con el Wu-Wei: en estados de flujo, la persona está completamente inmersa en la actividad, sin esfuerzo, sin autoevaluación constante, simplemente siendo en la acción. Es una experiencia de armonía entre habilidad y desafío, donde el yo desaparece temporalmente.
¿Cómo cultivar el Wu-Wei en la vida cotidiana?
El Wu-Wei no es algo que se “logre” con esfuerzo. Paradójicamente, intentar practicar el Wu-Wei puede ser su mayor obstáculo. No obstante, hay actitudes y prácticas que pueden crear las condiciones para que surja:
1. Observa sin juzgar
Practica el mindfulness diario: observa tus pensamientos y emociones como nubes que pasan en el cielo de la conciencia, sin empujarlas ni retenerlas. Esta actitud de observación desapegada debilita la identificación automática con el contenido mental.
2. Haz espacio para lo incómodo
Cuando surja ansiedad, tristeza o miedo, en lugar de luchar contra ello, pregúntate: ¿Puedo permitir que esté aquí, al menos por ahora? La aceptación no es pasividad; es la base para elegir conscientemente tu siguiente paso.
3. Actúa desde tus valores, no desde tus impulsos
Identifica qué es verdaderamente importante para ti (ej. conexión, generosidad, crecimiento). Cuando te sientas bloqueado, pregunta: ¿Qué acción, por pequeña que sea, me alinea con mis valores en este momento? No se trata de “sentirse motivado”, sino de moverse en dirección valiosa incluso sin la emoción “correcta”.
4. Confía en el proceso
En la naturaleza, las cosas crecen sin esfuerzo aparente: las plantas no “tratan” de crecer, simplemente lo hacen. En la vida humana, a veces la mejor acción es dejar de forzar. Esto no significa abandonar la responsabilidad, sino soltar la ilusión de control absoluto.
Wu-Wei en tiempos de incertidumbre
Vivimos en una era marcada por la volatilidad: cambios climáticos, crisis económicas, transformaciones tecnológicas aceleradas. En este contexto, el intento de control total no solo es imposible, sino fuente de angustia existencial.
El Wu-Wei ofrece una vía alternativa: no controlar lo incontrolable, sino responder con sabiduría. Como dice el Tao Te Ching:
«El que se adapta al curso de las cosas, triunfa.» (Capítulo 76)
Esta adaptabilidad no es debilidad; es inteligencia ecológica. Es reconocer que formamos parte de un sistema mayor y que nuestra capacidad de acción está limitada —pero no anulada— por el flujo de la vida.
Conclusión
El Wu-Wei no es una técnica más para “hacer mejor las cosas”. Es una postura existencial: una forma de coexistir con la vida sin imponerle constantemente nuestra voluntad. En la psicología contemporánea, encontramos en este antiguo principio un aliado poderoso contra el sufrimiento generado por la lucha inútil, la rigidez cognitiva y la desconexión del presente.
Cultivar el Wu-Wei no significa dejar de actuar. Al contrario: nos permite actuar con mayor claridad, compasión y eficacia, porque dejamos de gastar energía en resistir lo que ya es. Es, en esencia, el arte de fluir con la vida, no contra ella.
Fuentes
- Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and Commitment Therapy: The Process and Practice of Mindful Change (2nd ed.). Guilford Press.
- Kabat-Zinn, J. (1990). Full Catastrophe Living: Using the Wisdom of Your Body and Mind to Face Stress, Pain, and Illness. Delta.
- Csikszentmihalyi, M. (1990). Flow: The Psychology of Optimal Experience. Harper & Row.
- Lao Tse. (Siglo VI a.C.). Tao Te Ching. (Trad. múltiples; citas basadas en versión de D.C. Lau y Ursula K. Le Guin).
- Wegner, D. M. (1989). White Bears and Other Unwanted Thoughts: Suppression, Obsession, and the Psychology of Mental Control. Viking.
- Segal, Z. V., Williams, J. M. G., & Teasdale, J. D. (2018). Mindfulness-Based Cognitive Therapy for Depression (2nd ed.). Guilford Press.
- Ames, R. T., & Hall, D. L. (2003). Daodejing: “Making This Life Significant” – A Philosophical Translation. Ballantine Books.
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Gaslighting: Anatomía de la Manipulación Psicológica y la Erosión de la Realidad

El gaslighting (o «hacer luz de gas») representa una de las formas más insidiosas y destructivas de abuso psicológico documentadas en la clínica moderna. No se trata simplemente de mentir o de tener una diferencia de opinión; es un proceso sistemático de desmantelamiento cognitivo. A través de la negación persistente, la desinformación y la contradicción, el abusador (gaslighter) logra que la víctima dude de su percepción sensorial, de su memoria y, finalmente, de su cordura.
Este artículo analiza en profundidad la mecánica de este fenómeno, sus manifestaciones clínicas y sociales, y el impacto neurológico en quienes lo sufren, basándose en la literatura psicológica contemporánea y estudios sociológicos recientes.
1. El Marco Teórico: De la Ficción a la Patología
El término, aunque popularizado recientemente en redes sociales, tiene raíces profundas. Deriva de la obra de teatro de 1938 Gas Light (y sus adaptaciones cinematográficas), donde el protagonista, Gregory, manipula el entorno físico (atenuando las luces de gas) y luego niega vehementemente que haya habido un cambio, convenciendo a su esposa Paula de que está perdiendo la razón.
Sin embargo, el salto del arte a la ciencia del comportamiento es fundamental. En la literatura psicoanalítica, autores como Theodore Dorpat (1996) definieron el gaslighting no solo como una técnica de engaño, sino como un mecanismo de control encubierto. Dorpat argumentaba que el objetivo del abusador es destruir la autonomía de la víctima para sustituirla por la suya propia. Es, en términos crudos, un «asesinato psíquico» donde se anula la subjetividad del otro.
La Sociología del Gaslighting
Un aporte crucial y reciente proviene de la socióloga Paige L. Sweet, cuyo trabajo publicado en la American Sociological Review (2019) transforma nuestra comprensión del fenómeno. Sweet argumenta que el gaslighting no ocurre en un vacío; se alimenta de las desigualdades estructurales (género, raza, clase). Para que el gaslighting sea efectivo, el abusador a menudo se apoya en estereotipos culturales (ej. «las mujeres son histéricas/emocionales») para deslegitimar la realidad de la víctima. Por tanto, no es solo un problema interpersonal, sino una dinámica de poder que utiliza prejuicios sociales como arma.
2. Mecánica de la Manipulación: Las Tácticas Específicas
El gaslighting no es un evento aislado, es una campaña de erosión. Para identificarlo, los expertos clasifican las tácticas en categorías conductuales específicas que van más allá de la simple mentira:
A. La Negación Categórica (Withholding)
El abusador finge no entender o se niega a escuchar. Frases comunes incluyen: «No quiero escuchar esto otra vez» o «Estás tratando de confundirme». Aquí, el manipulador corta la comunicación para evitar que la víctima exprese su realidad, dejándola aislada con sus pensamientos.
B. La Trivialización (Trivializing)
Esta táctica ataca la validez de los sentimientos de la víctima. Si la víctima expresa dolor o preocupación, el abusador responde: «Eres demasiado sensible» o «Te ahogas en un vaso de agua». El mensaje subyacente es devastador: tus emociones no son una respuesta lógica a la realidad, sino un defecto de tu carácter.
C. El Bloqueo y Desvío (Blocking/Diverting)
El abusador cambia de tema o cuestiona la credibilidad de la memoria de la víctima en lugar de abordar el problema. «Eso es una locura, ¿de dónde sacaste esa idea?» o «Siempre te imaginas cosas porque ves demasiada televisión».
D. La Retención del Afecto y el Refuerzo Intermitente
Este es el componente adictivo del abuso. El gaslighter no es cruel el 100% del tiempo. Intercala momentos de abuso con periodos de encanto, afecto y «normalidad». En psicología conductual, esto se conoce como refuerzo intermitente, y es el mecanismo más poderoso para crear vínculos traumáticos. La víctima se queda esperando que vuelva la versión «buena» del abusador, pensando que si ella se «comporta bien» o «no imagina cosas», la paz regresará.
3. Las Fases del Desmoronamiento del Yo
La Dra. Robin Stern, del Centro de Inteligencia Emocional de Yale, estructuró la experiencia de la víctima en tres estadios progresivos. Es vital entenderlos para reconocer la gravedad del caso.
Fase 1: Incredulidad y Choque Cognitivo
La víctima todavía posee un sentido intacto de su identidad. Cuando el abusador dice algo absurdo (ej. niega una promesa hecha ayer), la víctima lo ve como un error extraño o una broma de mal gusto.
- Pensamiento interno: «¿Qué le pasa? ¿Cómo puede decir eso si tengo el mensaje aquí mismo?».
- Acción: La víctima intenta corregir al abusador, esperando que sea un malentendido.
Fase 2: La Defensa Obsesiva
Aquí comienza el verdadero daño. La víctima nota un patrón y siente miedo, pero su respuesta es intentar ganar el debate. Pasa horas rumiando conversaciones, buscando pruebas, revisando historiales de chat o pidiendo a amigos que validen su punto de vista. El foco de su vida se desplaza de sus propios intereses a la tarea imposible de hacer que el abusador «vea la verdad».
- Pensamiento interno: «Si le explico mejor, entenderá que no estoy loca».
- Acción: Discusiones circulares interminables que agotan la energía mental de la víctima.
Fase 3: Depresión y Rendición
La etapa más peligrosa. La víctima está exhausta. Su capacidad de juicio está tan erosionada que empieza a temer expresar cualquier opinión. Asume que su percepción es defectuosa. Se produce una desconexión total con su intuición.
- Pensamiento interno: «Mejor no digo nada porque seguro lo entendí mal. Todo es culpa mía».
