Una creencia popular asegura que cuando tomamos un poco de alcohol se nos suelta la lengua, y especialmente cuando tenemos que hablar en otro idioma que no es el nuestro. Para averiguar cuanto de verdad hay en esta afirmación y lo que afecta en el desempeño verbal de un idioma, Fritz Renner, Inge Kersbergen y Matt Field han realizado un estudio en el que participaron personas que habían estudiado recientemente un idioma. La evaluación de la influencia se hizo mediante informes autocalificados por ellos mismos y evaluaciones de observadores.
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