La metacognición o el metaconocimiento es el conocimiento que poseemos sobre nuestro propio conocimiento, nuestra mente tiene la capacidad de volverse sobre sí misma y analizar nuestros propios pensamientos y nuestro conocimiento. Si estoy leyendo un texto, soy capaz de pensar sobre las emociones que emergen al leerlo, cuando no entendemos algo volvemos a leerlo o buscamos una palabra en el diccionario o cuando percibo que me está costando entender una explicación, estamos pensando a nivel metacognitivo: el conocimiento que tiene una persona sobre sus propios procesos y productos cognitivos, el pensamiento sobre el pensamiento.
El desarrollo metacognitivo es una de los aspectos más significativos de los procesos de pensamiento y más influyentes del aprendizaje.
Tenemos un conocimiento metacognitivo sobre lo que somos, hacemos, y pensamos y también tenemos un control metacognitivo: que se produce cuando planificamos, supervisamos y aplicamos estrategias a los resultados de los procesos mentales que ponemos en marcha, en función de los objetivos que nos hemos marcado.
Los buenos pensadores son los que gestionan mejores estrategias y planifican de forma más eficaz la resolución de problemas: qué estrategias utilizar y cuando tienen que aplicarlas.
En el plano de la educación, enseñar a los estudiantes mediante instrucciones hace que aprendan a utilizar la metacognición y esto mejora su aprendizaje. Un paso muy importante es la supervisión del propio rendimiento (revisar lo que se ha aprendido, qué estrategias se han usado, si son las mejores y si se han utilizado en el momento adecuado).
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