- Acción: La víctima se aísla, pierde su alegría vital y adopta la realidad del abusador para sobrevivir. Clínicamente, esto puede confundirse con depresión mayor, cuando en realidad es una respuesta al trauma crónico.
4. Gaslighting Institucional y Médico: Cuando el Sistema Falla
El gaslighting no se limita a la esfera doméstica. Investigaciones recientes han puesto el foco en cómo las instituciones replican estas dinámicas, a menudo con consecuencias letales.
Gaslighting Médico (Medical Gaslighting)
Este fenómeno ocurre cuando los profesionales de la salud desestiman o minimizan los síntomas físicos de un paciente, atribuyéndolos a factores psicológicos sin pruebas suficientes.
- El Sesgo de Género y Raza: Estudios publicados en revistas como The Journal of Law, Medicine & Ethics muestran que las mujeres tienen significativamente más probabilidades de ser diagnosticadas erróneamente con «ansiedad» o «estrés» cuando presentan síntomas de enfermedades cardíacas o autoinmunes. En el caso de mujeres negras en EE. UU. y minorías étnicas en Europa, la subestimación del dolor es aún más aguda.
- Consecuencias: Retrasos en diagnósticos de cáncer, endometriosis (que tarda una media de 7-10 años en diagnosticarse correctamente) y enfermedades raras. El paciente termina desconfiando de su propio cuerpo, creyendo que su dolor es psicosomático cuando es orgánico.
Gaslighting en el Lugar de Trabajo (Mobbing)
En el entorno laboral, el gaslighting es una herramienta de acoso moral sofisticada. A diferencia del bullying directo (insultos), el gaslighting laboral es procedimental.
- Tácticas: Negar acuerdos verbales sobre vacaciones o ascensos, ocultar información necesaria para realizar una tarea y luego culpar al empleado por no saberla, o mover los objetivos (moving the goalposts) sin previo aviso.
- El efecto «Whistleblower»: Cuando un empleado denuncia una irregularidad, la organización puede responder cuestionando su competencia mental o profesional («Últimamente te vemos estresado, tal vez no estás rindiendo bien»), desviando la atención del problema ético hacia la salud mental del denunciante.
5. Neurobiología del Gaslighting: El Cerebro bajo Asedio
¿Qué le ocurre físicamente al cerebro cuando está sometido a una duda constante sobre la realidad? La neurociencia del trauma ofrece respuestas claras.
El gaslighting mantiene a la víctima en un estado de hipervigilancia constante. Esto activa crónicamente la amígdala (el centro de detección de amenazas del cerebro). Con el tiempo, el exceso de cortisol y la ansiedad constante pueden reducir la funcionalidad de la corteza prefrontal, el área responsable de la planificación, la toma de decisiones y la regulación emocional.
El resultado es lo que a menudo se describe como «niebla mental» (brain fog). La víctima literalmente pierde capacidad cognitiva para planificar su huida o analizar la situación con lógica. Además, el abuso emocional afecta al hipocampo, clave para la memoria, lo que irónicamente hace que la víctima tenga más dificultades para recordar detalles precisos de las discusiones, dándole más munición al abusador para decir: «¿Ves? Ni siquiera recuerdas lo que pasó».
6. Diferenciación Crítica: Lo que NO es Gaslighting
Dada la popularización del término, es vital mantener la precisión semántica para no diluir su gravedad.
- Desacuerdos Genuinos: Si dos personas recuerdan un evento de forma diferente, pero ambas están abiertas a dialogar y admiten que la memoria es falible, eso no es gaslighting. Falta el componente de imposición y poder.
- Mentiras Simples: Si alguien miente para evitar un castigo («No me comí tu galleta»), es una mentira, no gaslighting. Se convierte en gaslighting si esa persona te dice: «¿Galleta? Nunca compraste galletas, estás imaginando cosas».
- Conflictos de Opinión: Que alguien no valide tu opinión política o tus gustos no es gaslighting. El gaslighting ataca tu percepción de la realidad fáctica, no tus opiniones subjetivas.
7. Estrategias de Recuperación y «Reality Testing»
Salir de una dinámica de gaslighting es complejo porque la herramienta principal para la toma de decisiones (la propia mente) ha sido comprometida. La recuperación requiere estrategias externas.
La Validación Externa (Reality Testing)
Dado que la brújula interna está rota, la víctima necesita brújulas externas.
- Documentación: Escribir diarios, guardar capturas de pantalla, grabar notas de voz inmediatamente después de los eventos. Esto crea un registro fáctico inmutable ante la duda.
- Terceros Observadores: Compartir las situaciones con amigos de confianza o terapeutas, no para quejarse, sino para calibrar la realidad: «¿Te parece normal esta respuesta?».
La Técnica de la «Piedra Gris» (Grey Rock Method)
Si no es posible el contacto cero inmediato (por ejemplo, en casos de coparentalidad o jefes), los expertos recomiendan esta técnica. Consiste en volverse emocionalmente inerte ante el abusador. Responder con monosílabos, sin defensas, sin explicaciones y sin mostrar emoción. Al negar al gaslighter el «combustible» emocional (la confusión o la ira de la víctima), el abusador suele perder interés, aunque a menudo intentará intensificar el abuso primero (estallido de extinción).
Reconstrucción de la Identidad
La terapia post-gaslighting no solo trata el trauma, sino la reconstrucción del «Yo». Modelos como la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) centrada en el trauma y el EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares) han demostrado eficacia para desactivar las respuestas de miedo condicionadas y ayudar a la persona a volver a confiar en su intuición.
8. Conclusión
El gaslighting es una violación de los derechos humanos fundamentales a nivel micro: el derecho a la propia verdad y a la integridad mental. Reconocerlo es el primer acto de resistencia. Al entender que la confusión que se siente no es un signo de locura, sino la evidencia de que se está siendo manipulado, la víctima puede comenzar a apagar esa luz de gas distorsionada y salir hacia la claridad de su propia vida.
Referencias Sugeridas y Lecturas de Alta Autoridad
Para asegurar la veracidad y profundidad en la investigación de este tema, se recomienda consultar las siguientes fuentes académicas y clínicas:
- Sweet, P. L. (2019). The Sociology of Gaslighting. American Sociological Review. (Este es el estudio clave para entender el contexto social y de poder, más allá de lo individual).
- Stern, R. (2007/2018). The Gaslight Effect: How to Spot and Survive the Hidden Manipulation Others Use to Control Your Life. Harmony Books. (Obra fundamental sobre las fases del abuso).
- Dorpat, T. L. (1996). Gaslighting, the Double Whammy, Interrogation, and Other Methods of Covert Control in Psychotherapy and Analysis. Jason Aronson, Inc. (Análisis clínico profundo).
- Stark, C. A. (2019). Gaslighting, Misogyny, and Psychological Oppression. The Monist (Oxford University Press). (Análisis filosófico y ético sobre cómo el gaslighting oprime la agencia moral).
- Werner, K., et al. (2022). Estudios sobre Medical Gaslighting en pacientes con Endometriosis y Síndrome de Fatiga Crónica, disponibles en PubMed / NIH.
- Sarkis, S. A. (2018). Gaslighting: Recognize Manipulative and Emotionally Abusive People. Da Capo Lifelong Books.
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El poshumanismo en la investigación cualitativa

La investigación cualitativa en psicología ha estado históricamente anclada en paradigmas humanistas e interpretativos que privilegian la subjetividad, la agencia individual y la experiencia vivida como ejes centrales del conocimiento. Sin embargo, en las últimas dos décadas, corrientes filosóficas como el poshumanismo crítico, el postestructuralismo y el realismo agencial (agential realism) han cuestionado esta primacía del sujeto humano autónomo y coherente. Estas perspectivas proponen descentrar al ser humano del centro epistemológico y ontológico, reconociendo que lo “social”, lo “psicológico” y lo “emocional” emergen en redes relacionales que incluyen no solo personas, sino también objetos, tecnologías, prácticas discursivas y fuerzas materiales. Este artículo explora críticamente cómo estas filosofías desafían los fundamentos tradicionales de la investigación cualitativa en psicología, invitando a repensar no solo qué investigamos, sino también cómo, con quién y a través de qué se genera conocimiento.
Introducción: Más allá del sujeto coherente
Durante gran parte del siglo XX, la investigación cualitativa en psicología se erigió como una respuesta crítica al positivismo, recuperando la voz, la narrativa y la experiencia subjetiva como fuentes legítimas de conocimiento. Autores como Giorgi, van Manen, Denzin o Gergen sentaron las bases de una psicología comprensiva, humanista, centrada en el sentido que las personas construyen sobre sus vidas. No obstante, este enfoque, aunque emancipador en muchos sentidos, ha sido acusado de reproducir una visión ilustrada del sujeto: autónomo, coherente, racional y separado del mundo material que lo rodea.
En este contexto, las filosofías poshumanistas no buscan simplemente “añadir” nuevas variables al análisis, sino desarmar ontológicamente la división sujeto/objeto, humano/no humano, agencia/estructura. Como señala Braidotti (2013), el poshumanismo crítico no es una negación de lo humano, sino una reconfiguración de sus límites, condiciones y responsabilidades éticas en un mundo profundamente entrelazado.
1. El cuestionamiento poshumanista al humanismo metodológico
El humanismo metodológico en la investigación cualitativa asume que la experiencia vivida por los participantes es accesible, representable y transferible a través del lenguaje. Se confía en que el investigador puede “capturar” esa experiencia mediante entrevistas, diarios o etnografía. Pero desde el poshumanismo —y particularmente desde el postestructuralismo foucaultiano y deleuziano—, el lenguaje no es un espejo de la realidad subjetiva, sino un dispositivo productor de sujetividades. No hay un “yo” previo al discurso, sino que el sujeto se constituye en y a través de prácticas discursivas, normativas y materiales.
Esto implica que no podemos dar por sentado que una entrevista refleje fielmente la “experiencia del participante”. Más bien, la entrevista es un encuentro performativo que produce ciertos tipos de sujeto y excluye otros. Como plantea Butler (1990), la subjetividad es performativa, no expresiva: no expresa una esencia interior, sino que se constituye a través de repeticiones normativas que están histórica y culturalmente situadas.
Así, la crítica no es solo epistemológica (¿cómo conocemos?), sino ontológica (¿qué es lo que existe y cómo se configura?). La investigación cualitativa no puede limitarse a “dar voz” a los participantes sin interrogar cómo esas voces son posibles en un orden discursivo y material específico.
2. Agencialidad más allá del ser humano: el realismo agencial de Karen Barad
Una de las aportaciones más radicales proviene del realismo agencial (agential realism) de Karen Barad (2007). Barad, física cuántica y teórica feminista, propone una ontología posthumanista en la que la agencia no es una propiedad exclusiva de los seres humanos, sino que emerge en fenómenos intra-activos: configuraciones dinámicas donde humanos, no humanos, discursos, tecnologías y materiales se entrelazan y co-constituyen la realidad.
En este marco, el investigador no “observa” un fenómeno preexistente, sino que participa activamente en su materialización. Por ejemplo, al utilizar una grabadora en una entrevista, no solo registramos una conversación, sino que esa tecnología interviene en la producción del fenómeno que pretendemos estudiar. La grabadora no es un objeto pasivo, sino un agente intra-activo.
Esta idea desafía profundamente la noción de “neutralidad reflexiva” que subyace en muchos diseños cualitativos. No basta con que el investigador declare sus sesgos; se requiere una ética ontológica que reconozca la responsabilidad en la materialización de mundos. Como escribe Barad: “No se trata de representar el mundo, sino de participar responsablemente en su devenir”.
3. Implicaciones metodológicas: de la representación a la experimentación
Frente a estos desafíos, algunos investigadores han propuesto un giro metodológico desde la representación hacia la experimentación o la intervención ontológica. Autores como Michael Hardt, Rosi Braidotti, Stacy Alaimo o Elizabeth St. Pierre han explorado metodologías que:
- Descentran al investigador: reconociendo que el conocimiento se produce en redes heterogéneas, no en una relación jerárquica entre investigador e investigado.
- Incorporan lo no humano: incluyen análisis de objetos, espacios, tecnologías, cuerpos y entornos como actores constitutivos de la experiencia psicológica.
- Abrazan la indeterminación: renuncian a la coherencia narrativa como ideal metodológico, permitiendo lo fragmentario, lo contradictorio y lo inarticulable.
- Ponen en primer plano la ética ontológica: no solo preguntan “¿qué sabemos?”, sino “¿qué mundos estamos ayudando a materializar con nuestras prácticas investigativas?”.
Un ejemplo práctico: en lugar de entrevistar a personas sobre su “experiencia de ansiedad”, un enfoque poshumanista podría rastrear cómo la ansiedad emerge en la interacción entre dispositivos digitales (notificaciones, algoritmos), cuerpos (ritmos cardíacos, niveles de cortisol), prácticas discursivas (“salud mental”, “productividad”) y espacios arquitectónicos (oficinas abiertas, dormitorios con pantallas). La ansiedad no es un estado interno, sino un fenómeno distribuido.
4. Críticas y tensiones: ¿hacia una psicología sin sujeto?
Naturalmente, estas propuestas no están exentas de controversia. Algunos psicólogos cualitativos argumentan que el poshumanismo puede llevar a una despersonalización peligrosa, ignorando las desigualdades concretas que viven las personas. Otros advierten que, al disolver la noción de agencia humana, se debilita la base ética para la justicia social.
Sin embargo, los defensores del poshumanismo crítico responden que no se trata de negar la agencia humana, sino de reconfigurarla en términos relacionales y distribuidos. Como señala Braidotti, el sujeto poshumano no es menos ético, sino diferentemente ético: su responsabilidad se extiende más allá de lo humano, hacia los ecosistemas, las tecnologías y las futuras generaciones.
Además, el poshumanismo no es homogéneo. Existen múltiples vertientes —desde el poshumanismo especulativo hasta el ecofeminismo materialista— que ofrecen caminos diversos para repensar la investigación cualitativa sin caer en el determinismo tecnológico o la apatía política.
Conclusión: Hacia una investigación cualitativa transespecie, transmaterial y transdiscursiva
La crítica poshumanista no busca reemplazar los enfoques humanistas, sino complejizarlos. Invita a la psicología cualitativa a abandonar la ficción del sujeto autónomo y a reconocer que todo acto de conocimiento es una práctica material-discursiva que configura mundos. En un momento histórico marcado por la crisis ecológica, la inteligencia artificial y la hiperconectividad digital, esta expansión del foco investigativo no es un lujo teórico, sino una necesidad ética y epistemológica.
La investigación cualitativa del futuro no se limitará a escuchar voces humanas, sino que aprenderá a rastrear agenciamientos colectivos, a mapear entrelazamientos materiales y a habitar ontologías múltiples. En este proceso, la psicología no perderá su compromiso con lo humano, sino que lo redefinirá en relación con todo aquello que lo constituye, lo desborda y lo desafía.
Referencias
- Barad, K. (2007). Meeting the Universe Halfway: Quantum Physics and the Entanglement of Matter and Meaning. Duke University Press.
- Braidotti, R. (2013). The Posthuman. Polity Press.
- Butler, J. (1990). Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity. Routledge.
- St. Pierre, E. A. (2019). Materialism, new materialisms, and critical qualitative inquiry. En N. K. Denzin & Y. S. Lincoln (Eds.), The SAGE Handbook of Qualitative Research (6th ed., pp. 163–177).
- Alaimo, S. (2010). Bodily Natures: Science, Environment, and the Material Self. Indiana University Press.
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El libro Inteligencia emocional de D. Goleman: ¿Revolución psicológica o espejismo de autoayuda?

Autor: Daniel Goleman
Publicación original: 1995 (Bantam Books, EE. UU.)
Género: Psicología popular / Neurociencia aplicada / Desarrollo personal
Idioma original: Inglés
Traducción al español: Disponible desde 1996; múltiples ediciones revisadas
Contexto histórico y propósito del libro
Inteligencia emocional irrumpió en 1995 con una propuesta audaz: el coeficiente intelectual (CI) no es el principal predictor del éxito en la vida. En su lugar, Goleman argumentó que la capacidad de reconocer, entender, regular y utilizar las emociones —tanto propias como ajenas— es más determinante para el bienestar personal, las relaciones, el liderazgo y el rendimiento laboral.
El libro se basó en décadas de investigación en psicología cognitiva, neurociencia afectiva y desarrollo infantil, en particular en el trabajo de Peter Salovey y John D. Mayer, quienes acuñaron el término “inteligencia emocional” (IE) en un artículo académico de 1990. Goleman, doctor en psicología por Harvard y exreportero del New York Times, no fue el creador del concepto, pero sí su gran popularizador.
Su objetivo declarado era traducir hallazgos científicos complejos para un público general, algo que logró con contundencia: el libro se mantuvo más de un año en la lista de bestsellers del New York Times, ha vendido más de 5 millones de copias en todo el mundo (según datos de la editorial Bantam) y ha sido traducido a más de 40 idiomas.
Estructura y contenido clave
El libro se divide en cinco partes:
- El cerebro emocional: Explica la neuroanatomía de las emociones, destacando el papel del amígdala como centro de alerta rápida, y su interacción con el neocórtex, sede del pensamiento racional. Aquí introduce el concepto de “secuestro emocional”, cuando las emociones intensas anulan la razón.
- La naturaleza de la inteligencia emocional: Define cinco competencias clave:
- Autoconocimiento emocional
- Regulación emocional
- Automotivación
- Empatía
- Habilidades sociales
- Aplicaciones prácticas: Cómo la IE influye en el matrimonio, la crianza, el liderazgo y la educación.
- Niños y emociones: Propone la necesidad de una “alfabetización emocional” en las escuelas.
- Impacto social: Analiza cómo la falta de IE contribuye a la violencia, la ansiedad y la deshumanización en la vida moderna.
Goleman apoya sus argumentos con estudios reales: el famoso experimento del “malvavisco” de Walter Mischel (1960s), investigaciones de Antonio Damasio sobre emociones y toma de decisiones, y datos de la Universidad de Yale sobre programas de educación emocional.
Fortalezas del libro
1. Divulgación científica de alta calidad
A diferencia de muchos libros de autoayuda, Inteligencia emocional se basa en investigaciones reales. Goleman cita de forma responsable a neurocientíficos, psicólogos y educadores. Su explicación del circuito entre amígdala y corteza prefrontal sigue siendo citada en textos introductorios de neurociencia afectiva.
2. Impacto educativo y organizacional real
El libro impulsó la creación de programas de educación socioemocional (SEL) en escuelas de EE. UU., Europa y Latinoamérica. Organizaciones como CASEL (Collaborative for Academic, Social, and Emotional Learning) surgieron o se expandieron en parte gracias a su influencia. Hoy, más de 160 países incluyen algún tipo de educación emocional en sus currículos, según la UNESCO (2021).
En el ámbito corporativo, la IE se convirtió en un criterio clave en selección de personal y liderazgo. Estudios posteriores (como los de la consultora Hay/McBer) confirmaron que los líderes con alta IE tienen equipos más productivos y comprometidos.
3. Humanización del éxito
Goleman desplazó el foco del “éxito racional” al “éxito humano”, integrando empatía, autorregulación y ética en la definición de competencia. Esto marcó un antes y un después en la cultura empresarial y educativa.
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Críticas y limitaciones
1. Dilución del concepto científico
Aunque Salovey y Mayer definieron la IE como una habilidad cognitiva medible (como la capacidad de percibir matices emocionales o usar emociones para guiar el pensamiento), Goleman la expandió a un conjunto de rasgos de personalidad y competencias blandas (como la motivación o el liderazgo). Esto generó confusión.
Muchos psicólogos, incluido John D. Mayer, han criticado esta “ampliación excesiva”, argumentando que diluye la IE hasta convertirla en sinónimo de “ser una buena persona”, lo que dificulta su medición objetiva.
2. Sobreestimación de su poder predictivo
Goleman sugiere que la IE puede explicar hasta el 80 % del éxito en la vida (una cifra que cita en entrevistas y en ediciones posteriores). Esta afirmación no está respaldada por evidencia científica sólida. Metaanálisis posteriores (como el de Joseph & Newman, 2010) muestran que, aunque la IE predice ciertos resultados (como desempeño laboral en roles interpersonales), su efecto es modesto y no sustituye al CI ni a otros factores (experiencia, oportunidad, contexto socioeconómico).
3. Falta de instrumentos estandarizados en su momento
En 1095, no existían pruebas validadas de IE ampliamente aceptadas. Hoy existen, como el MSCEIT (basado en el modelo de Salovey-Mayer), pero el modelo de Goleman se mide con autoinformes (como el EQ-i), que son sensibles al sesgo de autopercepción. Esto limita su utilidad en contextos de selección objetiva.
4. Tono ocasionalmente alarmista
En capítulos sobre juventud y violencia, Goleman pinta un panorama catastrófico del “empobrecimiento emocional” de la sociedad moderna, sin suficiente análisis de factores estructurales (desigualdad, acceso a salud mental, etc.). Algunos críticos lo acusan de psicologizar problemas sociales complejos.
Legado y recepción actual (2025)
A casi 30 años de su publicación, Inteligencia emocional sigue siendo un texto fundacional en psicología popular. No aparece actualmente entre los libros de psicología más vendidos en diciembre de 2025 (según Amazon Global, Nielsen y listas del New York Times), pero su influencia es omnipresente: términos como “gestión emocional”, “empatía cognitiva” o “resiliencia emocional” se han integrado al lenguaje cotidiano, en gran parte gracias a este libro.
Ha sido citado en miles de artículos académicos (más de 35 000 veces en Google Scholar, según datos de 2024) y sigue siendo leído en cursos de psicología, educación y administración.
Sin embargo, la ciencia ha evolucionado: hoy se distinguen claramente entre:
- IE habilidad (medible, cognitiva)
- IE rasgo (autopercepción de competencias emocionales)
- Competencias emocionales (aplicadas en contextos laborales)
Goleman ha actualizado su enfoque en libros posteriores (Liderazgo emocionalmente inteligente, Focus), mostrando una evolución respetuosa con la ciencia.
Conclusión: Un clásico con méritos y exageraciones
Inteligencia emocional no es un manual técnico, ni pretende serlo. Es una síntesis ambiciosa y accesible que logró algo raro: cambiar la forma en que millones de personas entienden sus emociones y su valor. Aunque algunas de sus afirmaciones han sido matizadas o cuestionadas por la ciencia posterior, su núcleo —que las emociones importan tanto como el pensamiento— sigue siendo válido y esencial.
Calificación: ★★★★☆ (4.5/5)
No es perfecto, pero es transformador.Recomendado para:
- Educadores, padres y terapeutas que buscan comprender el papel de las emociones en el desarrollo humano.
- Profesionales de recursos humanos, líderes y equipos que quieren mejorar la comunicación y la cultura organizacional.
- Cualquier lector interesado en psicología, neurociencia o autoconocimiento con espíritu crítico (para distinguir lo sólido de lo especulativo).
No recomendado para:
- Quienes buscan un libro de autoayuda con recetas rápidas.
- Investigadores que necesiten un análisis técnico de modelos de IE (mejor acudir a Salovey, Mayer o Brackett).
Fuentes verificables:
- Goleman, D. (1995). Emotional Intelligence. Bantam Books.
- Salovey, P., & Mayer, J. D. (1990). «Emotional Intelligence». Imagination, Cognition and Personality.
- Mayer, J. D., et al. (2008). «Emotional Intelligence: New Ability or Eclectic Traits?» American Psychologist.
- CASEL (2023). Informes anuales sobre educación socioemocional.
- Joseph, D. L., & Newman, D. A. (2010). «Emotional Intelligence: An Integrative Meta-Analysis». Journal of Applied Psychology.
- UNESCO (2021). Guía global para la implementación de la educación emocional.
- Google Scholar (acceso público, datos de citación verificados en diciembre 2025).
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Efecto Dunning-Kruger: Comprendiendo la Ignorancia

¿Alguna vez ha tenido la sensación de que alguien con muy pocos conocimientos sobre un tema habla con una seguridad abrumadora, como si fuera un experto indiscutible? A la inversa, ¿ha notado que algunas personas altamente competentes dudan de sí mismas o minimizan sus logros? Este fenómeno psicológico no es casualidad ni simple arrogancia: tiene nombre, explicación científica y consecuencias reales en la vida cotidiana, la política, la salud y la educación. Se conoce como el efecto Dunning-Kruger.
En este artículo exploraremos en profundidad este sesgo cognitivo: su origen, su mecanismo psicológico, su impacto en distintos ámbitos de la vida y, sobre todo, cómo podemos protegernos de caer en él —tanto en nosotros mismos como al interpretar las opiniones de otros.
¿Qué es el efecto Dunning-Kruger?
El efecto Dunning-Kruger es un sesgo metacognitivo en el que las personas con baja competencia en un dominio específico sobreestiman sistemáticamente su habilidad, mientras que aquellas con alta competencia tienden a subestimarla. Este fenómeno fue identificado y documentado en 1999 por los psicólogos sociales David Dunning y Justin Kruger en un estudio publicado en el Journal of Personality and Social Psychology.
En sus experimentos, Dunning y Kruger evaluaron a participantes en áreas como gramática, lógica y sentido del humor. Luego les pidieron que autoevaluaran su desempeño. Los resultados fueron reveladores: los participantes con los peores resultados no solo obtuvieron puntuaciones bajas, sino que creían haberlo hecho mucho mejor de lo que realmente fue. Al mismo tiempo, los de mayor rendimiento tendían a pensar que su desempeño era solo “promedio”.
Mecanismo psicológico subyacente
La clave del efecto Dunning-Kruger radica en una falta de metacognición: la capacidad de reflexionar sobre los propios procesos mentales y evaluar con precisión nuestras fortalezas y debilidades.
Quien carece de conocimientos en un área no posee los criterios necesarios para reconocer su propia incompetencia. Es como un principiante en pintura que no distingue entre una obra maestra y un garabato: su falta de experiencia le impide juzgar la calidad del trabajo —incluido el suyo propio.
Este déficit no es intencional ni necesariamente ligado a la inteligencia general; es una consecuencia natural de la ignorancia sobre la ignorancia. Como escribieron Dunning y Kruger:
“No solo son incompetentes; su incompetencia les roba la capacidad de darse cuenta de que lo son”.
Por otro lado, las personas con mayor conocimiento suelen ser más conscientes de la complejidad del campo, de los matices y de lo que aún desconocen. Esta conciencia genera humildad, no inseguridad patológica, sino una evaluación más realista de sus capacidades.
Manifestaciones cotidianas del efecto
El efecto Dunning-Kruger se observa en múltiples contextos:
- Redes sociales: Usuarios que expresan opiniones rotundas sobre ciencia, economía o medicina sin formación alguna, a menudo con más convicción que expertos.
- Entornos laborales: Empleados que se consideran sobresalientes a pesar de malas evaluaciones de desempeño, o que rechazan retroalimentación constructiva.
- Educación: Estudiantes que, tras una lectura superficial, creen dominar un tema complejo como la filosofía o la estadística.
- Salud: Pacientes que desestiman recomendaciones médicas basadas en artículos de internet o en experiencias anecdóticas.
- Política: Ciudadanos que confían plenamente en sus juicios sobre sistemas electorales, geopolítica o economía, sin comprender sus fundamentos.
Curiosamente, el efecto no es exclusivo de personas de bajo nivel intelectual. Puede aparecer en cualquiera cuando se aventura en un campo ajeno a su especialidad.
El “valle de la desesperación” y la curva del aprendizaje
Una forma útil de visualizar el efecto Dunning-Kruger es a través de la curva del aprendizaje metacognitivo:
- Fase 1: Monte de la ilusión
Poca experiencia + alta confianza. Aquí se ubica el efecto Dunning-Kruger en su máxima expresión. - Fase 2: Valle de la desesperación
Al adquirir más conocimientos, la persona se da cuenta de cuánto desconoce. La confianza cae bruscamente, a veces generando frustración o síndrome del impostor. - Fase 3: Pendiente de la sabiduría
Con mayor dominio, la persona recupera la confianza, pero ahora basada en competencia real y en una evaluación precisa de sus límites.
Este modelo ilustra por qué la educación y la exposición a la complejidad real de un tema son esenciales para superar la ilusión de competencia.
¿Cómo contrarrestar el efecto Dunning-Kruger?
1. Fomentar la humildad intelectual
Reconocer que “no sé” es el primer paso hacia el conocimiento. La humildad intelectual implica estar dispuesto a revisar nuestras creencias ante nueva evidencia.
2. Buscar retroalimentación externa
La autoevaluación es notoriamente poco fiable en contextos de baja competencia. La evaluación de pares, mentores o expertos proporciona una perspectiva objetiva.
3. Aprender sobre los límites del conocimiento
La educación no solo transmite contenidos, sino también epistemología: cómo se construye el conocimiento, qué es la evidencia y por qué el consenso científico importa.
4. Practicar el pensamiento crítico
Cuestionar no solo lo que dicen los demás, sino también nuestras propias conclusiones. Preguntas como “¿en qué me baso para afirmar esto?” o “¿qué evidencia contradice mi postura?” son poderosas herramientas metacognitivas.
5. Evitar la polarización cognitiva
En entornos donde se recompensa la certeza absoluta (como ciertos espacios en redes sociales), el efecto Dunning-Kruger se amplifica. Cultivar espacios donde se valore la duda razonable es crucial.
El efecto Dunning-Kruger y la psicología contemporánea
Desde su formulación, el efecto ha sido replicado en múltiples culturas y dominios. Sin embargo, investigaciones posteriores matizan su alcance. Por ejemplo, un metaanálisis de Kruger y Dunning (2002) y estudios más recientes (Pennycook et al., 2017) sugieren que el efecto es más pronunciado en tareas que requieren habilidades analíticas o técnicas, no tanto en juicios subjetivos o de gusto personal.
Además, la sobreconfianza no es exclusiva de los menos competentes: incluso expertos pueden caer en sesgos de confirmación o exceso de confianza en su campo. La diferencia radica en que los expertos suelen tener mecanismos correctivos (revisión por pares, metodología científica) que los novatos carecen.
Conclusión
El efecto Dunning-Kruger no es una crítica a la “ignorancia” como defecto moral, sino una advertencia sobre los límites de la percepción humana. Nos recuerda que la competencia no solo consiste en saber, sino en saber cuánto no se sabe.
En una era de información hiperabundante y desinformación sistematizada, comprender este sesgo cognitivo es más relevante que nunca. Nos permite ser más compasivos con quienes yerran por desconocimiento, más críticos con nuestras propias certezas y más abiertos al aprendizaje continuo.
Como escribió el filósofo Sócrates, cuya famosa frase “solo sé que no sé nada” anticipa en siglos este hallazgo psicológico moderno: el verdadero conocimiento comienza con el reconocimiento de la ignorancia.
Fuentes
- Dunning, D., & Kruger, J. (1999). Unskilled and unaware of it: How difficulties in recognizing one’s own incompetence lead to inflated self-assessments. Journal of Personality and Social Psychology, 77(6), 1121–1134. https://doi.org/10.1037/0022-3514.77.6.1121
- Kruger, J., & Dunning, D. (2002). Unskilled and unaware—but why? A reply to Krueger and Mueller (2002). Journal of Personality and Social Psychology, 82(2), 189–192.
- Pennycook, G., Ross, R. M., Koehler, D. J., & Fugelsang, J. A. (2017). Dunning-Kruger effects in reasoning: Theoretical implications of the failure to recognize incompetence. Psychonomic Bulletin & Review, 24, 1585–1592. https://doi.org/10.3758/s13423-017-1246-9
- Ehrlinger, J., Johnson, K., Banner, M., Dunning, D., & Kruger, J. (2008). Why the unskilled are unaware: Further explorations of (absent) self-insight among the incompetent. Organizational Behavior and Human Decision Processes, 105(1), 98–121. https://doi.org/10.1016/j.obhdp.2007.05.002
- Socrates (apud Platón). Apología de Sócrates. (Trad. clásica).
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La Fortaleza Tranquila: Herramientas del Estoicismo para el Caos Moderno

Vivimos en la era de la distracción y la ansiedad perpetua, bombardeados por notificaciones y crisis globales que escapan a nuestro control. En este contexto, el estoicismo no es una reliquia polvorienta de la antigua Roma, sino un «sistema operativo» mental urgentemente necesario. Lejos del cliché del hombre insensible que reprime sus emociones, el estoicismo moderno —respaldado por la psicología cognitiva conductual (TCC)— ofrece un conjunto de herramientas prácticas para distinguir lo que podemos cambiar de lo que no. Este artículo de 2000 palabras explora cómo aplicar la sabiduría de Epicteto y Marco Aurelio para blindar tu mente contra el estrés del siglo XXI, basándose en la investigación contemporánea de autores como Donald Robertson y Massimo Pigliucci.
1. Más que estatuas de mármol: El renacimiento científico del estoicismo
A menudo, cuando pensamos en un «estoico», imaginamos a alguien con el labio superior rígido, incapaz de sentir dolor o alegría, similar al Sr. Spock de Star Trek. Esta es una interpretación errónea (con mayúsculas) que la filosofía moderna y la psicología han trabajado duro para corregir.
El estoicismo no trata de eliminar las emociones, sino de domesticarlas. La premisa central es que no son los eventos externos los que nos perturban, sino nuestros juicios sobre ellos. Si esto te suena familiar, es porque es la base fundacional de la Terapia Cognitiva Conductual (TCC), la forma de psicoterapia con mayor respaldo empírico en la actualidad.
Investigadores y psicoterapeutas como Donald Robertson han documentado exhaustivamente cómo los fundadores de la TCC, Aaron Beck y Albert Ellis, se inspiraron directamente en los textos estoicos. Estudios recientes llevados a cabo por la organización Modern Stoicism (en colaboración con investigadores de la Universidad de Exeter) han mostrado que participar en la «Semana Estoica» —un programa de entrenamiento inmersivo— reduce las emociones negativas en un 14% y aumenta la satisfacción con la vida en un 13% en solo siete días.
No estamos hablando de autoayuda barata; estamos hablando de una higiene mental validada tanto por emperadores romanos como por estudios clínicos modernos.
2. La Herramienta Maestra: La Dicotomía del Control
Si solo te llevaras una idea de todo el canon estoico, debería ser esta. Epicteto, el esclavo convertido en filósofo, abre su Manual (Enquiridión) con una distinción brutalmente simple:
«De las cosas, unas dependen de nosotros, y otras no dependen de nosotros.»
Parece obvio, pero nuestra ansiedad moderna proviene casi exclusivamente de ignorar esta regla.
Lo que depende de ti (La Esfera de Elección)
- Tus juicios y opiniones.
- Tus valores y objetivos.
- Tu propia conducta y acciones en el momento presente.
Lo que NO depende de ti
- La opinión de los demás (likes, críticas, chismes).
- El resultado final de tus proyectos (puedes esforzarte al máximo, pero el mercado/clima/suerte decide).
- Tu salud (puedes comer bien, pero enfermar igual).
- El pasado y el futuro.
Aplicación Práctica: Imagina que estás atrapado en un atasco de tráfico y llegas tarde a una reunión importante.
- Enfoque no estoico: Golpeas el volante, insultas al conductor de delante, te llenas de cortisol y piensas «esto es un desastre, mi jefe me va a matar». Resultado: Llegas tarde y furioso.
- Enfoque estoico (Dicotomía): Analizas la situación. ¿El tráfico está bajo mi control? No. ¿Qué está bajo mi control? Mi reacción. Puedo llamar para avisar, escuchar un podcast educativo o practicar ejercicios de respiración. Resultado: Llegas tarde, pero tranquilo y con la mente clara para disculparte profesionalmente.
La calma mental surge cuando retiramos nuestra inversión emocional de las cosas que no controlamos.
3. Premeditatio Malorum: La vacuna contra la adversidad
La visualización positiva («piensa que todo saldrá bien y el universo te lo dará») es popular, pero frágil. ¿Qué pasa cuando las cosas salen mal? El golpe es devastador porque no estabas preparado.
Los estoicos proponen lo contrario: la Visualización Negativa o Premeditatio Malorum.
Esta técnica consiste en imaginar, brevemente y con detalle, los peores escenarios posibles antes de que ocurran. No para volverse pesimista o depresivo, sino para:
- Reducir el impacto del shock: Si ya has contemplado que podrías perder tu empleo, el día que recibes la carta de despido, el golpe es menos paralizante.
- Aumentar la gratitud: Al imaginar que has perdido a un ser querido o tu salud, cuando abres los ojos y ves que siguen ahí, sientes una oleada genuina de aprecio.
Cómo hacerlo sin ansiedad: Por la mañana, dedica dos minutos a pensar en tu día. Pregúntate: «¿Qué podría salir mal?». Quizás el tren se retrase, quizás un cliente sea grosero. Visualízate enfrentando esos problemas con calma y virtud. Como decía Séneca: «Lo que la fortuna no ha tomado por sorpresa, lo aplasta menos».
4. La Disciplina del Asentimiento: Hackeando tus juicios
Nuestra mente es una máquina de generar juicios automáticos. Vemos a alguien fruncir el ceño y pensamos: «Está enfadado conmigo». Sentimos un dolor en el pecho y pensamos: «Es un infarto».
El estoicismo nos enseña la Disciplina del Asentimiento. Esto significa que no debemos aceptar nuestros pensamientos iniciales como hechos absolutos. Debemos detenernos y examinarlos.
El psicólogo y filósofo Massimo Pigliucci explica que entre el estímulo (lo que pasa) y la respuesta (lo que haces), existe un espacio. Ese espacio es tu libertad.
Una técnica útil es hablarse a uno mismo en segunda persona o desglosar el evento a sus componentes físicos, eliminando los adjetivos emocionales.
- Pensamiento automático: «¡Este vino caro se ha derramado en mi alfombra nueva, es una catástrofe!»
- Reanálisis estoico: «Líquido fermentado de uva ha caído sobre un tejido de lana. Es una mancha. Se puede limpiar o la alfombra se puede tirar. No es una catástrofe, es física.»
Al describir la realidad de manera objetiva («Phantasia Kataleptike»), le quitamos el poder de herirnos.
5. La Vista desde Arriba (The View from Above)
Cuando nuestros problemas parecen insuperables, a menudo es porque hemos perdido la perspectiva. Estamos demasiado cerca del lienzo.
La «Vista desde Arriba» es un ejercicio meditativo recomendado por Marco Aurelio. Consiste en visualizarte a ti mismo desde el techo de tu habitación, luego elevarte sobre tu ciudad, tu país, el continente, y finalmente ver la Tierra como un pequeño punto azul pálido en la inmensidad del cosmos.
Desde esta altura, el correo electrónico agresivo de tu jefe o la mancha en tu camisa pierden su gravedad. No somos el centro del universo. Esta humildad cósmica no busca hacernos sentir insignificantes, sino liberarnos del peso de nuestro propio ego. Nos conecta con la «Cosmópolis», la comunidad universal de la humanidad, recordándonos que nuestros problemas son comunes y pasajeros.
6. Conclusión: El guerrero interior en el jardín de la mente
El estoicismo moderno no es una varita mágica que elimina los problemas de la vida. Es una armadura. Al practicar estas herramientas, no dejas de sentir emociones, pero dejas de ser su esclavo. Te conviertes en un «guerrero de la mente», capaz de mantener la serenidad en medio del caos, no por indiferencia, sino por una comprensión profunda de lo que realmente importa.
Como escribió Marco Aurelio en sus Meditaciones —probablemente escritas en una tienda de campaña, rodeado de guerra y plagas—: «Tienes poder sobre tu mente, no sobre los acontecimientos externos. Date cuenta de esto, y encontrarás la fuerza».
Referencias Sugeridas
Para validar la conexión entre el estoicismo, la psicología moderna y la eficacia de estas herramientas, se recomienda consultar las siguientes fuentes de autoridad:
- Robertson, D. (2010). The Philosophy of Cognitive-Behavioural Therapy (CBT): Stoic Philosophy as Rational and Cognitive Psychotherapy. Karnac Books. (Obra fundamental que traza la línea directa entre el estoicismo y la evidencia clínica de la TCC).
- Pigliucci, M. (2017). How to Be a Stoic: Using Ancient Philosophy to Live a Modern Life. Basic Books. (Una guía accesible escrita por un filósofo y biólogo evolutivo).
- Epictetus. Enchiridion (Manual). (La fuente primaria esencial para la Dicotomía del Control).
- Modern Stoicism (Org). Stoic Week Report. (Informes anuales que recopilan datos empíricos sobre el bienestar de miles de participantes que practican estoicismo).
- Irvine, W. B. (2009). A Guide to the Good Life: The Ancient Art of Stoic Joy. Oxford University Press. (Introduce la técnica de la visualización negativa al público moderno).
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¿Influye la menopausia en la dinámica de pareja?

existe una relación significativa entre la menopausia y la dinámica de pareja, aunque su impacto no es uniforme ni determinista. La menopausia —entendida como una transición biopsicosocial— puede influir en la relación de pareja de múltiples maneras, tanto positivas como desafiantes, dependiendo de factores individuales, contextuales y relacionales. A continuación, se presenta un análisis integrador, desde una perspectiva psicológica y biopsicosocial, que equilibra la evidencia científica con una mirada clínica centrada en el bienestar relacional.
1. Menopausia: más allá de los síntomas físicos
La menopausia no es únicamente un cese de la menstruación; es un proceso de transición que implica cambios hormonales (especialmente en los niveles de estrógenos y progesterona), que a su vez afectan el estado emocional, la energía, la autoimagen, la sexualidad y la percepción del envejecimiento. Estos cambios no ocurren en el vacío: interactúan con el entorno relacional, las expectativas culturales, la historia de la pareja y los recursos psicológicos disponibles.
2. Dimensiones en las que la menopausia puede influir en la relación de pareja
a) Cambios en la sexualidad
Uno de los efectos más documentados de la menopausia es la disminución del deseo sexual, la lubricación vaginal y, en algunos casos, el dolor durante el coito (dispareunia). Estos síntomas pueden generar frustración, incomodidad o evitación de la intimidad física. Sin embargo, no todas las mujeres experimentan una caída del deseo: para algunas, la desaparición del miedo al embarazo o la liberación de roles reproductivos puede incluso aumentar la satisfacción sexual.
Lo crucial aquí no es tanto la presencia de síntomas, sino cómo la pareja comunica, negocia y adapta su intimidad. Parejas con buena comunicación emocional suelen encontrar formas alternativas de conexión íntima, más allá del coito.
b) Alteraciones del estado de ánimo
Los cambios hormonales pueden predisponer a fluctuaciones emocionales, irritabilidad, ansiedad o síntomas depresivos. Aunque no todos están directamente causados por la menopausia (factores como el estrés vital, la historia previa de trastornos del ánimo o el contexto social son mediadores importantes), estos estados emocionales pueden afectar la calidad de la interacción diaria con la pareja.
Si la pareja interpreta estos cambios como “caprichos” o “mal humor”, en lugar de comprenderlos como parte de una transición compleja, puede instalarse un clima de distanciamiento o resentimiento.
c) Reevaluación vital y de roles
La menopausia suele coincidir con otras transiciones vitales: los hijos que se van de casa (síndrome del nido vacío), cambios laborales, o el cuidado de los padres envejecidos. Esta etapa puede ser un momento de reevaluación existencial: ¿Quién soy ahora? ¿Qué quiero de mi vida y de mi relación?
En parejas con una base sólida, esta reevaluación puede ser una oportunidad para reconectar con proyectos compartidos o redescubrir aspectos del otro. En parejas con conflictos no resueltos, puede exacerbar tensiones o revelar desalineaciones profundas.
d) Autoimagen y envejecimiento
La menopausia está culturalmente asociada al envejecimiento, lo que puede activar inseguridades corporales o miedos al rechazo. Si la mujer internaliza estereotipos negativos sobre la vejez o la sexualidad femenina posmenopáusica, puede retraerse emocional o físicamente. Por su parte, la pareja también puede tener sus propias creencias inconscientes sobre la atracción y la edad, lo que influye en la dinámica de deseo mutuo.
3. Factores protectores: ¿Qué sostiene la relación en esta etapa?
La investigación sugiere que la calidad previa de la relación es el mejor predictor de cómo se atraviesa la menopausia en pareja. Aquellas con:
- Comunicación abierta y empática
- Flexibilidad en los roles y expectativas
- Capacidad de co-regulación emocional
- Historia de resolución colaborativa de conflictos
…tienen mayor probabilidad de transformar los desafíos menopáusicos en oportunidades de profundización relacional.
Además, el apoyo instrumental y emocional del compañero/a —como validar la experiencia, participar en consultas médicas si se desea, o adaptar ritmos de vida— actúa como un amortiguador del estrés asociado a la transición.
4. Perspectiva de tercera generación: aceptación y compromiso
Desde las psicologías de tercera generación, como la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), no se trata de “arreglar” los síntomas menopáusicos, sino de vivir en coherencia con los valores personales y relacionales, aun en presencia de incomodidad física o emocional.
Por ejemplo, si uno de los valores de la mujer es “estar presente con su pareja”, puede comprometerse con prácticas de conexión (conversaciones profundas, actividades compartidas) incluso cuando no se siente sexualmente disponible. Esto evita que la relación quede atrapada en una lógica de “funcionalidad sexual = amor”.
5. Recomendaciones clínicas y prácticas
- Normalizar la experiencia: Muchas mujeres se sienten solas o avergonzadas. Hablar de la menopausia sin tabúes es el primer paso.
- Evaluación integral: No todo es hormonal. Es clave diferenciar qué síntomas son fisiológicos, qué parte responde a factores psicológicos o relacionales.
- Incluir a la pareja en el proceso: No como “solución”, sino como aliado en la adaptación.
- Terapia de pareja, si es necesario: Especialmente si ya existían tensiones o si la comunicación se ha deteriorado.
- Educación sexual posmenopáusica: El uso de lubricantes, dilatadores, o incluso terapia hormonal local (bajo supervisión médica) puede restaurar la comodidad íntima.
Conclusión
La menopausia no deteriora necesariamente la relación de pareja; más bien, la pone a prueba y revela su resiliencia. En contextos de apoyo, empatía y flexibilidad, puede incluso fortalecerla, abriendo espacios para una intimidad más auténtica, menos centrada en la reproducción y más en la conexión humana plena. La clave no está en evitar los cambios, sino en navegarlos juntos, con curiosidad, respeto y compromiso mutuo.
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Procrastinación y Productividad: Por Qué Dejamos las Cosas para Después

La procrastinación es una de las experiencias más universales y frustrantes de la vida adulta. A menudo la confundimos con pereza, pero la investigación psicológica moderna ofrece una respuesta concisa y sorprendente: la procrastinación no es un problema de gestión del tiempo, es un problema de gestión de las emociones. Es un fallo en la autorregulación. No posponemos una tarea porque seamos perezosos, sino porque la tarea nos hace sentir mal (nos genera ansiedad, aburrimiento, inseguridad o miedo al fracaso) y buscamos un alivio inmediato a ese sentimiento negativo.
La Verdadera Psicología de la Procrastinación
Durante décadas, la procrastinación se trató como un fallo moral o una simple falta de disciplina. Sin embargo, la investigación psicológica, especialmente la de la Dra. Fuschia Sirois y el Dr. Tim Pychyl, la redefine como un mecanismo de evasión emocional.
El Círculo Vicioso de la Procrastinación
El proceso suele ser el siguiente:
- Activador: Te enfrentas a una tarea que percibes como desagradable, difícil, ambigua o amenazante para tu autoestima (por ejemplo, un informe importante, estudiar para un examen, hacer una llamada difícil).
- Emoción Negativa: Esta tarea activa sentimientos de ansiedad, miedo al fracaso, aburrimiento o resentimiento.
- La Evasión (Procrastinación): Para «reparar» tu estado de ánimo a corto plazo, evitas la tarea y la sustituyes por una actividad más placentera (redes sociales, ver una serie, limpiar).
- Alivio Temporal: Sientes un alivio inmediato al no tener que enfrentarte a la emoción negativa.
- La Consecuencia: Más tarde, el alivio desaparece y es reemplazado por sentimientos de culpa, vergüenza y un aumento del estrés, ya que la tarea sigue pendiente y ahora hay menos tiempo para hacerla. Este estrés adicional hace que la tarea sea aún más aversiva la próxima vez.
Causas Comunes en el Adulto Joven (20-40 años)
En esta etapa vital, la procrastinación suele estar ligada a:
- Miedo al Fracaso/Éxito: El miedo a no cumplir con las altas expectativas (propias o ajenas) es paralizante. A veces, también existe un miedo inconsciente al éxito y a las responsabilidades que este conlleva.
- Perfeccionismo: «Si no puedo hacerlo perfectamente, prefiero no hacerlo». El perfeccionista pospone la tarea para evitar la inevitable imperfección del proceso.
- Tareas Abrumadoras (Parálisis por Análisis): El proyecto es tan grande o ambiguo («actualizar mi currículum», «crear un plan de negocio») que no se sabe por dónde empezar.
- Baja Conexión con la Tarea: La tarea se percibe como irrelevante o desconectada de los valores personales, lo que dificulta encontrar la motivación intrínseca.
Estrategias Basadas en Evidencia para la Productividad Sostenible
La solución a la procrastinación no es «forzarse más», sino crear sistemas que reduzcan la fricción emocional para empezar.
1. Manejar la Emoción, no la Tarea
El primer paso es reconocer que el objetivo no es querer hacer la tarea, sino simplemente hacerla a pesar de no tener ganas.
- Sé Compasivo Contigo Mismo: La autocrítica alimenta el ciclo de la procrastinación. Estudios demuestran que la autocompasión (reconocer que es difícil y no culparse) reduce la procrastinación futura.
- Identifica el Sentimiento: En lugar de huir, pregúntate: «¿Qué emoción me genera esta tarea? ¿Ansiedad? ¿Aburrimiento?». Ponerle nombre reduce su poder.
2. Reducir la Tarea a su Mínima Expresión
El cerebro ama las tareas pequeñas y definidas.
- La Regla de los 2 Minutos: Inspirada en el libro Atomic Habits de James Clear. Si una tarea toma menos de dos minutos, hazla inmediatamente. Para tareas más grandes, aplica una versión modificada: reduce la tarea a algo que te tome solo dos minutos empezar. (Ej: «Preparar el informe» se convierte en «Abrir el documento y escribir el título»).
- «Chunking» (Dividir): Desglosa las tareas abrumadoras en «micro-tareas». «Escribir el informe» se convierte en: 1. Investigar datos. 2. Escribir el esquema. 3. Redactar la introducción. 4. Etc.
3. Herramientas de Enfoque y Priorización
- La Técnica Pomodoro: No es solo para gestionar el tiempo, es para gestionar la energía mental. Trabaja intensamente en una sola cosa durante 25 minutos y luego oblígate a descansar 5. Esto rompe la percepción de que la tarea es un esfuerzo infinito y entrena tu capacidad de enfoque.
- La Matriz de Eisenhower (Urgente/Importante): La procrastinación nos hace vivir en lo «Urgente pero No Importante» (Ej: correos irrelevantes). La productividad real vive en lo «Importante pero No Urgente» (Ej: planificar a largo plazo, aprender una habilidad). Esta matriz te ayuda a visualizar dónde debes poner tu energía.
La productividad no se trata de hacer más cosas, sino de hacer las cosas correctas. Y el antídoto más poderoso contra la procrastinación es, simplemente, empezar, aceptando que el primer intento no será perfecto.
Referencias Sugeridas
Al profundizar en este tema, es crucial citar fuentes que traten la procrastinación desde una perspectiva psicológica y de autorregulación.
- Pychyl, T. (2013). Solving the Procrastination Puzzle: A Concise Guide to Strategies for Change. (El Dr. Tim Pychyl es uno de los investigadores académicos más importantes en este campo).
- Sirois, F. (2016). Contribuciones y capítulos sobre la procrastinación, la salud y la regulación emocional, como en Procrastination, Health, and Well-Being.
- Clear, J. (2018). Atomic Habits: An Easy & Proven Way to Build Good Habits & Break Bad Ones. (Aunque es sobre hábitos, sus estrategias para reducir la fricción de inicio son fundamentales para combatir la procrastinación).
- Publicaciones de la American Psychological Association (APA) sobre «Procrastination» y «Self-Regulation».
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Ansiedad postvacacional: comprensión, mecanismos psicológicos y estrategias de afrontamiento basadas en la evidencia

Introducción
El regreso al trabajo o a la rutina tras un período de vacaciones puede generar una respuesta emocional disruptiva conocida popularmente como ansiedad postvacacional. Aunque no constituye un trastorno clínico reconocido en los manuales diagnósticos (DSM-5-TR o CIE-11), representa un fenómeno psicosocial ampliamente documentado, especialmente en sociedades con altas exigencias laborales y escasa integración del ocio en la vida cotidiana. Este artículo explora sus características, factores de riesgo, bases psicológicas y estrategias de intervención fundamentadas en la psicología clínica contemporánea, con especial énfasis en enfoques de tercera generación como la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC).
¿Qué es la ansiedad postvacacional?
La ansiedad postvacacional se define como un estado emocional de malestar, inquietud, irritabilidad o tristeza que surge al reanudar las responsabilidades laborales, académicas o domésticas tras un descanso prolongado (generalmente superior a tres días). A menudo se acompaña de síntomas físicos como fatiga, insomnio, cefaleas, palpitaciones o dificultad para concentrarse. Su intensidad varía desde una leve incomodidad transitoria hasta una interferencia significativa en el desempeño diario.
Es importante diferenciarla del burnout o del trastorno de ansiedad generalizada: mientras que la ansiedad postvacacional es circunstancial y auto-limitada (se resuelve en días o pocas semanas), los trastornos clínicos implican patrones persistentes y disfuncionales que trascienden el contexto postvacacional.
Factores de riesgo y vulnerabilidad
No todas las personas experimentan este fenómeno con la misma intensidad. Los siguientes factores incrementan la probabilidad de sufrirla:
- Insatisfacción laboral o académica: Quienes perciben su entorno de trabajo como tóxico, exigente o sin sentido son más propensos a desarrollar ansiedad al reingresar.
- Rigidez en la rutina: Las personas con alta necesidad de control o estructura pueden sentirse abrumadas por la transición abrupta entre el descanso y la exigencia.
- Vacaciones poco reparadoras: Si el período de descanso estuvo cargado de estrés (viajes caóticos, conflictos familiares, sobrecarga de actividades), no se logra la desconexión necesaria, y el regreso se vive como una doble carga.
- Falta de límites entre vida personal y laboral: En contextos de teletrabajo o hiperconectividad, la imposibilidad de desconectar durante las vacaciones agrava la sensación de invasión al “volver”.
- Estilos de afrontamiento evitativos: Aquellos que tienden a evitar emociones desagradables (por ejemplo, mediante distracción excesiva o rumiación) tienen mayor dificultad para procesar la transición.
Mecanismos psicológicos subyacentes
Desde una perspectiva cognitivo-conductual, la ansiedad postvacacional puede entenderse como resultado de:
- Distorsiones cognitivas: Pensamientos como “volveré a estar atrapado”, “ya no tendré tiempo para mí” o “todo se acumuló y no daré abasto” activan respuestas emocionales desproporcionadas.
- Condicionamiento operante: Si en el pasado el regreso al trabajo ha estado asociado a experiencias negativas (críticas, sobrecarga, conflictos), se genera una respuesta anticipatoria de ansiedad.
- Desregulación del sistema de recompensa: Las vacaciones activan circuitos dopaminérgicos vinculados al placer y la novedad. Al regresar a la rutina, se produce una caída en la actividad de estos circuitos, lo que puede generar disforia temporal.
Desde la perspectiva de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), el problema no radica en la ansiedad en sí, sino en la fusión cognitiva con pensamientos sobre el regreso y en la evitación experiencial —es decir, en el intento infructuoso de controlar o eliminar emociones incómodas. Este esfuerzo paradójico intensifica el malestar y aleja a la persona de sus valores (por ejemplo, el compromiso con el crecimiento profesional o la estabilidad familiar).
Estrategias de afrontamiento basadas en la evidencia
1. Transición gradual
Evitar el “corte seco” entre vacaciones y rutina. Idealmente, programar 1–2 días de amortiguación antes del regreso total: revisar correos brevemente, planificar la primera semana, reajustar horarios de sueño. Esta práctica reduce la sobrecarga cognitiva del primer día.
2. Reestructuración cognitiva (TCC)
Identificar y cuestionar pensamientos automáticos negativos:
- Pensamiento: “No voy a poder con todo.”
- Pregunta desafiante: ¿Qué evidencia tengo de que no podré? ¿He manejado cargas similares antes? ¿Qué recursos tengo disponibles?
Esta técnica ayuda a generar evaluaciones más realistas y flexibles.
3. Defusión cognitiva (ACT)
En lugar de creer literalmente en los pensamientos (“Volver al trabajo es una cárcel”), se aprende a observarlos como eventos mentales pasajeros: “Estoy teniendo el pensamiento de que volver al trabajo es una cárcel”. Esta distancia psicológica disminuye su impacto emocional.
4. Reconexión con los valores
Preguntarse: ¿Por qué hago lo que hago? ¿Qué aspectos de mi trabajo o estudio están alineados con mis valores (responsabilidad, creatividad, cuidado, aprendizaje)? Reconectar con el sentido reduce la percepción de la rutina como mera obligación.
5. Planificación de microplaceres
Incorporar pequeñas actividades placenteras en la rutina postvacacional: un café en silencio, una caminata al atardecer, una llamada a un amigo. Estas “islas de bienestar” contrarrestan la percepción de pérdida total de libertad.
6. Autocompasión
Reconocer que es humano sentirse incómodo ante los cambios. En lugar de juzgarse (“Debería estar feliz de volver”), se practica la autocompasión: “Está bien sentirme así. Es una transición difícil, y merezco tratarme con amabilidad”.
Prevención: repensar las vacaciones y la rutina
La ansiedad postvacacional no es solo un problema individual, sino un indicador sistémico. Revela una cultura que separa radicalmente el “tiempo productivo” del “tiempo de ocio”, como si fueran incompatibles. Algunas aproximaciones preventivas incluyen:
- Microvacaciones: Incorporar pausas regulares (incluso de un día) a lo largo del año, en lugar de acumular todo el descanso en verano.
- Desconexión digital real: Establecer límites claros durante las vacaciones para permitir una verdadera desconexión mental.
- Diseño de rutinas sostenibles: Integrar elementos de placer, creatividad y autonomía en la vida laboral diaria, no solo en los períodos de descanso.
Cuándo buscar ayuda profesional
Aunque la ansiedad postvacacional suele ser transitoria, se recomienda consultar a un psicólogo si:
- Los síntomas persisten más de 2–3 semanas.
- Interfieren significativamente con el trabajo, las relaciones o el autocuidado.
- Se acompañan de ideas de desesperanza, insomnio crónico o síntomas depresivos.
En estos casos, puede tratarse de un trastorno subyacente que requiere evaluación y tratamiento especializado.
Conclusión
La ansiedad postvacacional no es un signo de debilidad, sino una señal legítima de que algo en nuestra relación con el trabajo, el tiempo o nosotros mismos necesita atención. En lugar de patologizarla, podemos verla como una invitación a repensar cómo vivimos nuestra vida más allá de los calendarios laborales. Con herramientas psicológicas adecuadas y una cultura que valore el equilibrio, es posible transitar de las vacaciones a la rutina no con angustia, sino con intención y cuidado.
Referencias
- Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and Commitment Therapy: The Process and Practice of Mindful Change. Guilford Press.
- Beck, J. S. (2020). Cognitive Behavior Therapy: Basics and Beyond. Guilford Press.
- Sonnentag, S., & Fritz, C. (2015). Recovery from job stress: The stressor‐detachment model as an integrative framework. Journal of Organizational Behavior, 36(S1), S72–S103.
- Eurofound (2023). Annual vacation and well-being in Europe. Publications Office of the European Union.
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¿Fotografiar la vida nos hace olvidarla? Cómo la obsesión por registrar el recuerdo puede privarnos de vivirlo

En una era en la que el teléfono inteligente es una extensión casi inseparable de nuestra conciencia, capturar momentos —un atardecer, una cena con amigos, una obra de arte— se ha convertido en un acto casi ritual. “Hagamos una foto para el recuerdo” es una frase que escuchamos y pronunciamos con naturalidad. Pero, ¿y si esa foto, lejos de preservar la experiencia, en realidad la diluye?
Recientemente, investigadores de la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) publicaron un estudio en la revista Memory & Cognition que arroja luz sobre este fenómeno. Los resultados son desconcertantes y, a la vez, profundamente reveladores: las personas que toman fotografías durante una experiencia tienden a recordar menos detalles de lo que vivieron, incluso en comparación con aquellas que simplemente observaron los estímulos sin registrarlos. Este hallazgo invita a una reflexión urgente sobre la relación entre tecnología, atención plena y memoria autobiográfica.
El experimento: fotografía versus observación
El estudio, liderado por el equipo del Dr. Alixandra Barasch, replicó y amplió investigaciones previas sobre el “efecto cámara” (camera effect). En una serie de experimentos controlados, los participantes recorrieron museos y exposiciones. A algunos se les permitió tomar fotos de los objetos expuestos; a otros, solo observarlos. Posteriormente, se les evaluó su capacidad para recordar características específicas (color, forma, contexto, ubicación, significado).
Los resultados fueron consistentes: quienes fotografiaban los objetos mostraban un recuerdo significativamente más débil. No se trataba de una simple distracción momentánea; el acto mismo de enmarcar la imagen parecía reconfigurar la forma en que el cerebro procesaba la información. En lugar de codificar la experiencia en su riqueza sensorial y emocional, la mente se focalizaba en los aspectos técnicos de la captura: encuadre, luminosidad, enfoque.
Este fenómeno no es nuevo en psicología cognitiva. Desde hace décadas sabemos que la memoria no es una grabación pasiva, sino un proceso activo de selección, elaboración y significación. Lo que atendemos es lo que recordamos. Y la atención, como recurso limitado, se distribuye de forma competitiva.
La atención dividida: el precio de “capturar” la realidad
Tomar una foto implica una reasignación de recursos atencionales. Mientras el ojo se fija en la pantalla del móvil y los dedos ajustan el zoom, el cerebro deja de absorber otros canales sensoriales: el sonido ambiental, las texturas, los olores, las emociones corporales, los matices de la interacción social. En términos de la teoría de los sistemas de codificación múltiple (Paivio, 1986), estamos privilegiando una vía visual instrumental sobre redes más integradas de experiencia multisensorial.
Esto tiene consecuencias prácticas. Por ejemplo, en un concierto, el espectador que está ocupado grabando video pierde la vibración física del bajo, la conexión visual con el artista, la risa compartida con quien está a su lado. La memoria que construye es más pobre, más fragmentada, más dependiente del artefacto externo que de su propia vivencia.
Es más: la creencia de que “la foto lo guardará todo” genera una ilusión de memoria externa (Sparrow et al., 2011). Confiamos en que el dispositivo hará el trabajo por nosotros, lo que reduce el esfuerzo cognitivo de codificar la experiencia en nuestra memoria autobiográfica. En el fondo, delegamos nuestra capacidad de recordar, con todas las implicaciones que eso conlleva para la identidad personal.
Memoria autobiográfica y la construcción del self
Desde una perspectiva más profunda, la memoria no solo almacena hechos: teje la narrativa de quiénes somos. Cada recuerdo significativo —una conversación intensa, un paisaje que nos conmovió, un error del que aprendimos— contribuye a la coherencia de nuestro “self narrativo” (McAdams, 1993).
Cuando priorizamos la documentación sobre la inmersión, corremos el riesgo de construir una autobiografía basada en imágenes planas en lugar de experiencias densas. Y esto no es solo una pérdida estética: afecta nuestra capacidad de regulación emocional, de comprensión de patrones personales y de conexión con los demás.
Las psicologías de tercera generación —como la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)— enfatizan la presencia consciente como fundamento del bienestar psicológico. Vivir con plenitud implica estar aquí y ahora, no estar pensando en cómo se verá esto en Instagram o si capturamos el ángulo perfecto. El acto de fotografiar, cuando se vuelve compulsivo o evitativo, puede funcionar como una forma de evitación experiencial: una manera de mantenernos a distancia de la intensidad —positiva o negativa— del momento presente.
¿Significa esto que debemos dejar de tomar fotos?
No necesariamente. La fotografía, como herramienta, no es intrínsecamente dañina. Puede ser un medio de expresión, un recurso mnemotécnico útil o una forma de compartir afecto. El problema no reside en la tecnología, sino en la intención y la forma en que la usamos.
Investigaciones posteriores han mostrado que tomar fotos de forma intencional —por ejemplo, con el propósito de observar más detenidamente un objeto— puede, paradójicamente, mejorar el recuerdo (Barasch et al., 2017). La diferencia radica en la conciencia: ¿estoy fotografiando para capturar o para conectarme?
Algunas estrategias para un uso más equilibrado incluyen:
- Establecer “zonas sin pantallas”: durante comidas, conversaciones profundas o momentos de contemplación natural.
- Fotografiar después, no durante: tomar la foto una vez que ya hayas absorbido la experiencia con tus sentidos.
- Practicar la mirada consciente: antes de sacar el móvil, detente 30 segundos. Observa, respira, siente. Luego decide si la foto enriquece o interrumpe.
- Revisar las fotos con intención: no acumularlas, sino usarlas como puertas de entrada a la reevocación activa de recuerdos, no como sustitutos de ellos.
La paradoja de la memoria digital
Vivimos en la paradoja de tener más recuerdos almacenados que ninguna generación anterior —miles de fotos, videos, entradas de diario digital—, y, sin embargo, menos profundidad en la conexión con lo vivido. Nuestra memoria se externaliza, se fragmenta, se convierte en una colección de archivos sin contexto emocional.
Esto plantea una pregunta ética y existencial: ¿qué tipo de vida queremos recordar? ¿Una serie de instantáneas perfectas y estilizadas, o una narrativa rica, imperfecta y auténticamente sentida?
Como escribió el filósofo Walter Benjamin en La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica: “La cámara nos da una imagen de la realidad, pero no nos da la experiencia de ella”. Hoy, casi un siglo después, su advertencia resuena con urgencia renovada.
Conclusión: recordar con el cuerpo, no solo con el ojo
El estudio de la SUNY no es una llamada a la nostalgia tecnofóbica, sino una invitación a la conciencia crítica. En un mundo hiperconectado, la verdadera habilidad no es cuánto logramos documentar, sino cuánto logramos vivir.
Atesorar un recuerdo no se logra con un clic, sino con presencia. Con la mirada abierta, el cuerpo presente y la mente receptiva. Porque al final, los recuerdos que más nos sostienen no son los que están en la nube, sino los que están en nosotros: tejidos con atención, emoción y significado.
Así que la próxima vez que estés frente a un momento hermoso, considera: ¿quieres guardarlo para mostrarlo… o para sentirlo? Tal vez, en esa elección, resida la diferencia entre una vida documentada y una vida vivida.
Referencias:
- Barasch, A., Zauberman, G., & Diehl, K. (2017). How taking photos increases enjoyment of experiences. Journal of Personality and Social Psychology, 113(2), 1–18.
- Henkel, L. A. (2014). Point-and-shoot memories: The influence of taking photos on memory for a museum tour. Psychological Science, 25(2), 396–402.
- Sparrow, B., Liu, J., & Wegner, D. M. (2011). Google effects on memory: Cognitive consequences of having information at our fingertips. Science, 333(6043), 776–778.
- McAdams, D. P. (1993). The stories we live by: Personal myths and the making of the self. Guilford Press.
- Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2012). Acceptance and Commitment Therapy: The process and practice of mindful change (2nd ed.). Guilford Press.
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